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Title: Engels a Nikolái Danielsón, Londres, 18 de junio de 1892
Description: Fragmentos de una carta de Engels a Danielsón. Rusia no podía seguir siendo un país puramente agrícola; el proteccionismo general responde al monopolio industrial inglés; los gobiernos solo ejecutan, en última instancia, las necesidades económicas, y la revolución industrial rusa era inevitable. Faltan los pasajes de la carta sobre la comuna agraria, que no están en ninguna edición libre.
Author: Friedrich Engels
Date: 1892-06-18
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1892-06-18%20Engels%20a%20Nikol%C3%A1i%20Daniels%C3%B3n
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*Carta de Friedrich Engels a Nikolái Frántsevich Danielsón, en San Petersburgo, escrita en Londres el 18 de junio de 1892. Escrita en inglés y firmada con el seudónimo P. W. Rosher. Traducida del texto inglés de* Selected Correspondence *(Moscú, Progress, 1975), pp. 420-421, y de* Marx and Engels on the Irish Question *(Moscú, Progress, 1971), p. 355, según la transcripción del Marxists Internet Archive, por la Escuela de marxismo, 2026. Esas ediciones solo dan tres fragmentos. El resto de la carta no está en ninguna edición libre y se omite, incluidos los pasajes sobre la comuna rural, que es la parte principal de la carta. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1892-06-18%20Engels%20to%20Nikolai%20Danielson)*

Londres, 18 de junio de 1892

[…][^1]

¿Habría podido Rusia, en el año 1890, existir y mantener su lugar en el mundo como país puramente agrícola, que viviera de exportar su trigo y comprara con él productos industriales extranjeros? Creo que a eso podemos responder con seguridad: *no*. Una nación de cien millones que desempeña un papel importante en la historia del mundo no podía, en las condiciones económicas e industriales de hoy, seguir en el estado en que estuvo Rusia hasta la guerra de Crimea. La introducción de las máquinas de vapor y de la maquinaria de trabajo, el intento de fabricar productos textiles y metálicos con medios de producción modernos, al menos para el consumo interior, *tenían* que hacerse tarde o temprano, pero en todo caso en *algún* momento entre 1856 y 1880. Si no se hubieran hecho, su industria doméstica patriarcal habría sido destruida de todos modos por la competencia de las máquinas inglesas, y el final habría sido… la India, un país sometido económicamente al gran Taller Central, Inglaterra. Y hasta la India ha reaccionado con aranceles protectores contra los artículos de algodón ingleses; y todas las demás colonias británicas, en cuanto obtuvieron el autogobierno, protegieron sus manufacturas contra la competencia aplastante de la metrópoli. Los escritores ingleses interesados no logran entender que su propio ejemplo de librecambio se rechace en todas partes y que, en respuesta, se levanten aranceles protectores. Por supuesto, no se *atreven* a ver que este sistema proteccionista, hoy casi universal, es un medio de defensa propia, más o menos inteligente y en algunos casos absolutamente estúpido, contra ese mismo librecambio inglés que llevó el monopolio manufacturero inglés a su apogeo. (Estúpido, por ejemplo, en el caso de Alemania, que se había convertido en un gran país industrial con el librecambio y donde la protección se extiende a los productos agrícolas y a las materias primas, con lo que encarece la producción industrial.) No considero esta vuelta universal al proteccionismo un mero accidente, sino una reacción contra el insoportable monopolio industrial de Inglaterra. La *forma* de esta reacción puede ser, como he dicho, insuficiente y hasta peor, pero la necesidad histórica de tal reacción me parece clara y evidente.

Todos los gobiernos, por absolutos que sean, no son *en última instancia*[^2] más que los ejecutores de las necesidades económicas de la situación nacional. Pueden hacerlo de diversas maneras, bien, mal o regular; pueden acelerar o retrasar el desarrollo económico y sus consecuencias políticas y jurídicas, pero a la larga tienen que seguirlo. Si los medios con que se ha llevado a cabo la revolución industrial en Rusia han sido los mejores para ese fin es una cuestión aparte, que nos llevaría demasiado lejos discutir. Para mi propósito basta con probar que esta revolución industrial, en sí misma, era inevitable.

[…][^3]

Todo lo necesario para mantener apenas con vida a los jornaleros agrícolas durante el invierno lo ganan a menudo las mujeres y los niños trabajando en alguna nueva rama de la industria doméstica (véase *El capital*, libro I, capítulo XV, apartado 8, d).[^4] Así ocurre en el sur y el oeste de Inglaterra y entre los pequeños campesinos de Irlanda y de Alemania. Las consecuencias devastadoras de la separación de la agricultura respecto de la industria doméstica de tipo patriarcal se notan sobre todo en el periodo de transición, y eso es lo que está ocurriendo ahora mismo en su país.

[…]

[^1]: Faltan el comienzo de la carta y la primera parte de la argumentación, que no recoge ninguna edición libre del texto inglés. En ella Engels decía que el hambre de 1891 no era un hecho aislado, sino la consecuencia necesaria del paso de la comunidad agraria y de la industria doméstica patriarcal a la industria moderna, que acabaría poniendo en peligro la existencia de la comuna rural [óbschina], y comparaba el crecimiento artificial de la gran industria rusa con el de Francia, Alemania y los Estados Unidos.
[^2]: En francés en el original: «*en dernier lieu*».
[^3]: Falta aquí la parte central de la carta, que tampoco está en ninguna edición libre: las consecuencias naturales de la revolución industrial (agotamiento del suelo, deforestación, cambios del clima), la frase en francés según la cual «la gran industria en Rusia matará a la comuna agrícola» si no se producen otros grandes cambios, la pregunta de si habrá tiempo para injertar en la comuna la industria y la agricultura modernas y transformarla en instrumento de la producción socializada, y, sobre el libro de Kablukov, el comienzo del pasaje sobre el jornalero agrícola sin tierra (el primero de los dos medios con que se resuelve el problema en Europa occidental). El fragmento siguiente es el segundo de esos medios.
[^4]: La referencia de este fragmento sigue la numeración de las ediciones inglesas de *El capital* (capítulo XV). Es probable que la haya puesto así la edición de Moscú, porque la alemana (MEW 38, p. 368) lee aquí «Kapital Bd. I, Kap. 13, 8, d», según las ediciones alemanas, que es como Engels cita *El capital* en las demás cartas a Danielsón. Además, en la edición alemana el fragmento empieza con un «2.».
