---
Title: Engels a Nikolái Danielsón, Londres, 22 de septiembre de 1892
Description: Engels sostiene ante Danielsón que, desde que Rusia introdujo los ferrocarriles, la gran industria moderna era inevitable y solo podía tomar la forma capitalista, con todas sus consecuencias: destrucción de la industria doméstica campesina y del mercado interior que ella misma crea, y una revolución agraria que arruinará al terrateniente y al mujik en provecho de una nueva clase de grandes propietarios salida de los kulaks y de los especuladores burgueses.
Author: Friedrich Engels
Date: 1892-09-22
URL: https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/1892-09-22%20Engels%20a%20Nikol%C3%A1i%20Daniels%C3%B3n
---


*Carta de Friedrich Engels a Nikolái Frántsevich Danielsón, en San Petersburgo, escrita en Londres el 22 de septiembre de 1892. Escrita en inglés. Traducida del texto inglés de* Marx and Engels Correspondence*, ed. y trad. de Dona Torr (Londres, 1934), que tomó las cartas a Danielsón de fotocopias de los originales, según la transcripción del Marxists Internet Archive, cotejada con la reimpresión de 1943 de esa edición, por la Escuela de marxismo, 2026. Torr omite el encabezamiento y la firma; por lo demás, la carta está completa. Las notas son nuestras. [Texto original en inglés](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/cartas/originales/1892-09-22%20Engels%20to%20Nikolai%20Danielson)*

Londres, 22 de septiembre de 1892

Así pues, hasta aquí estamos de acuerdo en un punto: que Rusia no podría existir en 1892 como país puramente agrícola y que su población agrícola tiene que completarse con producción industrial.

Pues bien, yo sostengo que la producción industrial significa hoy *gran industria*:[^1] vapor, electricidad, hiladoras automáticas, telares mecánicos y, por último, máquinas que producen máquinas. Desde el día en que Rusia introdujo los ferrocarriles, la introducción de estos medios de producción modernos era cosa decidida. Tienen ustedes que poder reparar sus propias locomotoras, sus vagones, sus vías, y eso solo puede hacerse con poco coste si son capaces de construir en el país las cosas que piensan reparar. Desde el momento en que la guerra se convirtió en una rama de la gran industria (acorazados, artillería rayada, cañones de tiro rápido y de repetición, fusiles de repetición, balas con camisa de acero, pólvora sin humo, etc.), la gran industria, sin la cual no pueden fabricarse todas esas cosas, se convirtió en una necesidad política. Todas esas cosas no se pueden tener sin una industria metalúrgica muy desarrollada. Y esa industria no se puede tener sin un desarrollo correspondiente de todas las demás ramas de la manufactura, sobre todo de la textil.

Estoy completamente de acuerdo con usted en situar el comienzo de la nueva era industrial de su país hacia 1861. Fue la lucha sin esperanza de una nación con formas primitivas de producción contra naciones con producción moderna lo que caracterizó la guerra americana.[^2] El pueblo ruso lo comprendió perfectamente, y de ahí su paso a las formas modernas, un paso que la ley de emancipación de 1861 hizo irrevocable.[^3]

Una vez admitida esta necesidad del paso de los métodos primitivos de producción que dominaban en 1854 a los métodos modernos que empiezan a dominar ahora, pasa a ser una cuestión secundaria si el procedimiento de invernadero, que fomentó la revolución industrial con aranceles protectores y prohibitivos, fue ventajoso, o incluso necesario, o no.

Esta atmósfera de invernadero industrial vuelve agudo el proceso, que de otro modo habría podido conservar una forma más crónica. Comprime en veinte años un desarrollo que de otro modo habría podido llevar sesenta o más. Pero no afecta a la naturaleza del proceso mismo, que, como usted dice, data de 1861.

Una cosa es segura: si Rusia necesitaba de verdad una gran industria propia, y estaba decidida a tenerla, no podía tenerla en absoluto sin cierto grado de protección, y eso usted lo admite. Desde este punto de vista, pues, la cuestión de la protección es solo de *grado*, no de principio; el principio era inevitable.

Otra cosa es segura: si después de la guerra de Crimea Rusia necesitaba una gran industria propia, solo podía tenerla en una forma: la *forma capitalista*. Y con esa forma estaba obligada a cargar con todas las consecuencias que acompañan a la gran industria capitalista en todos los demás países.

Ahora bien, yo no veo que los resultados de la revolución industrial que se está produciendo en Rusia ante nuestros ojos sean en nada distintos de lo que son o han sido en Inglaterra, en Alemania, en América. En América las condiciones de la agricultura y de la propiedad de la tierra son distintas, y eso *sí* supone alguna diferencia.

Se queja usted del lento aumento de los brazos empleados en la industria textil en comparación con el aumento de la cantidad de producto. Lo mismo ocurre en todas partes. Si no, ¿de dónde nuestra «reserva industrial» sobrante? (*El capital*, cap. 23, apartados 3 y 4.)[^4]

Demuestra usted la sustitución gradual del trabajo de los hombres por el de las mujeres y los niños: *El capital*, cap. 13 (apartado 3a).

Se queja usted de que las mercancías hechas a máquina desplazan a los productos de la industria doméstica y destruyen así una producción complementaria sin la cual el campesino no puede vivir. Pero aquí tenemos una consecuencia absolutamente necesaria de la gran industria capitalista: la creación del mercado interior (*El capital*, cap. 24, apartado 5), que se ha producido en Alemania en mi vida y ante mis ojos. Incluso lo que usted dice, que la introducción de los artículos de algodón destruye no solo el hilado y el tejido domésticos de los campesinos, sino también su *cultivo de lino*, se ha visto en Alemania de 1820 a hoy. Y en lo que toca a este lado de la cuestión, la destrucción de la industria doméstica y de las ramas de la agricultura que le sirven, la verdadera cuestión para ustedes me parece esta: los rusos tenían que decidir si era *su propia* gran industria la que iba a destruir su manufactura doméstica o si lo iba a hacer *la importación de mercancías inglesas*. *Con* protección lo hicieron *los rusos*; *sin* protección, *los ingleses*. Eso me parece perfectamente evidente.

Su cálculo de que la suma de los productos textiles de la gran industria y de la industria doméstica no aumenta, sino que sigue igual y hasta disminuye, no solo es del todo correcto, sino que no lo sería si llegara a otro resultado. Mientras la manufactura rusa esté limitada al mercado interior, su producto solo puede cubrir el consumo interior. Y este solo puede aumentar lentamente y, según me parece, en las condiciones rusas de ahora debería incluso disminuir.

Porque una de las consecuencias necesarias de la gran industria es que *destruye* su propio mercado interior por el mismo proceso con que lo *crea*. Lo crea destruyendo la base de la industria doméstica de los campesinos. Pero sin industria doméstica los campesinos no pueden vivir. Se arruinan *como campesinos*; su poder de compra se reduce al mínimo, y hasta que, *como proletarios*, se hayan acomodado a sus nuevas condiciones de existencia, serán un mercado muy pobre para las fábricas recién surgidas.

La producción capitalista, como fase económica transitoria que es, está llena de contradicciones internas que se desarrollan y se hacen evidentes a medida que ella se desarrolla. Esta tendencia a destruir su propio mercado al mismo tiempo que lo crea es una de ellas. Otra es la situación sin salida a que conduce, y que se produce antes en un país *sin* mercado exterior, como Rusia, que en los países más o menos capaces de competir en el mercado mundial abierto. Esta situación, en apariencia sin salida, encuentra su salida, para estos últimos países, en las convulsiones comerciales, en la apertura por la fuerza de nuevos mercados. Pero aun así el *callejón sin salida* está a la vista. Mire usted a Inglaterra. El último mercado nuevo que podría traer una reanimación pasajera de la prosperidad al abrirse al comercio inglés es China. Por eso el capital inglés se empeña en construir los ferrocarriles chinos. Pero los ferrocarriles chinos significan la destrucción de toda la base de la pequeña agricultura y de la industria doméstica chinas, y como ni siquiera habrá el contrapeso de una gran industria china, cientos de millones de personas se verán en la imposibilidad de vivir. La consecuencia será una emigración en masa como el mundo no ha visto todavía, una inundación de América, Asia y Europa por el odiado chino, una competencia por el trabajo con el obrero americano, australiano y europeo sobre la base del nivel de vida chino, el más bajo de todos. Y si para entonces no se ha cambiado el sistema de producción en Europa, habrá que cambiarlo entonces.

La producción capitalista trabaja en su propia ruina, y puede usted estar seguro de que lo hará también en Rusia. Puede producir, y si dura lo bastante sin duda producirá, una revolución agraria fundamental, quiero decir una revolución en la situación de la propiedad de la tierra, que arruinará a la vez al *poméschik* y al *mujik*[^5] y los sustituirá por una nueva clase de grandes propietarios de tierras salida de los *kulaks* de las aldeas y de los especuladores burgueses de las ciudades. En todo caso, estoy seguro de que la gente conservadora que ha introducido el capitalismo en Rusia se quedará un día terriblemente asombrada de las consecuencias de sus propios actos.

[…]

[^1]: Engels usa en esta carta el término francés *grande industrie* para la industria moderna basada en la maquinaria. Lo traducimos siempre por «gran industria».
[^2]: Así en el texto inglés de Torr («*the American War*»). La edición alemana, hecha sobre el manuscrito (MEW 38, p. 467), lee «Krimkrieg», la guerra de Crimea (1853-1856), y lo mismo dicen el párrafo siguiente («1854») y las cartas de Engels a Danielsón del 18 de junio de 1892 y del 17 de octubre de 1893, para las que el punto de partida es la derrota rusa en Crimea. Es probable que «American» sea un error de lectura de Torr, pero no lo podemos comprobar en el manuscrito.
[^3]: La ley de emancipación de los siervos del 19 de febrero (3 de marzo) de 1861.
[^4]: Engels cita *El capital*, libro I, por la numeración de las ediciones alemanas. El capítulo 23 es «La ley general de la acumulación capitalista»; el 13, «Maquinaria y gran industria»; el 24, «La llamada acumulación originaria». La «reserva industrial» es el ejército industrial de reserva.
[^5]: *Poméschik*, el terrateniente noble; *mujik*, el campesino. Engels escribe estas palabras rusas y la de *kulaks* en transcripción latina.
