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Title: Más sobre la convivencia pacífica
Description: El viaje de Khrutchef a Francia y la «convivencia pacífica» como pacto de paz social entre los dos bloques imperialistas contra la revolución proletaria.
Author: Alarma
Date: 01/05/1960
Category: Alarma n.º 6
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1960-05-mas-sobre-la-convivencia-pacifica
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*Alarma*, n.º 6, Mayo 1960 (págs. 1-4). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1960%20Alarma%2006.pdf)

El viaje de Khrutchef a Francia podría revelarse con el tiempo mucho mas cargado de consecuencias que su gira por los Estados Unidos. En ambos países, Khrutchef fué acogido calurosamente, cuando no con entusiasmo, por la alta burguesía monopolista, aquella misma que por otra parte es presentada al hombre de base como "el enemigo". Esos desplazamientos no tienen otra intención que la de entenderse con los altos capitalistas en el doble aspecto económico y político. En el primer aspecto, los hombres de negocios americanos y franceses no tienen sino motivos de regocijo. Su intercambio de mercancías con Rusia y países satélites aumentará considerablemente en el inmediato futuro, con el consiguiente incremento de beneficios. En el aspecto político, en cambio, el designio del dictador ruso es en Francia muy diferente del que le llevó a Estados unidos. Aquí trataba con el rival número uno, con el cual aspira a repartirse el mundo en zonas de influencia económica y política mutuamente reconocidas e indisputadas, que constituiría la base de lo que Khrutchef llama "convivencia pacífica"; en Francia, trata con una potencia de mediana categoría, por mas que oficialmente pertenezca al círculo de los "grandes", que por añadidura se encuentra a pocas marchas militares de las bases rusas de Europa central y oriental. En la brutal crudeza que guía todas las negociaciones de potencia a potencia, manejada por los gobernantes rusos con sinigual descaro, esa relación de "grande" a mediano debe transformarse, en la cabeza de Khrutchef, en relación de
grande a pequeño, por no decir de señor a palafrenero. Si bien en las relaciones protocolarias y discursos oficiales, la camelística campechanería de Khrutchef ha sido idéntica a la de otras ocasiones, como idéntica su insistencia en la conservación del statu quo, la convivencia pacífica y la sublevante demagogia sobre el desarme, tras todo ello se descubre, mas allá de la primaria intención de amansar al gobierno francés antes de la futura reunión de "los cuatro grandes", la de halagar el nacionalismo de los círculos burgueses mas reaccionarios. Humillada por su actual estatus dentro del Pacto del Atlántico, presa de contradicciones y debilidades internas que acusan un alto grado de descomposición, Francia es hoy el mas propicio de los terrenos para una maniobra diplomática de gran envergadura estratégica: su utilización como factor de disloque del Pacto del Atlántico, mínima aspiración rusa, y como desideratum su incorporación —con los honores debidos— a la órbita del Bloque oriental. Por imposible que esta última maquinación parezca, los celos nacionales de Francia la llevan, por el momento, a un juego de amenazas y regateos con su jefe de fila susceptible de transformarse, en una coyuntura internacional propicia, en completo vuelco del otro lado. Aunque éste podría tomar oficialmente el aspecto de una posición "neutral", cual fué el caso de Yugoslavia, el hecho sería idéntico de naturaleza, pero mas importante y de signo contrario.

Concorde con esa perspectiva del Kremlin, el partido stalinista francés hace una oposición moderada, de pura forma en cuanto no concierne a la política internacional. Da pábulo a las aspiraciones de grandeza de los altos círculos capitalistas y gobernantes incitándoles a alzarse contra el Pacto del Atlántico, y ofreciéndose él mismo como el mas alto exponente de la "grande France éternelle". La movilización de la clase obrera, en la medida en que todavía está en condiciones de hacerla el stalinismo, lleva esa finalidad pro-rusa y en el fondo para-militar, cualesquiera sean las consignas-cebo.

Como revolucionarios, el paso de cualquier país de un bloque a otro, no nos interesa sino por las repercusiones directas o indirectas que el hecho pueda tener en la conciencia del proletariado mundial y en su lucha práctica por la revolución. Dejémos bién sentado que Tito rompiendo con Moscú y tendiendo a Washington mano pedigüeña, mañana Francia, Turquía un tercero dando la voltereta contraria, cambian de campo relativamente a los bloques imperialistas, pero siguen en el mismo vistos desde el ángulo revolucionario del proletariado mundial. Para éste, los dos bloques mundiales y sus respectivos jefes, Rusia y Estados Unidos, son un solo enemigo a abatir. Toda división en bloques es contrarrevolucionaria; la única frontera que puede reconocer el proletariado es la que separa a los explotados de los explotadores, y la única lucha legítima la de aquellos contra éstos. Si éstos se contraponen entre sí, en la guerra fría o en la atómica, no es por ideas, sino por la absorción de la plusvalía mundial extraída hoy y a extraer en el futuro a los trabajadores.
Solamente sobre esa base pueden enjuiciarse desde un punto de vista revolucionario las maniobras y propósitos de unos y otros, en particular la cháchara de Khrutchef sobre convivencia pacífica, y competencia económica entre "los dos sistemas". *Alarma* ha señalado mas de una vez que la fórmula de convivencia pacífica tiene, tanto para los gobernantes rusos como para los americanos, un valor social que sobrepuja con mucho al de su aplicación en las relaciones internacionales. Las potencias capitalistas conviven siempre entre sí mientras no están en guerra, y la guerra misma no es sino otra forma de convivir, no por recurrente contradictoria con la primera. "Si la paz es la competencia por la venta de mercancías, el control de las fuentes de materias primas y la colocación de capitales en el exterior, en suma, por la apropiación de la plusvalía arrancada a los trabajadores en diversas partes del mundo, la guerra es la forma en que el vencedor se impone a su colega capitalista vencido, como primer apropiador de la plusvalía mundial. Rusia misma no ha alcanzado el rango de primer potencia, ni está en condiciones de hablar el lenguaje de Khrutchef, sino porque la guerra imperialista hizo de ella uno de los principales centros de concentración de la explotación mundial, que hoy sólo cede en importancia a Estados Unidos. El alcance que en las relaciones internacionales tiene para ella la fórmula de convivencia pacífica es el de un período de lucha mercantil por la plusvalía, que pronto o tarde ha de desembocar en lucha militar. La necesidad para ella de ese período, que Estados Unidos no está en condiciones de rehusarle, se explica en gran parte por la deficiencia de su actual control sobre sus inmensos dominios. Pero mas allá de ese hecho incontestable, otro cálculo no menos importante inspira la demagogia de Khrutchef. El capitalismo ruso, monopolio estatal exclusivo, cree sacar ventaja para la futura guerra de un período de concurrencia pacífica, no porque su técnica y nivel cultural medios superen los del rival, sino porque, a costa del proletariado cuyo salario y consumo él dicta a capricho, los procedimientos de "dumping"[^1] le permiten vender mas barato, comprar mas caro y exportar capitales con menor rédito que los demas colegas convivientes. Su influencia y agarre mas allá de los países del bloque oriental le daría indudablemente fuerza bastante para confiar en una victoria militar posterior.

Por importante que ese aspecto de la convivencia pacífica sea para los explotadores rusos y estadunidenses, el aspecto social es con mucho el decisivo, y el que debe concentrar la atención de los revolucionarios y del proletariado mundial. Khrutchef mismo lo ha repetido a saciedad: Rusia no necesita para nada la revolución proletaria, segura de vencer por

[^1]: Venta de mercancías a otros países a precio inferior al de coste, lo que no puede hacerse sino comprimiendo el consumo obrero.
otros medios. En realidad la Rusia actual, donde ser revolucionario es condenarse al hambre o a la muerte, siente un pánico cerval ante la revolución proletaria, y no puede vencer sino como fuerza contrarrevolucionaria mas eficaz que la particular del viejo imperialismo occidental. Lo que Moscú ofrece es, ante todo, la paz social: "yo no incitaré a la revolución y la combatiré donde surja, pero vosotros debeis garantizarme que en mis territorios no apoyareis ninguna actividad contra mi". Se trata, en primer término, de mantener esclavizado y politicamente inmovil al proletariado occidental y oriental por igual, para consentir a sus respectivos explotadores la competencia pacífica introductora de la futura guerra. La convivencia pacífica es pues la fórmula mas netamente contrapuesta al principio: clase contra clase, explotados contra explotadores, socialismo contra capitalismo, revolución contra reacción. El gobierno ruso, tan odiado en su territorio como el de Franco en España, no podía dejar de ofrecer a los viejos países capitalistas esa garantía contra la sublevación del proletariado. La exigen imperiosamente su superchería de capitalismo de Estado ataviado propagandísticamente de comunismo, el peligro de sublevación de su propio proletariado y los cálculos para la futura guerra imperialista.

Mas los gobernantes americanos tienen sobradas pruebas de la naturaleza contrarrevolucionaria del gobierno de Moscú. Saben bién que en ningun caso, ni por demagogia, sería capaz de incitar a la revolución proletaria, y que como él mismo, como cualquier viejo gobierno nacional —ejemplos a voleo durante la pasada guerra— el gobierno ruso preferiría su derrota a manos del "enemigo nacional" antes que la sublevación anti-capitalista de su propio proletariado. La revolución proletaria en Estados Unidos acarrearía la caída instantanea de la contrarrevolución en Rusia; Moscú no puede auspiciarla. Lo inverso siendo igualmente cierto, el principal problema que se plantea a Estados Unidos es si la "convivencia pacífica" le consiente o no a él mayores probabilidades de victoria en la guerra que la sucedería. Si no fuese por las incertibumbres que sobre la victoria dejan cernir las armas atómicas, la guerra nos amenazaría inmediatamente, caso de no estar ya desencadenada. El desarrollo terrífico de la tecnica militar redunda venturosamente en favor de una reacción del proletariado mundial frente a los dos jefes de fila del capitalismo.

En paz o en guerra, Estados Unidos y Rusia representan la contrarrevolución capitalista. Cualquiera de los dos que triunfare en una guerra futura, las consecuencias para la humanidad sería igualmente fatales. Sin distinción de bloques, el proletariado de todos los países debe alzarse contra la guerra igual que contra la paz inter-capitalista. Hay que romper la "convivencia pacífica" o la guerra entre la canalla mundial por medio de la organización revolucionaria del proletariado. De Moscú a Washington, una sola lucha: la del proletariado contra sus respectivos gobernantes y explotadores.

Lenin no pretendió nunca, cual dice el falsificador Khrutchef, que el socialismo pudiese convivir con el capitalismo, ni imponerse a él por evolución o por la guerra. El socialismo solo puede ser obra de la sublevación de cada proletariado contra su respectivo capitalismo, suprimiendo fronteras, ejércitos, policías. Y la primer condición es un partido revolucionario mundial del que aspiramos a formar parte.

ALARMA
