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Title: La rumba de Fidel Castro
Description: El régimen castrista como dictadura militar entre los dos bloques imperialistas, no como revolución social.
Author: G. Munis
Date: 01/10/1960
Category: Alarma n.º 7
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1960-10-la-rumba-de-fidel-castro
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*Alarma*, n.º 7, Octubre 1960 (págs. 15-17). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1960%20Alarma%2007.pdf)

"Somos árbitros de la paz del mundo" —han dicho reiteradamente y con satisfacción ominosa el primer líder cubano actual y varios de sus segundones. No habla un gobernante ruso ni un estadunidense, en cuya boca tales palabras serian mas lógicas, si bién igualmente abyectas. No, esas palabras vienen de los gobernantes recién estrenados de una pequeña isla que apenas puede ser considerada una nación, y cuya riqueza total es en realidad desdeñable tanto para Estados Unidos como para Rusia. Y sinembargo, sí, Fidel Castro, reventando de contento por su importancia, es árbitro de la paz del mundo. Un sólo gesto suyo y decenas, centenares de millones de personas serán destrozadas o desintegradas por las armas nucleares.... si en el último instante Khrutchef no deja a su Fidel en la estacada.

Nada mejor que esas palabras para poner de relieve la repulsiva situación del mundo y los móviles de quienes pueden pronunciarlas, háganlo o no. Fidel castro está muy lejos de tener esa exclusiva. Por decenas se cuentan quienes pueden gloriarse de lo mismo en Asia, Africa y en la propia Europa. ¿Por virtud de qué todos esos personajes de ocasión adquieren tan amenazadora importancia? No ciertamente por necesidad de las masas explotadas, del pueblo que ellos gobiernan, sino por las exigencias de guerra de los dos grandes rivales. El mundo vió la revolución rusa de 1917. No sirvió de acicate a la guerra en curso, sino que precipitó su fin, dando origen a un ímpetu mundial de revolución social. Ha visto también, en 1936-1937, el período mas álgido de la revolución española. Lejos de desencadenar la segunda guerra mundial que estaba a punto de estallar, o siquiera de caldear su ambiente preparatorio, la aplazó, y todas las futuras potencias contendientes contribuyeron a aplastar la revolución, la primera Rusia, ya hecha capitalismo de Estado por Stalin y los suyos.

Si los barbudos de Fidel Castro arrastrasen una revolución, cual se desgañitan en decir, Moscú y Washington habrían coincidido contra ellos de la misma manera que coincidieron, en 1936, contra los revolucionarios españoles. Donde dos imperialismos riñen por una presa, es que el proletariado está inmóvil o aniquilado. Hace muchos años que las cosas están perfectamente definidas en el mundo, y es fácil saber a qué atenerse. Solicitar u obtener espontáneamente la ayuda de la Rusia actual, es un signo tan netamente anti-revolucionario como el de la protección de Washington.

Lo mismo puede decirse de la bullanguera propaganda "popular" o "marxista" jerga moscovita. Su adopción es prueba suficiente de ideas e intenciones no revolucionarias. Esa fraseología es la que ha servido al stalinismo para aniquilar la revolución proletaria en Rusia y domdequiera ha tenido posibilidades de triunfar, así como para extender su imperio como capitalismo de Estado a gran número de países. Haciéndole eco, los dirigentes cubanos declaran: "La democracia repre-
sentativa está superada". Y definen su régimen, claro está, como "democracia popular", con gran júbilo de Moscú y no mas susto de Washington que el de la aprensión de ver a Cuba convertida en un sólo Guantánamo ruso tan vecino a Cabo Cañaveral. El régimen de los barbudos no le ofende de por sí, mal que pierdan algunas compañías, pues la hostilidad de fondo entre el departamento de Estado y Castro no es política ni económica; *es militar*. Y por ahí, lo mismo que empezó, podría acabar.

Pero volvamos al carácter del régimen. Sabido es que también Franco gusta repetir que la democracia representativa está superada, adaptando a sus particulares intereses una falsificación que Stalin y Hitler pusieron en circulación casi simultáneamente. Lo que está superado es la sociedad capitalista en general, cualesquiera sean sus modalidades políticas y económicas. Mas la revolución social o democracia obrera ha de caracterizarse por un sistema democrático representativo infinitamente mas verdadero que el parlamentarismo liberal. Y esa democracia superior no puede organizarse sino a partir del momento en que la economía, el poder *y las armas* estén en manos de los trabajadores. Nada de eso han hecho, ni lo consienten, Fidel Castro y los suyos. La economía va al Estado, afianzándose como economía capitalista cuyos beneficios pasan a disposición de los nuevos gobernantes, el poder se lo han apropiado estos mismos, sin participación alguna de las masas, y las armas, nunca poseídas por los trabajadores, empiezan ya a servir contra ellos. Lejos de superar la democracia parlamentaria, el nuevo régimen es una recaída en la dictadura militar, y por consecuencia también policíaca. Para ocultar ese hecho recurre a la ya vieja mentira de la "democracia popular". El marxismo es absolutamente incompatible con semejante charlatanería, tan reaccionaria como cualquier otra. Los trabajadores cubanos la experimentarán en sus costillas y pronto no sabrán distinguirla de la de Batista.

Es igualmente un disparate hablar de revolución burguesa en Cuba, donde todo lo esencial de la sociedad capitalista está ya dado. Además, la revolución burguesa no tiene, en la hora actual, posibilidad de realizarse en ninguna parte del mundo. La única manera de marchar hacia adelante es la revolución social, aun en zonas mucho mas atrasadas que Cuba. Sin ese paso, una sacudida social desemboca por fuerza en uno de los dos polos de la reacción capitalista mundial: el ruso o el americano. Lo estamos viendo no sólo en Cuba, sino constantemente en diversos países del mundo. Castro y los suyos prolongan la opresión de las masas y les preparan nuevos sufrimientos. El anti-imperialismo se revela falso y en bancarrota en todas partes, porque para ser efectivo ha de ser una de las medidas de la revolución proletaria.

La aversión al imperialismo yankee y a quién lo representaba en Cuba, Batista, concedía a Castro y los suyos un crédito de confianza pletórico de posibilidades efectivamente revolucionarias. Se hubieran po-
dido realizar grandes cosas en todas las Antillas, en México, América Central y del sur; incluso se hubiera podido suscitar una gran movimiento revolucionario en el proletariado estadunidense. Pero era necesario que los oprimidos ejerciesen realmente el poder y gestionasen la economía, única manera de merecer el apoyo del proletariado mundial. Incapaz de orientarse en tal sentido, ciego para las necesidades históricas mas urgentes, Fidel Castro ha preferido la amistad de la contrarrevolución rusa. Aun podrá engañar a incautos, sobretodo fuera de Cuba, pero necesariamente desengañará. Carente de principios revolucionarios, se limita a bailar, entre dólares y rublos su rumba de nuevo rico satisfecho. Donde quiera que al fin recale, quedará como un capitán de fortuna izado a la fama por la rivalidad de los dos primeros imperialismos. Aventurero con suerte incapaz de elevarse al cometido que espontáneamente le ofrecía la historia, se revelará, y sin tardar mucho, Mobutu o Kadar.

G. Munis
