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Title: Cuba y la mentira permanente
Description: El régimen de Castro organiza un capitalismo de Estado bajo tutela rusa, que la IV Internacional presenta como revolución permanente.
Author: A. Treves
Date: 01/03/1962
Category: Alarma n.º 9
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1962-03-cuba-y-la-mentira-permanente
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*Alarma*, n.º 9, marzo de 1962 (págs. 14-15). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1962%20Alarma%2009.pdf)

La degradación progresiva de la situación en Cuba, y la tendencia cada vez mas acentuada del régimen a la implantación y la organización de un capitalismo de Estado ilustran con una luz trágica las enormes dificultades que tiene que salvar la clase trabajadora para hacer la revolución socialista "contra los dos bloques". El movimiento cubano en el cual en un momento dado las masas desempeñaron un papel importante, es ahora un instrumento mas en manos de los técnicos de la política internacional que dirigen y regulan los movimientos mediante los cuales se afrontan los dos bloques imperialistas. La burocracia capitalista-estatal, con el partido stalinista como mentor principal, tiene fuertemente las riendas del poder, y las masas en tanto que movimiento espontáneo e instintivamente socialista han sido puestas, desde hace tiempo, fuera de acción. "Nuestra patria a tomado el camino luminoso hacia el socialismo", declaró un ministro cubano cuando Castro, huyendo ante el ogro del imperialismo americano fué a buscar seguridad y protección en los brazos del imperialismo ruso (véase *Le Monde* 5-9-61). El camino hacia el socialismo sigue siendo evidentemente para la nueva burocracia y la nueva política que gobierna a Cuba, la expropiación de la propiedad privada por el Estado capitalista, la represión de toda libre iniciativa revolucionaria de las masas, y la explotación cada vez mas inícua de estas últimas, privadas ya hasta del pan y las judías cotidianos en aras de la producción industrial para hacer la grandeza de la "patria socialista". El nuevo racionamiento en la alimentación decretado por Castro muestra por una parte hasta que punto la clase dominante en Cuba ha sabido aprovechar las lecciones del stalinismo: el consumo del pueblo íntegramente sacrificado a la producción bélica e industrial, y por otra parte cuán generosa es la ayuda económica rusa a su nuevo vasallo, y lo que le importa el hambre y la penuria del pueblo cubano. Le importan tanto, en realidad, como a los nuevos dueños de Cuba. 150 gramos de carne por semana a cada trabajador, pero, como contrapeso, un verdadero ejército de corte clásico que se organiza y afianza. "Ya no somos unos guerrilleros —ha declarado en alguna ocasión Fidel Castro— sino un ejército con divisiones, cuerpos de ejército y ejércitos". ¿Para qué servirá este gran instrumento de tipo clásico y regular organizado a despecho del hambre del pueblo? ¿Para qué podrá servir sino para "conservar el orden" en Cuba, el orden que exige de los trabajadores que trabajen y no coman, que se preocupen de la "patria" y dejen de pensar en sí? Porque pensar que la fuerza policíaca y militar relativamente enorme que está montando el régimen cubano pueda servir para repeler una eventual invasión de parte de los Estados Unidos es cosa que provoca a risa. La realidad es otra: el gobierno cubano se arma contra el pueblo de Cuba, a quién se le podría ocurrir pensar que el "camino luminoso hacia el socialismo" no corre paralelo a las vías que sigue Castro con sus nuevos aliados orientales.

Un miembro de la IV Internacional dice en el número de octubre-noviembre de 1960 de la revista del mismo nombre, que Castro ha ido a la alianza con los "Estados-Obreros" (por Estados obreros hay que entender los Estados anti-obreros del bloque oriental) bajo la presión creciente de las masas. Es mentira. Las masas han sido neutralizadas desde el primer momento por la burocracia, por los sindicatos, por el partido stalinista, etc. La caida en el campo ruso no es sino una consecuencia de la falta total de orientación ideológica y revolucionaria del movimiento cubano, y no hace sino seguir una ley general que impulsa actualmente a todos los Estados nacionalistas de los países llamados "subdesarrollados" a gravitar como satélites en la órbita de un imperialismo o del otro. En ausencia de medios suficientes para erguirse contra los dos bloques, semejante
actitud puede seguramente explicarse aunque no se justitifique. Lo que ni se explica ni se justifica es la mentira que consiste en llamar revolución socialista al capitalismo de Estado, "milicias obreras" al ejército organizado *contra* el pueblo, y "revolución permanente" (véase artículo de A. Ortiz en el número citado de *IV Internacional*) a la negación permanente de la revolución.

Todo esto debiere ser una advertencia para los demás países de América donde fermenta actualmente en forma tan intensa la cólera revolucionaria, para hacerles reflexionar que no basta erguirse contra el imperialismo americano para hacer obra socialista, y que la agitación de consignas nacionalistas nada tiene que ver con la revolución.

A. TREVES

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"Sólo la revolución proletaria puede garantizar a los pueblos pequeños y débiles una existencia libre, pues ella libertará las fuerzas productivas de todos los países de las apretadas tenazas de los Estados nacionales y unirá los pueblos en una estrecha colaboración económica conforme a un plan económico común. Sólo ella dará a los pueblos mas débiles y menos numerosos la posibilidad de administrar, con libertad e independencia absolutas, su cultura nacional sin causar el menor perjuicio a la vida económica unificada y centralizada de Europa y del mundo".

"Los oportunistas que antes de la guerra inducían los obreros a moderar sus reivindicaciones pretextando marchar lentamente al socialismo, que durante la guerra los obligaron a renunciar a la lucha de clases en nombre de la unión sagrada y de la defensa nacional, exigen del proletariado un nuevo sacrificio, ahora con el objeto de triunfar de las consecuencias espantosas de la guerra. Si semejantes prédicas lograsen influenciar a las masas obreras, el capital proseguiría su desarrollo sacrificando numerosas generaciones, mediante formas nuevas, mas concentradas aun y mas monstruosas, con la perspectiva fatal de una nueva guerra mundial".

(Citas del *Manifiesto a los proletarios del mundo entero*, del primer congreso de la Internacional comunista).
