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Title: Hienas de verdad y «tigres de papel»
Description: Las disputas entre Pekín y Moscú tras la retirada rusa de Cuba y la guerra chino-india.
Date: 01/01/1963
Category: Alarma (nueva serie) n.º 2
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1963-01-hienas-de-verdad-y-tigres-de-papel
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*Alarma*, nueva serie, n.º 2, enero de 1963 (págs. 25-27). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1963%20Alarma%2002.pdf)

La rendición de Moscú en Cuba ha atizado las contradicciones del bloque ruso, no por negadas menos rudas e insoslayables. En vano los protagonistas principales procuran revestir de argumentos ideológicos sus muy materiales motivos de contienda. Cada nuevo incidente viene a poner de relieve la realidad de éstos y la falacia de aquellos. El espectáculo es edificante y se desarrollará todavía en varios actos. Regocijémonos, porque no puede redundar sino en ventaja del proletariado.

Al anuncio de la retirada rusa en el Caribe, Mao Tse-tung y su cohorte de mandarines en disfraz marxista arrecian sus críticas al revisionismo, hablan de capitulación (los régulos de Albania han señalado a Khrutchef como traidor) y piden la cabeza de Tito, ya que con los verdaderos amos apenas se atreven. La indignación es real, pero el motivo alegado públicamente falso. Lo que saca de quicio a los gobernantes chinos —y ya les llueve sobre mojado— es que la retirada de Khrutchef repercutiese imponiéndoles a ellos el cese de sus operaciones en la India. Mao Tse-tung había solicitado insistentemente, siempre en balde, los proyectiles atómicos concedidos o impuestos a Castro; un motivo más de querella. Pero sabiéndolos instalados tan cerca de Estados Unidos, quiso sacar partido de ellos, forzar la mano a su jefe de bloque y obligarle a cubrir su avance en la India imponiendo al imperialismo americano la neutralidad. La simultaneidad del ataque chino —organizado en masa y con todo los implementos técnicos de una guerra general— con la instalación de las rampas de lanzamiento en Cuba, fué indudablemente premeditada. Con gran sorpresa del propio Nehru, que se aprestaba para una guerra de cinco años, las operaciones chinas eran suspendidas. Mao Tse-tung capitulaba ante el capitulador Khrutchef.

Los dirigentes chinos, cuya mentalidad es hechura del mismo molde stalinista que la de los rusos, están horros de la osadía, la franqueza y el apego a los ideales de emancipación de la humanidad que caracterizan al revolucionario. Son incapaces de erguirse contra el poderoso Khrutchef sino sesgadamente, y aún así porque cuentan con el apoyo de la o las fracciones de la alta burocracia rusa adversas a aquel. Con todo, las acusaciones y actitudes a que ha dado ocasión la crisis cubana revelan más de lo que sus autores quisieran. Es indudable que el deterioro de sus relaciones sobrepasa con creces a cuanto dicen.

Al mismo tiempo que Khrutchef enviaba a la India aviones y solidaridad política, reclamaba a China el pago en género de sus deudas, lo que representa un desastre para el deudor y resulta imposible sin desmantelar por lo menos todas las industrias montadas con capital ruso. Esos y otros miramientos de Khrutchef por Nehru no obedecen a consideraciones momentáneas, sino a la necesidad durable de retener, y llegado el caso amenazar a China entre dos fronteras: la de Rusia al Norte, la de la India al Sur. Por otra parte, la tentativa de recuperación de Tito indica la preferencia neta de Moscú por sus satélites europeos, en detrimento particular de China. Es natural que a Mao Tse-tung se le atraganten sus humos de expansión asiática. Recordemos que desde el instante de la ruptura de Yugoslavia con Rusia (1948), Tito fué profusamente tratado de enemigo del proletariado por los mismos que ahora vuelven a ensalzarlo. Los hombres de Pekín hicieron como sus demás congéneres: Tito comunista, Tito Fascista, Tito comunista otra vez, sin que avizorasen en él "revisionismo" alguno hasta que su propio conflicto con Rusia tomó mal cariz. Ahora que Moscú les asesta por lo bajo y por lo alto un golpe tras otro, se van de la lengua acusando públicamente a Tito y su partido de "haber restablecido el capitalismo". Se trata en realidad de una amenaza de lanzar la misma acusación contra Khrutchef, pues es notorio que la polémica de apariencias ideológicas va de Pekín a Moscú via Belgrado, y de Moscú a Pekín via Tirana. En reciprocidad, Khrutchef repite que "la pandilla dirigente de Albania no se mantiene en el poder sino por el terror", lo que pone a cadaquién en la necesidad de adivinarle la intención: la pandilla de Pekín.
Khrutchef está bién informado, además de que para saber la clase de orden imperante en China, Albania, etc., le basta referirlo al suyo propio, cual Hodja ha podido echarle en cara. Todos los países rusificados, en efecto, tienen expertos de la represión y de las falsificaciones judiciales que han perfeccionado sus estudios en la escuela especial de la policía stalinista en Moscú, la M.V.D., antes G.P.U. que asesinó a los viejos bolcheviques. Los expertos polizontes de Alabania han aprendido tan bién la enseñanza de sus maestros, que desde hace mas de un año hombres de confianza de Khrutchef y Tito han confesado ante los tribunales de Hodja trabajar por cuenta del imperialismo americano. Ello no ha impedido al sucesor de Stalin declarar en el congreso de Berlín-este, al mismo tiempo que proponía a Pekín la suspensión de la polémica pública, que consideraba a Albania país socialista.

Enlacemos lo anterior con la imprudente acusación de restablecimiento del capitalismo en Yugoslavia, blandida por Mao Tse-tung. Verdad, habría que reconocer el mismo restablecimiento en China, Rusia y demás retahila de pretendidos socialismos, puesto que todos ellos tienen estructuras económicas iguales: propiedad estatal en la industria y semi-estatal o dirigida por el Estado en la agricultura, trabajo asalariado, y por obligada consecuencia explotación de las masas obreras, plusvalía embolsada por una burocracia que detenta el capital y desempeña las funciones nocivas de los antiguos propietarios individuales. Ese sistema, que todos los falsarios pretenden hacer tragar al proletariado como socialismo, es, cierto, capitalista, pero en China impera igual que en Yugoslavia y demás "democracias populares". No cabe, sinembargo, hablar de restablecimiento, por la sencilla razón de que el capitalismo nunca ha dejado de existir en ellas, habiéndose efectuado la transición al capitalismo de Estado con la anuencia colaborante de la antigua burguesía y la bendición del imperialismo occidental. Sólo en Rusia existió el conato bolchevique de revolución proletaria; apuñalado por el stalinismo, éste erigió allí el capitalismo de Estado, la contrarrevolución. Así pués, la acusación de Mao Tse-tung, hecha a sabiendas de que no existen diferencias de estructura esenciales entre Yugoslavia, China y el patrón ruso, demuestra que toda la alta canalla oriunda del stalinismo tiene plena conciencia del caracter capitalista de sus regímenes. Sus propias avideces y rebatiñas les fuerzan a confesarlo de una manera u otra. ¿No empezó Tito a hablar, en 1950, de capitalismo de Estado e imperialismo en Rusia, sin dejar él de decirse revolucionario? La desfachatez es el talento de esa gente, la hipocresía y la premeditación su habilidad. Los mandarines de Pekín, segundos entre los falsarios, se verán en la necesidad de ir aun mas lejos que Tito ayer, incluso en el acercamiento al imperialismo americano. Las causas de su choque con Moscú son cualitativamente las mismas, si bién cuantitativamente muchísimo mayores.

La polémica en torno a la convivencia pacífica, a la presunta evitabilidad de la guerra, a dogmatismo y revisionismo es principalmente engañifa de exportación. Cuando Khrutchef y Mao Tse-tung, o sus representantes, hablan cara a cara, no tratan de ideas, sino de negocios: inversión de capitales rusos y empréstitos a China, pago de réditos, condiciones de reembolso, cantidad de plusvalía que ha de emigrar de Pekín a Moscú, etc. En segundo lugar, tratan de posiciones económicas y estratégicas en Asia y otros continentes. En todo, el gobierno chino se lleva la ración del pariento pobre, pues Moscú entiende acomodar al desarrollo de su capital todo desarrollo de capital en los países satélites y no está en condiciones de dejar a China campar por sus respetos, siquiera en los pequeños países limítrofes. Por su parte, Pekín ha aceptado oficialmente la evitabilidad de la guerra y la convivencia pacífica, sólo que, antes de convivir quiere desparramarse hacia el sur por varios territorios a lo largo de la frontera india, coger Formosa, casi toda la península indochina por interpósitos ejércitos, y en el norte probablemente también la otra mitad de Corea. Mao Tse-tung busca la cobertura del potencial atómico ruso para alcanzar tan conviventes objetivos. Pero Rusia tiene mucho que digerir, China entre otros bocados, antes de arriesgarse a desencadenar la guerra. En vano Pekín se alía a los clanes burocráticos que de tapadillo preparan la sucesión o el derrocamiento de Khrutchef. Cualquiera de ellos acceda al poder seguirá dándole trato de semi-colonia, pues la implacabla ley del valor que rige la economía rusa —bloque incluido— requiere subordinación de los capitales débiles a los fuertes, tanto más inapelable cuanto que estos últimos son flacos respecto a los del bloque rival.
Precisamente porque Khrutchef no ignora lo que es su bloque, y que *entre bloques imperialistas* la guerra es pronto o tarde inevitable, prolonga y perfecciona la convivencia pacífica, táctica estrenada por Stalin hacia 1930 y oficialmente proclamada con el frente popular. Si no fuera esa una política reaccionaria e imperialista de pura estirpe, estrategia de guerra muy calculada, Khrutchef arrebataría a Mao Tse-tung la palma del dogmatismo, según la terminología de los falsarios, y Mao Tse-tung a Khrutchef la del revisionismo[^5].

Apenas había proferido Mao Tse-tung su baladronada: "El imperialismo es un tigre de papel", cuando el ultimatum de Kennedy en Cuba la obligaba, por simple rebote, a desandar camino en la India. Pero no sin dejar detrás, junto con su "estratégico desprecio", varios miles de muertos. En fin de cuentas el poderío yankee es debido en sus tres cuartas partes a las hienas que han devorado la revolución en el período precedente y que continuan hozando en la conciencia del proletariado. Denunciarlos como odiosos enemigos de la misma naturaleza que los del viejo mundo occidental es cometido insoslayable de revolucionarios.

[^5]: Véanse *La antigua China de los Mao Tse-tung* y *La crisis de la contrarrevolución rusa*, en *Alarma*, números 5 y 9 respectivamente de la serie anterior.
