---
Title: La huelga de los mineros franceses
Description: La huelga minera francesa de 1963 encauzada por los sindicatos y la necesidad de comités obreros independientes con reivindicaciones contra el beneficio.
Author: A. Nuelma
Date: 01/05/1963
Category: Alarma (nueva serie) n.º 3
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1963-05-la-huelga-de-los-mineros-franceses
---


*Alarma*, nueva serie, n.º 3, mayo de 1963 (págs. 6-7). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1963%20Alarma%2003.pdf)

Desde la huelga de Nantes, hace más de seis años, no se veía en Francia un paro tan amplio y duradero como el actual de las minas. Pero no podía tomar aspecto combativo sin salirse, como aquella, del cauce reivindicativo y orgánico de los sindicatos. La unidad sindical dirige la huelga, si bién la C.G.T. sólo quería al principio un paro de 48 horas y ha sido la primera en ver "una base de negociación aceptable" en las proposiciones gubernamentales: 8 por ciento de aumento escalonado en un año. Al cabo de 4 semanas de huelga todos los sindicatos aceptaban ese flaco 8 inferior al alza de los precios, limitándose a reclamar su aplicación inmediata y no escalonada. Puede asegurarse ya que la huelga está en sus últimas, a menos que por su cuenta los trabajadores hagan algo que la relance.

En apoyo de los sindicatos se ha producido un frente único de hecho que abarca a todos los partidos no gaullistas. El propio Pinay, la derecha de reserva, ha hecho votar en algunos organismos subsidios de ayuda a los mineros. En tales condiciones, los púlpitos mismos no podían sino chorrear palabras de misericordia. ¿Pero, qué van a hacer de la huelga la tan venteada unidad sindical y ese frente único tan amplio como no se conocía desde vísperas de la IV república? Las reivindicaciones sindicales era: 11 por ciento de aumento de salario, 40 horas semanales de trabajo pagadas 48 y garantías de nuevos empleos (reconversión) a medida del cierre futuro de los pozos. Unánimes, los sindicatos se han negado a organizar la lucha por sus propias reivindicaciones. Espíritu de solidaridad con los mineros había —y sigue habiéndolo— sobrado en los demás sectores proletarios, que por añadidura ven el momento propicio para reivindicar también ellos. Los sindicatos les han salido al encuentro limitando a naderías las acciones de solidaridad: una hora por aquí, otra por allá. La pronta liquidación de la huelga de los depósitos de gas (Lacq), huelga que por sí sóla habría podido forzar el gobierno a ceder en todo, da la medida del miedo de los sindicatos a un movimiento huelguístico general e indica la mala pasada que están jugando a los mineros. Un mes largo de huelga terminará con un compromiso sindicalo-patronal (el Estado es patrón de las minas) que dejará el jornal de los mineros por debajo del alza última de los precios, sin hablar de la inmediata venidera.

Esta huelga no se diferencia de cualquier otra italiana o inglesa en nada importante, y cada una de ellas pone al descubierto el enorme abismo abierto entre las necesidades del proletariado y las reivindicaciones sindicales, que son, no se olvide, las de los partidos. Más que de conservadoras, cabe calificar dichas reivindicaciones, apenas analizadas, de reaccionarias. Véase: 11 por ciento de aumento no era, según los sindicatos, sino lo estricto indispensable para recuperar la pérdida de capacidad adquisitiva debida a la carestía. Se trataba simplemente de dar aplicación a la ley de escala móvil de salarios, una de las mayores garantías de perduración que el capitalismo pueda tener. Para la clase obrera, por el contrario, es indispensable hacer trizas esa ley, porque ella coagula o tiende a coagular las condiciones de vida actuales del proletariado, dejando en plena libertad, en cambio, la desproporción acelerada entre lo que el obrero produce y lo que el obrero cobra, de donde resulta la acumulación ampliada y la centralización del capital, cada día mas aplastantes para el proletariado y la sociedad entera.

La reivindicación de 40 horas pagadas 48, aún conseguida no habría mejorado la condición de los explotados. *Al contrario*, pués lo que se les pagaría como 48 horas de trabajo es sólo la miseria del jornal base, viéndose por consecuencia los obreros tanto más necesitados que antes en aumentar su rendimiento y hacer horas extraordinarias para obtener de qué vivir sin hambre. En cuestión de horario de trabajo, factor importantísimo para la libertad y la aptitud política de la clase obrera, es indispensable reivindicar, cosa muy factible con la técnica actual, una semana de 30 horas, o incluso de 20, pero sin disminución de la paga global, incorporando a ella cuanto hoy obtiene cada obrero a fuerza de primas al rendimiento y de horas extraordinarias, que deben ser radicalmente suprimidas. Y todo eso no es mas que un mínimo para hacer frente al desenfreno del capitalismo y permitir al proletariado respirar. Pero en prolongación de esas demandas está el aniquilamiento de la explotación. Partícipes del orden mundial asentado en ésta, los sin-
dicatos son absolutamente [ilegible: línea cortada en el original]

Así, piden garantía, ¡al Estado capitalista!, de reconversión de los obreros a otros trabajos, en lugar de plantear a la totalidad del proletariado la necesidad de regir por sí mismo los instrumentos de producción y organizar la economía con arreglo a sus necesidades, que son las de la humanidad. Lo que los sindicatos piden, en realidad, es participar ellos en la redistribución de los mineros como esclavos asalariados. Basta para comprender en qué forma constituyen parte del capital, en manera alguna del proletariado como clase revolucionaria del inmediato porvenir.

Hoy, en cada huelga importante se presentan no sólo los problemas económicos decisivos entre la clase asalariada y el capital, sino también los problemas políticos nacionales y mundiales. De ahí que los sindicatos tengan tal pánico al desencadenamiento de cualquier huelga general, siquiera sea por reivindicaciones cuidadosamente medidas por ellos. La acción, que es siempre el pensamiento más lúcido de la clase obrera, correría el riesgo de desbordarlos a ellos, y el parapeto en que están atrincherados: la sociedad capitalista.

La huelga de los mineros, como ayer la de Decazeville, en Italia la de los metalúrgicos, en Inglaterra la de las fábricas Ford y en la España franquista la de los mineros asturianos, no será mas que un acto del regateo entre la oferta y la demanda en el mercado de la fuerza de trabajo, acto saldado en desventaja del proletariado, por más que los contratistas sindicales canten victoria. Una a una van desfilando y perdiéndose, en toda Europa occidental, posibilidades magníficas de conseguir importantes victorias parciales y de acendrar la conciencia proletaria para los hechos revolucionarios decisivos. El problema de fondo que se plantea es este: ¿va a continuar la vanguardia queriendo regenerar los sindicatos, limitándose a consignas inmediatas sin ninguna significación positiva hoy, o se decidirá al fín a organizar la lucha al margen de aquellos, mediante comités obreros independientes, y por reivindicaciones que apunten al corazón mismo de los beneficios y de la acumulación del capital? Sin hacerlo, no se ve cómo podrá constituirse un partido revolucionario y orientarse a él la población explotada.

P. S. Mientras los sindicatos cantaban victoria despues de la huelga por la obtención del 8 %, los mineros se negaban en numerosos sitios a volver al trabajo, y en algunas asambleas los dirigentes sindicales fueron injuriados. Pero hasta ahora no ha habido grupo capaz de proponer a los mineros un programa de defensa y ataque verdaderamente revolucionario.

Abril 1963

A. Nuelma

Artículo tomado de *Battaglia Comunista* y *Azione Comunista*, de Milán.
