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Title: Los mercaderes de carne de cañón en Vietnam
Description: La guerra de Vietnam como subcontienda interimperialista y crítica del Vietkong y de la «guerra revolucionaria» maoísta.
Author: Miguel Jayón de Táliga
Date: 01/05/1965
Category: Alarma (nueva serie) n.º 7
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1965-05-los-mercaderes-de-carne-de-canon-en-vietnam
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*Alarma*, nueva serie, n.º 7, mayo de 1965 (págs. 6-7). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1965%20Alarma%2007.pdf)

Ni más ni menos que entre las dos guerras mundiales, desde que terminó la ultima hasta el presente no ha cesado un sólo día la guerra entre potencias menores. E igual que entonces, la causa profunda de todos los conflictos menores son los intereses de las primeras potencias, irreconciliables porque capitalistas. Cada una de éstas procura modificar en su favor la penetración económica y las posiciones estratégicas, con vistas a una futura guerra.

El caso de Vietnam es uno de los más flagrantes como subcontienda imperialista por medio de terceros. Que los dos bandos hablen de independencia nacional y de libertad, uno de ellos también de comunismo, es mero pregón de reclutamiento. La verdad cruda es que tanto en Vietnam del sur como en el Norte mediante los bombardeos yankees, miles de hombres mueren por ambas partes en aras de sus propios opresores y, cualquiera resulte vencedor, para remachar sus cadenas.

Los métodos de lucha puestos en juego por los patrocinadores del Vietkong tienen tan poco que ver con la revolución proletaria como el objetivo estratégico que se le asigna. Allí como en cualquier sitio, métodos y objetivo se interdeterminan rigurosamente y quiérase que no. El Vietkong no es una fuerza de guerrilla surgida espontáneamente de los explotados vietnamitas, sino un ejército —y policía al mismo tiempo— intencionalmente reclutado y preparado detrás de las fronteras en que opera. Su contenido político hay que referirlo al del ejército de Ho Chi-minh durante la primera fase de la guerra, la que dió origen a la partición del país. Y bién, el primer acto de Ho Chi-minh como jefe político-militar fué el aplastamiento de la comuna obrera de Hanoi y el asesinato del revolucionario más conocido y capaz de todo el Sudeste asiático, Tha Tu-tao, repetido luego incluso con los revolucionarios oscuros. Mientras existieron núcleos revolucionarios armados en el país, las tropas de Ho Chi-minh negociaban con las francesas armisticios locales, a fin de revolverse contra aquellos y aniquilarlos. Semejante táctica, quintaesencia del stalinismo, refleja sin equívoco posible la substitución de la lucha de clase contra clase, característica de la revolución proletaria, por métodos militares y nacionalistas adecuados para defender un Estado de explotadores contra otro, y contra sus propios explotados. El contenido aparece en los métodos como en la cara las emociones del espíritu.

Es frecuente hoy atribuir a Mao Tse-tung el descubrimiento de tales procedimientos de guerra. En realidad no ha hecho sino aplicarlos obedientemente en servicio de la contrarrevolución rusa. Pero sí fué, con su Estado Mayor, el primero (después de Stalin) que diciéndose comunista liquidó en compañía de Chang Kai-chek la revolución comunista china (1926-27) para iniciar enseguida, con suministros rusos, la lucha militar. Sólo 30 años después, forzados por la reyerta entre las dos potencias, los dirigentes rusos han confesado que el ejército de Mao Tse-tung tenía intendencia y escuela en Moscú. La pretensa "guerra revolucionaria" no es otra cosa que la inveterada guerra nacionalista local, practicada entre dos grandes guerras mundiales como preparativo estratégico de uno de los bloques imperialistas. Ejércitos reclutados con tal mira se comportan como cualquier otro ejército regular; están rigurosamente jerarquizados y movilizan por el terror allí donde la población no se deja emborrachar por el patriotismo. En efecto, aplicando procedimientos de su ídolo Stalin, Mao Tse-tung ha convertido el encuadrillamiento de la población rural y urbana en sistema político permanente, a partir del momento en que el ejército "libertador" pone la bota en cualquier zona. Individuos especialmente designados se encargan de vigilar de contínuo a un número determinado de habitantes y de imponer las medidas políticas y de reclutamiento arriba decididas. La "teoría" del endiosado jefe chino se reduce, salta a la vista, a un encuadramiento policíaco estrechísimo al que nadie escapa, muy semejante al que impusieron en España Falange y la policía franquista durante los años siguientes a la guerra civil, del cual son todavía rastro los "jefes de casa".

Aunque un ejército así empiece por unidades pequeñas muy móviles, no puede ser asimilado al sistema de guerrillas sino con intencional falacia o por ignorancia. A los revolucionarios que se dejan sorprender por una terminología aureolada de prestigio, recomendémosles leer lo que sobre las guerrillas dice Marx en *La revolución española*. Verán que aun cuando las guerrillas eran un procedimiento de lucha adecuado al objetivo histórico, el de principios del siglo XIX en España, la revolución democrático-burguesa, no tuvieron función de guerrillas auténticamente revolucionarias, sino al principio, cuando eran resultado de un levantamiento general de la población. Esta misma, sin instructores ni directivos ajenos, era la que se organizaba y planeaba acciones determinadas, alternando el trabajo acostumbrado con la emboscada y el ataque súbito al ejército enemigo, siempre seguido de desbande y vuelta al trabajo cotidiano. Perdieron su propio carácter democrático-revolucionario a medida que se dejaron utilizar militarmente por los ejércitos regulares español e inglés. No cabe duda que a esa mediatización de las guerrillas españolas de 1810 hay que ver una de las razones del fracaso final de la revolución democrático-burguesa en el país.

En cuanto a las partidas organizadas hoy en Vietnam o en cualquier otra parte de mundo, son desde el primer día, no resultado de una insurrección de las masas pobres, sino de intereses e ideas adversos a éstas, la mayoría de las veces simples factores militares de potencias enemigas del país en que son organizadas. Su primer condición de existencia es la inmovilidad política de las clases explotadas, a fin de operar después sobre cerebros aporrados. Así como para creer en Dios hace falta no creer en sí o haberse aniquilado como individuo, para secundar a las supuestas guerrillas actuales hace falta haber perdido todas sus facultades revolucionarias, o bien haberlas comerciado, caso el más frecuente.

Hasta la partición del país y el acuerdo de Ginebra, se enfrentaba directamente a Francia el ejército de Ho Chi-minh respalado por Rusia; en la segunda fase de la guerra, los Estados Unidos, el verdadero amo occidental, se substituyen a Francia; mientras tras de Vietnam del norte y sus Vietkong China ocupa mayor lugar que Rusia. Más los verdaderos términos del conflicto local inter-imperialista no han cambiado. Al contrario, resaltan con mayor nitidez a medida que la situación se agrava y que arrecian los bombardeos americanos en territorio norte. Los verdaderos contendientes son Estados Unidos y Rusia. La suerte del Vietkong y la de Ho Chi-minh mismo depende por entero de lo que decida hacer Rusia en su favor, no mucho ya está visto. Mientrastanto, los chovinistas déspotas de China limitan su "desprecio estratégico" del "tigre de papel" a baladronadas y amenazas condicionadas por un *si* a su vez condicionado por lo que Rusia tenga a bien resolver. El reparto del Vietnam y de la península Indochina en general, se hará entre Estados Unidos y Rusia. En el fondo, China sigue manotenado y chillando sólo para que Rusia le reserve alguna parte de influencia en la distribución de la península, pero sus intereses van tan al encuentro de los de Rusia allí y en otras partes de Asia, que no sería extraño ver a Pekín haciendo proposiciones secretas a Washington.

Pretender que en esa guerra alguien defiende intereses revolucionarios es una afirmación monstruosa, propia de los vendedores de armas y mercaderes de carne humana que devastan el país en nombre de la democracia o de la independencia nacional. El Vietkong es instrumento de las potencias que ansían ocupar en Indochina el puesto imperialista de Estados Unidos. Los voluntarios que enrole, mucho o pocos, luchan engañados por ideas contrarias a los intereses proletarios. En ese sentido están a la derecha de las guerrillas europeas de resistencia nacional que los internacionalistas denunciamos como subsidiarias del imperialismo independientemente de lo que creyesen sus componentes. También a ellos se les había mostrado una añagaza: "De la resistencia a la revolución".

En Vietnam, el único acto revolucionario sería el que uniese a obreros y soldados de norte y sur con soldados americanos, y chinos si los hubiere, para una acción inequívocamente dirigida contra Saigón, Hannoi y sus respectivos protectores. Clase contra clase, no nación contra nación.
