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Title: Elecciones sindicales y comisiones obreras
Description: Crítica de la participación en las elecciones sindicales franquistas y advertencia contra la conversión de las comisiones obreras en nuevos sindicatos.
Date: 01/07/1967
Category: Alarma n.º 10
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1967-07-elecciones-sindicales-y-comisiones-obreras
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*Alarma*, n.º 10, julio 1967 (págs. 3-4). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1967%20Alarma%2010.pdf)

Unas elecciones para delegados de unos sindicatos como los de Falange, en un momento en que renace la actividad obrera y la dictadura periclita, merecían un boicot deliberado, con mayor motivo que en otras ocasiones, o bien un voto político contra el régimen y los sindicatos. Con menores motivos boicotearon los partidos de oposición a la monarquía, en 1930, las elecciones generales, convocadas con libertad de partidos y de asamblea y una vez expulsado del poder el dictador de entonces. No se necesita ser revolucionario para comprender que esa actitud sería también hoy la única justa y la que acarrearía resultados más positivos. Basta recapacitar en el empeño que pone la burocracia falangista en mostrar que se liberaliza y con ella todo el régimen. Trata así, no tanto de ceder a las exigencias del ingreso de España al Mercado europeo, cuanto de torcer la lucha obrera por derroteros ajenos. Las postrimerías de todo régimen dictatorial transcurren siempre en concesiones y represiones simultáneas o alternas destinadas a evitar, si no su derrumbe, el del sistema económico que la sustenta. Con ese designio, las concesiones irán en España mucho más allá de las actuales, tan pronto se produzca una presión conjunta del proletariado en diversos centros industriales. Irán hasta lo que constituye el desideratum de las organizaciones ilegales no revolucionarias: el régimen de derecho capitalista o democracia parlamentaria, con *sus* correspondientes sindicatos.

Las organizaciones que han recomendado participar en las elecciones y votar por tal o cual candidato hacen el juego de esa maniobra, por muy anti-franquistas que ellas o sus candidatos sean. De hecho, el beneficio es mayor con la elección de delegados opositores, lo mismo para los intereses que procuran salvarse del naufragio, que para la dictadura en lo inmediato. Los delegados de oposición habrán dado la impresión de que el régimen consiente cierta libertad, pero su actividad la paralizará el sindicato cuando quiera, si no la cárcel (1).
El alcance último de la maniobra no es otro, como viene diciendo *Alarma* desde el principio, que el *dominio sindical*, el imperio futuro sobre la clase trabajadora, sin que los quiebros y zancadillas entre las diversas tendencias desdigan de su homegeneidad fundamental en ese aspecto. Sobre lo que será "la libertad" de los futuros sindicatos no hay necesidad de hacer suposiciones. Los sindicatos franceses reciben del Estado la bicoca de 750 millones de francos anuales; los alemanes tienen un apoyo capitalista aún más sólido y forman parte de los consejos de administración, es decir, contribuyen a organizar la explotación; las Trade Unions inglesas aprueban el estancamiento de los salarios, baja real debido a la carestía, y secundan a Wilson en su tentativa de mejorar los negocios del capital inglés; las Trade Unions americanas, ligadas al capital monopolista, capitalistas ellas mismas, son por añadidura importante peón en la política mundial del State Department. En cuanto a los sindicatos de Rusia y países societarios, tienen por misión primera intensificar las normas de producción y castigar a los obreros rebeldes. En suma, se trata de sindicatos incapaces, por intereses no menos que por ideas, de una lucha decisiva contra la explotación, pues no existiendo ésta son, sencillamente, superfluos. No sin razón los capitalistas y su Estado los consideran —les sobran pruebas de ello— como una válvula de seguridad de su sistema.

Por eso es preciso decir a las comisiones obreras y a sus delegados sindicales que induciendo a la clase trabajadora por el camino que lo han hecho cometen un error si la iniciativa ha sido suya, y si en connivencia con una tendencia política cualquiera, que están muy mal aconsejadas. Nosotros somos partidarios de la elección y la destitución libre de comités obreros o comisiones, pero por la asamblea general de los interesados, no por determinados grupos políticos o sindicatos al aguardo. Aun respondiendo a ese criterio, siempre que un comité o comisión actúe contra los intereses inmediatos e históricos del proletariado debe criticársele y proponer su substitución, pues sólo teniendo como norte próximo la revolución prestarán verdaderos servicios a las masas. Ahora bien, ya no puede caber duda de que las comisiones obran influenciadas por el clero y por el stalinismo, que desde ahora se consideran como los dos Grandes del capitalismo post-franquista. Razón suficiente para poner en guardia a sus componentes y sobretodo a los trabajadores que aquellos tratan de acorralar. El porvenir inmediato va a jugarse en torno a este dilema: Los comités o comisiones, ¿van a orientarse a la formación de nuevos sindicatos, o bien serán la expresión democrática *de todos los obreros* con iguales derechos de voz y voto sobre todos los problemas?

En el primer caso, el proletariado quedará otra vez sometido al yugo de las leyes económicas y jurídicas de la explotación capitalista, que los nuevos sindicatos aplicarán; en el segundo, las comisiones independientes permitirán una defensa óptima de la clase obrera y crearán las mejores condiciones posibles para el triunfo de la revolución social. En el primer caso, el proletariado se verá sometido por los sindicatos "libres" a contratos de trabajo esquilmadores, mientras las huelgas serán remedo, como en Europa hoy; en el segundo, el horizonte queda abierto a una pronta supresión de todo contrato, es decir de toda sujeción de los obreros, acabando con el capital y el trabajo asalariado, pues, como decía Marx: "Es indispensable que los obreros (...) mediante un esfuerzo colectivo, mediante una presión de clase, erijan una barrera infranqueable, un obstáculo social que les vede tener que venderse al capital por 'contrato libre'..."

En una asamblea de las comisiones celebrada 3 meses atrás en Madrid, fué leído un documento-programa de las mismas, cuya aspiración suprema es el sindicato como organismo vendedor de la fuerza de trabajo al capital. De hecho, las comisiones son ya un sindicato. Téngalo en cuenta cada obrero y actúe en consecuencia. Sólo la asamblea general en cada lugar de trabajo debe ser soberana, cualquier problema de que se trate, no sindicato ni partido alguno.

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(1) Este editorial, que consideramos conveniente publicar a pesar de su retraso, fué escrito antes de que la policía entrase en acción contra delegados Comisiones. Veánse también, en *Alarma* n.º 4 y 7 "Paso a los Comités obreros" y "Las prisas de nuestros sindicadores".
