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Title: Léxico de la truhanería política contemporánea comparado con el léxico revolucionario II
Description: Acepción stalinista y acepción revolucionaria de «democracia popular», «marxismo-leninismo» y «autocrítica».
Author: G. Munis
Date: 01/10/1970
Category: Alarma (nueva serie) n.º 15
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1970-10-lexico-de-la-truhaneria-politica-contemporanea-comparado-con-el
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*Alarma*, nueva serie, n.º 15, octubre de 1970 (págs. 6-10). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1970%20Alarma%2015.pdf)

DEMOCRACIA POPULAR. *Acepción truhanesca*. Nombre colgado a los regímenes impuestos en Europa por el ejército y la alta burocracia capitalista rusos, o bien establecidos en Yugoslavia y China al calor de la victoria del imperialismo yankee-ruso-británico sobre el imperialismo nazi, cuando no como resultado de los regateos interbloques post-bélicos (Vietnam norteño, Cuba), pero siempre bajo férula ideo-económica moscovita. Desde el principio, y muy a sabiendas, el nombre, *democracia*, y el calificativo, *popular*, fueron ensamblados para hacer antífrasis, como de consuno tratándose de la copiosa terminología-anzuelo stalinista. En ninguno de los países así llamados puede descubrirse atisbo alguno de democracia, siquiera en su escuálida forma burguesa, mientras que la clase trabajadora, metida a barrisco dentro de la borrosa designación de pueblo, padece un despotismo económico, político y cultural aún más totalitario que el de los regímenes anteriores. Ni por su estructura económica ni por su superestructura política se distinguen dichos países de lo existente en Rusia. Tampoco se distinguen por sus orígenes, al contrario de lo que pretenden determinados definidores auto-deformados, pues el origen de lo existente en Rusia no es la revolución de 1917, sino la contrarrevolución stalinista, y el desbordamiento de ésta, no sin auxilio yankee, es lo que da la similitud mencionada. En ninguno de esos países ha habido cambio de sistema social, sí de régimen, pasándose del capitalismo privado al capitalismo estatal, del gobierno burgués al de la burocracia capitalista, a la cual se integró la burguesía. Si no les fué conferido el rango de democracia socialista, débese a que Rusia reservaba para sí tal título honorífico, a fin de colocarse como superior jerárquico. Las pretensas democracias populares son de hecho y antes que nada, el botín de guerra del Kremlin, glacis militar y coto de explotación imperialista a la vez. Les es imposible escapar a tal condición sin buscar amparo mercantil --y militar si llega el caso-- en el Bloque americano; es el caso de Yugoslavia y recientemente de China. Y están en condiciones de hacerlo sin alterar lo más mínimo su organización económico-política, demostración inconcusa, entre otras, de la uniformidad de sistema de explotación del hombre entre ellos, los Estados Unidos y Rusia indistintamente.

*Acepción Revolucionaria*. No tiene. Unicamente en la terminología capitalista puede encontrarse semejante designación, aplicada a regímenes políticos liberales y parlamentarios, que reconocen en derecho y respetan de hecho las libertades individuales, de prensa, partidos, manifestación etc., pero sobre la base social de la explotación del trabajo asalariado por el capital. En el mejor de los casos, popular no puede significar más que de izquierda burguesa, en otros términos, los métodos menos brutales de dominación del proletariado por sus gobernantes y explotadores. Ahora bien, los métodos reinantes en las pretensas democracias populares entran de lleno en la categoría de los más brutales. Mobutu ha proclamado en el Congo la República Popular, con falsía digna --y copiada-- de los Mao Tse-tung, los Castro y demás Kadar.

MARXISMO-LENINISMO. *Acepción truhanesca*, común a los ramales ruso y chino. La versión real de esa burlería es: marxismo-leninismo-STALINISMO, y su contenido único lo da el último término, no por silenciado desde el XX Congreso de la casta dictatorial rusa menos presente en dichos y hechos de la misma, clientela internacional incluida. Mas el stalinismo no es una teoría, tampoco un añadido a una teoría pre-existente, ni tan siquiera un empirismo sociológico o político en exploración de algo. Es completamente ajeno a toda teoría, pensamiento o investigación. Aparece históricamente en cuanto la revolución de 1917 ceja su previsto andar permanente hacia el socialismo y la revolución mundial, aún antes de aupar al individuo que le daría su nombre. A partir de ahí, es el hecho consumado de la muerte de la revolución, o a la inversa, la vida y la afirmación constante de la contrarrevolución burocrático-capitalista, la salvaguarda de cuyos intereses determina en cada instante su política interior y exterior, y sus *argumentos*. Sin darse cuenta, Zinovief esbozaba una definición certera del stalinismo cuando decía a Leon Trotzky: "Usted combate a Stalin con ideas, pero lo que interesa a Stalin no es refutar sus ideas, sino hacerle saltar a usted la tapa de los sesos". Millones de hombres asesinados a pistoletazos en todas las Lubiankas rusas o enviados a la muerte en Siberia, la calumnia vertida sobre ellos a torrentes publicitarios, la revolución rusa machacada, la revolución mundial deliberadamente llevada a la derrota; en nombre de ese marxismo-leninismo, pero de hecho en defensa de la nueva casta explotadora *stalinista*, habló ésta de socialismo en un sólo país, impidió la victoria del proletariado chino en 1925-26, dejó friamente que Hitler subiese al poder, destruyó con sus propios bofias la revolución española, se alió enseguida a Hitler, le suministró material de guerra y materias primas, recibió de él los Estados bálticos y la mitad de Polonia, se alió después con el imperialismo más fuerte del Globo, con el cual se reparte la explotación y el dominio político de la humanidad, y con cuya complicidad reprime todas las insurrecciones y luchas habidas en su zona. El acuerdo de Potsdam estipula ya que los firmantes, Rusia y Estados Unidos principalmente, salen garantes de la conservación del orden en el mundo. El recorrido del stalinismo ha sido: del embuste sobre el socialismo en un sólo país, al socialismo en ninguno. Tal es su naturaleza, mero practicismo contrarrevolucionario, tras el cual no existe otra cosa que la acumulación ampliada del capital por una casta centralizada, privilegiada y despótica cual nunca lo fuera la burguesía. Y bién, en ese practicismo neo-reaccionario y asesino están incursos, *sin excepción*, cuantos han actuado y escrito para el stalinismo dentro y fuera de Rusia, y por mucho que se hayan embozado en retórica filosófica, existencialista, economista, o en glosas de Marx y de Lenin. Jamás ha existido contrarrevolución guiada por otro "principio" cualquiera haya sido su palabrería encubridora, pero la stalinista da ciento y raya a las peores, no sólo por su monstruosa falsificación invocando el socialismo, sino, ante todo, porque su continuidad exige impedir la revolución de las revoluciones del género humano, la revolución comunista. El stalinismo no es otra cosa que eso, vivo o muerto el personaje. Todas las mentiras, todos los servilismo, todas las crueldades, todas las hipocresias, en una palabra, todas las alienaciones causadas por milenios de explotación son utilizados por él, se confabulan y extreman en él para cerrar el paso a la revolución. El marxismo-leninismo, con guión o sin él, representa en la fórmula completa, en argumentos y hechos, lo que la momia de Lenin respecto del régimen: mero estandarte procesional engañabobos, algo así como el "socialismo alemán" y la invocación de Nietzche para el Tercer Reich (Véase la voz, destalinización).

*Acepción revolucionaria*. El leninismo no existe como visión particular del mundo o de la lucha de clases. Lenin se consideraba discípulo de Marx y nunca pretendió haberle enmendado la plana o aportado algo nuevo a sus desarrollos teóricos. Aciertos y errores en parangón, no puede decirse de Lenin, como de Trotzky, sino que fué uno de los más grandes revolucionarios contemporáneos. Los inventores de un leninismo son los representantes de la tendencia contrarrevolucionaria, y no sin aviesas intenciones, dirigidas por entonces contra la Oposición de Izquierda enacbezada por Trotzky, andando los años contra el proletariado mundial. El stalinismo ha pretendido cargar a espaldas de Lenin, como originalidad marxista-leninista, la idea de una dictadura de partido único, sin francciones ni discusión ideológica internas, en una palabra, totalitario. Fué esa una de sus primeras falsificaciones. En efecto, el preámbulo de la ley que suprimía los demás partidos y las fracciones dentro del bolchevique, escrito por Lenin mismo, nunca publicado por sus embalsamadores, declara sin ambages que no se trata de un principio revolucionario, sino de un expediente provisional a que se veía forzado el poder debido a lo precario de su situación. Era signo de debilidad, no de fuerza. Verdad que la medida sirvió sobretodo, en convergencia con la nueva economía mercantil (NEP), para concitar todos los anhelos conservadores y concentrar el poder en manos de los futuros contrarrevolucionarios, todavía agazapados en la sombra. No por ello debe atribuirse a Lenin la paternidad orgánica de la contrarrevolución. De cualquier manera que se juzgue su obra, él no pretendía otra cosa que aplicar el marxismo, atinase o errase. Se trata pues de poner en claro lo que ha de entenderse por *marxismo*.

Antes que nada es menester negar la existencia de una doctrina que pueda llamarse marxista. Marx sentía horror por cualquier cuerpo de doctrina, por avanzado que se pretendiese y su obra es la refutación incesante de todo sistema, filosófico o político. Sería, en efecto, imposible una interpretación dialéctica, o sea revolucionaria, del mundo exterior y de la historia, si no fueran ambos entre sí y cada uno dentro de sí, cambiantes, unidad y contradicción al mismo tiempo, estabilidad y mutación. Las llamadas leyes dialécticas mismas no pueden escapar a la alteración y al cambio, ni aún siquiera, en la infinitud del tiempo, la entropía del Universo, su estado energético, lo más perenne que se conozca. Así pues, únicamente como sinónimo de revolucionario y para facilidad terminológica, puede hablarse de un marxismo, en manera alguna como sistema acabado a parafrasear y a utilizar como la geometría euclidiana.

Filosófica, económica o política, la obra entera de Marx --y la de Engels-- tiende a aprehender los factores objetivos y subjetivos que actuan en la historia modificándose recíprocamente, sin que la hegemonía motriz entre ambos esté equilibrada siempre, ni siempre incline del mismo lado. De ahí una de las primeras afirmaciones: "Las revoluciones son las locomotoras de la historia". Ahora bien, no habría existido una sóla revolución sin consciencia más o menos neta de lo que había de hacerse, a despecho de que ésta haya estado representada, no por la consciencia del Hombre, sino de una clase en su seno. Ese marxismo proclama la necesidad de una revolución comunista, no como desideratum, no como ideal a alcanzar, sino como resultado de la propia obra económico-cultural de la humanidad, en su fase capitalista. Tampoco como resultado obligatorio o automático de dicha obra, sino de la acción revolucionaria que sobre ella puede ejercer la clase que el capital explota. La reivindicación: ABOLICION DEL TRABAJO ASALARIADO, resume toda la obra de Marx, es el motor de la revolución comunista, la clave única de la desaparición del capitalismo y de la realización de una civilización nueva, sin clases y sin Estado. Los falsarios de Moscú y de Pekín que mantienen el trabajo asalariado incluso bajo formas draconianas, están no menos alejados de lo revolucionario, de lo que cabe llamar marxismo, que los patronos de choque de Occidente. Sus socaliñas sobre la misión socialista del Estado están directamente emparentadas con las de Hitler, que también se prevalía de Hegel en ese aspecto. Para Marx, sobretodo despues de la "commune" de París, para quienquiera haya desgranado la revolución rusa y comprendido la contrarrevolución stalinista, el Estado, particularmente en su postrer aleteo de "Estado obrero", no tiene que desempeñar misión económica alguna. La organización de la fuerza post-revolucionaria impropiamente dicha Estado obrero, ha de cejar y desaparecer como consecuencia directa de la supresión de la ley capitalista del valor, o bien recupera su tradicional función de Estado opresor y explotador de la mayoría por una minoría. Lo que ha sido resultado de milenios de esclavitud y crímenes de toda suerte, está excluido que se transforme en tabla de salvación.

AUTOCRITICA. *Acepción truhanesca*. Confesión laica de culpas y delitos falsos, impuesta por la coacción y el terror policíaco a los críticos y adversarios del stalinismo. La historia humana no registra nada tan repulsivo y abyecto como ese procedimiento político-terrorista, ni siquiera los procedimientos de la inquisición. La oposición expresa o tácita al poder existente (que estaba haciendo la contrarrevolución) no era combatida con ideas y menos debatida en público. Se detenía a los culpables, se les torturaba física y moralmente, a ellos y a sus familias, durante meses, durante años si necesario, hasta hacerles "confesar" que estaban en el error, que la razón asistía a sus esbirros y ante todo al primero de ellos, "el gran, el genial Stalin". En los casos leves, "el culpable" conseguía, prostituyéndose así, ser reintegrado a las filas del Partido-Estado, siquiera en categoría rebajada. En la mayoría, que constituyen no decenas ni centenares de miles, sino millones de casos, la "confesión", llamada autocrítica, servía, a lo sumo, para ir a morir de trabajo forzado en Siberia.

El pináculo de esa vastísima cuanto sangrienta represión --indescriptible sea numéricamente, sea por su sevicia o por su alcance reaccionario,-- lo constituyen las grandes falsificaciones procesales de Moscú, de 1936 a 1938. Hombres prestigiosos de 1917, compañeros de Lenin y de Trotzky, fueron puestos en condiciones de admitir que trabajaban para Hitler (o para el gobierno americano, según las alianzas del Kremlin) sin otra finalidad que abatir "la patria del socialismo" y la persona misma de Stalin, "el padre de los pueblos". Esos procesos, en que actuaba de fiscal un antiguo aliado de los gobiernos blancos que combatieron la revolución, Vichinsky, eran ensayados como piezas de teatro, hasta conseguir los efectos que se proponía la alta canalla dirigente.

El procedimiento es inseparable del stalinismo, que lo ha exportado a cuantos países domina. En China es aplicado añadiéndole a menudo otro trazo odioso. Las víctimas deben recitar, ante asambleas especialmente agenciadas al efecto, las cúlpas y crímenes que se les atribuyen y loar la justicia y la clarividencia de sus verdugos, siendo luego ejecutadas en medio de ovaciones. Es esta la aprobación "entusiástica" por las multitudes, que el gobierno ruso organiza, mediante campañas nacionales político-policíacas, pidiendo condenas y ejecuciones. Se trata siempre de una síntesis de la ley del "linch" antaño practicada en Estados Unidos socolor de justicia popular (sobretodo contra los negros) y de las ahorcaduras en los campos de concentración de Hitler, en presencia de los demás de detenidos y con música de Wagner. Los propios dictadores de bolsillo cubano y albanés han satisfecho sus instintos y confortado su poder con esa clase de autos de fe stalinistas.

En resumen, la autocrítica y su prolongación, la confesión de crímenes inventados, ha servido y continua sirviendo al stalinismo para mandar al cementerio a los revolucionarios, cubriéndolos de lodo. Mas tarde, el procedimiento fué utilizado contra los propios cómplices renuentes del stalinismo. Todo ese terrorismo, la falsificación de ideas e historia de la revolución, más la perversión planificada de las mentes por la prensa, la radio, la televisión, la literatura, la cinematogracía, y hasta por la pintura y la música, sin olvidar los ejercicios espirituales sui géneris que son en tales condiciones las asambleas políticas y sindicales, forman la superestructura intelectual de la contrarrevolución stalinista, del capitalismo de Estado (1)

*Acepción revolucionaria*. En la medida en que cabe emplear la palabra *autocrítica*, no significa otra cosa que la reflexión de una persona sobre su propia actuación e ideas, reflexión no impuesta ni hecha a petición, lo que implica falsedad, sino espontánea, surgente del libre albedrío de cada uno y siempre sin consecuencias represivas. Cualquier revolucionario, cualquier persona honrada se hace esa crítica a lo largo de su vida, según su capacidad introspectiva. Está contenida en lo que se llama experiencia, sin que lo nieguen las experiencia negativas, reaccionarias o criminales, de las que no cabe tratar aquí. Zinovief hacía su propia crítica cuando declaraba en privado: "Los dos grandes errores de mi vida son, haberme opuesto a la insurrección de Octubre y haber apoyado a Stalin contra Trotzky"; pero mentía, extenuado por la tortura, cuando, ante el verdugo predilecto de Stalin, el blanco Vichinsky, declaraba, ya con tenue voz de enterrado vivo, ser una sabandija inmunda movida por Hitler contra el "genial Stalin", los dos próximos aliados.

(a continuar)

Septiembre 1970 — G. Munis

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(1) "L'Aveu" de J. London, libro y film, da una idea de la técnica policíaca puesta en juego para obtener "autocríticas" y "confesiones". No así de su significación profundamente reaccionaria. London, quien, por otra parte, ha puesto su grano de arena en la derrota de la revolución española y en la falsificación de su historia, no abrió la boca durante los grandes procesos de Moscú, ni más tarde en Checoslovaquia misma, hasta que le tocó en suerte a él, seide de Stalin y de Rakosy, hacer de "sabandija inmunda". El personaje no pasa de ser, hoy, un suspirante de lo que burgueses y stalinistas coinciden en llamar "socialismo de faz humana". Véase la significación de ese ripio en la continuación de este trabajo. Para información revolucionaria sobre la represión stalinista: León Sedov: "Livre rouge des procès de Moscou"; V. Serge: "16 fusilados", "Retrato de Stalin", "El asunto Tulaef"; L. Trotzky: "Los crímenes de Stalin"; Anton Ciliga: "Au pays du mensonge deconcertant", más los dos tomos de la Comisión de Coyoacán: "Not Guilty" y "The Case of Leon Trotzky".
