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Title: «La toma del poder mundial», por Jean Carral, con comentario de la redacción de Alarma
Description: Fragmentos del libro de Jean Carral sobre la explotación de Europa del Este por la URSS y comentario crítico de la redacción.
Author: Jean Carral; Alarma
Date: 01/07/1971
Category: Alarma (nueva serie) n.º 18
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1971-07-la-toma-del-poder-mundial-por-jean-carral
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*Alarma*, nueva serie, n.º 18, julio de 1971 (págs. 5-9). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1971%20Alarma%2018.pdf)

*Denoël 1971 (Fragmentos)*

El COMECON constituye, antes que nada, una empresa comercial.

En efecto, desde 1945 aparece claro que ella (Rusia) se propone aprovechar su posición de fuerza haciendo apenas diferencia entre las antiguas naciones enemigas y las antiguas naciones aliadas: no hay límite neto entre el colonialismo confeso, "justificado" por la guerra, respecto de Hungría, Rumania y Bulgaria y el sistema colonialista establecido de hecho en Polonia "amiga". A las antiguas naciones que fueron del Eje les impone tributos de guerra, reparaciones, gastos de ocupación abrumadores, que sorben partes enormes del producto nacional. Rumania paga un tributo estimado en 84 % de la renta nacional, hasta 1948. El 65 % de la producción húngara es entregada en 1946 a título de reparaciones.

Por su lado, Polonia se ve obligada a conceder a la Unión Soviética importantes cantidades de carbón, al décimo del precio mundial de la época, según acuerdo de "cooperación económica" firmado en 1945.

Después se establecen en toda Europa del este tratados comerciales similares con la Unión Soviética. Polonia y Hungría firman en 1947; Checoslovaquia, que hasta entonces había conservado las manos relativamente libres, pasó por el aro económico soviético mediante fuertes presiones y algún préstamo consolador; Bulgaria firma en 1948.

Primer característica esencial del sistema es la organización de *intercambios forzados* entre las naciones europeas y la URSS, lo que confiere a ésta un privilegio comercial. Si el privilegio absoluto de 1945 —gracias al cual la Unión Soviética llegó a controlar hasta el 91 % de las importaciones búlgaras, el 93 % de las importaciones polacas, el 90 % del comercio exterior rumano— no se mantuvo, el sistema elegido por la URSS es evidentemente el *privilegio relativo*: ratificado por 25 años, tiende a prolongarse. Ninguna nación del Este ha escapado a él, ni siquiera tiende a escapar. Así, la parte soviética en el comercio de Checoslovaquia, de 6 % en 1947, pasa al 27 en 1950, al 39 % en 1963, baja a 35 % en 1967, para reforzarse pronto después de la intervención de 1968. En 1958, Alemania entrega a la URSS el 50 % de sus productos exportados. Según acuerdo sovieto-búlgaro para 1966-67, la parte soviética en el comercio exterior de dicha nación debe pasar de 57,5 % a 60 %.

Paralelamente, el monto de intercambios entre los países europeos orientales tiende a disminuir y cae a la mitad entre 1955 y 1965. Veinte años después de la creación del Consejo de Ayuda Económica Mutua, asombra constatar que no tienen sus miembros ningún acuerdo colectivo aduanero, lo que contribuye a complicar los intercambios entre los países europeos y a ponerlos aún más bajo el liderato soviético.

¿Cuál es la significación de los intercambios forzados? De hecho, las naciones europeas se convierten, mediante cadenas comerciales, en productoras forzadas al servicio de la Unión Soviética: todo ocurre como si la última tuviese a su disposición una parte de sus aparatos de producción. Representando la parte soviética de las exportaciones 30 % de la renta nacional en Checoslovaquia, 40 % en Hungría, los intercambios forzados equivalen a una alienación mayoritaria de los instrumentos de producción nacionales. Por lo demás, fué insensiblemente, desde los primeros tratados comerciales, como se pasó del acaparamiento puro y simple de fábricas y de bienes a título de "reparaciones", a la cooperación y a la "ayuda mutua". *Hasta 1963, las compensaciones de guerra estuvieron integradas al funcionamiento del COMECON.*

Por otra parte, en la medida en que tienen que absorber los productos impuestos por la Unión Soviética, las naciones europeas son también compradores forzados de su producción: Checoslovaquia y Alemania del Este se ven así constreñidas a consumir, sólo ellas, el 28 % de las exportaciones soviéticas.

"Dicha política no puede compararse sino a la política practicada por las grandes potencias coloniales en Africa, Asia, América Latina, antes de la primera guerra mundial" —escribía *Rude Pravo* tras la intervención soviética en Checoslovaquia.

Una política de precios completa el papel de "América Latina de la Unión Soviética" reservado a Europa oriental. Tocante a tarifas, se pasó insensiblemente de la absorción de materias primas practicada en Rumania y Bulgaria, al "sistema socialista de precios". Bulgaria entrega su tabaco a precio irrisorio; Polonia suministró carbón, durante varios años, a la misma tarifa de miseria. La totalidad de los precios este-europeos es muy inferior a los cursos mundiales...

En cambio, la Unión Soviética vende sus productos manufacturados a precios netamente superiores a los cursos mundiales.

En 1962, Hungría tuvo que aceptar la entrega a la URSS de su única materia prima industrial, la bauxita, en cantidades crecientes a partir de 1967; no consigue el derecho de crear por sí misma una industria de aluminio.

A partir de 1950 (Rusia) teleguía en toda Europa del Este una "industrialización forzada". Las acererías húngaras de Dunapentele, las polacas de Nowa Huta, los altos hornos checos se ponen a trabajar con mineral de hierro soviético, muy caro, mientras quedan abandonados los recursos nacionales de ese mineral o bien son entregados a la URSS.

El "oleoducto de la amistad" lleva petróleo hasta Alemania oriental y Bratislava, regando de paso toda Europa del Este: está previsto un segundo ramal para Hungría en 1973. A partir de ahora, Checoslovaquia, Alemania y Polonia dependen ya totalmente de la URSS tocante a sus necesidades en petróleo.

Con el monopolio, el monopolio de los precios: la URSS factura su petróleo a curso netamente superior al curso mundial, llegando a la ironía de facturar dos veces más caro a las naciones socialistas que a las capitalistas (a Italia por ejemplo).

Para el conjunto de los productos, las tarifas monopolistas de la URSS son 70 % más altas que las tarifas mundiales.

En 1968, Checoslovaquia entregaba el 50 % de la exportación de sus productos manufacturados. En toda Europa del Este existen fábricas cuya producción entera es entregada a la URSS: la industria química este-alemana está acaparada en gran parte por los soviéticos y la fábrica Fritz-Hekert-Werke les entrega el 60 % de sus máquinas fresadoras. La empresa Irakus, de Budapest, la mayor fábrica de autobuses de Europa del Este, está destinada a mandarles la mayoría de su producción de vehículos. Checoslovaquia cede la mayor parte de sus locomotoras y motores Diesel, de sus trolebuses; entrega también tranvías, transformadores, equipo para industrias químicas, petroleras y alimenticias.

Como los precios de compra de tales bienes de producción son siempre inferiores a los precios mundiales, se estima que la Unión Soviética obtiene en Europa del Este una rebaja global de 23 %.

El dinero soviético es impuesto como especie de cuenta del "bloque", convirtiendo a la Unión Soviética en el "banquero obligatorio" de Europa del Este. En efecto, tal práctica obliga las naciones del Este a dejar los pagos en rublos que les adeuda la Unión Soviética en los bancos de Moscú; engruesan allí la acumulación del capital soviético. El sistema monetario permite a la Unión Soviética enriquecerse con sus deudas, al modo del Gold Exchange Standard.

Una parte de los vehículos checoslovacos adquiridos por la Unión Soviética a bajo precio es revendida a precios mundiales a los países socialistas pobres. Se pueden citar muchos otros ejemplos: los productos químicos este-alemanes, los tractores búlgaros, etc.

Esa tendencia monopolística se concretiza notablemente en el suministro de armamentos, que constituye un tipo de intercambio "vinculado" a una presión política. En ese dominio, el hermano mayor socialista no hace regalos a las nacio
nes pobres: primero se deshace de sus armas viejas; vende siempre su material militar. Vietnam del Norte, aún bombardeado por los Estados Unidos, ha tenido que *comprar* sus armas a la Unión Soviética hasta 1967. En menos de dos años, la URSS ha vendido alrededor de 3.000 millones de dólares de armas a los países árabes subdesarrollados, pagables en mercancías locales a bajo precio.

Cuba, en lugar de comprar directamente petróleo a la nación hermana argelina, se ve obligada a pasar por la Unión Soviética. Europa del Este se ve obligada a comprar gas al "hermano mayor", pues la Unión Soviética se opone a la recepción directa del gas argelino.

La nueva política petrolera soviética consiste en apoderarse del control de numerosos yacimientos en el Tercer Mundo (Argelia, Egipto, Siria, Irak) y también en establecer convenios clásicos con Irán, Arabia Saudita, a fin de *revender luego una parte*, reproduce, a 30 años de distancia, la política americana. La Unión Soviética se interesa también en el petróleo boliviano y al parecer busca revendérselo a Cuba.

Por otra parte, el capitalismo de Estado soviético asimila rápidamente las técnicas financieras y va derecho a lo esencial: la retención de capital. Así, pide a sus compinches económicos del "mundo libre" *financiar* mediante préstamos las entregas soviéticas, sistema es igual al de los empréstitos americanos o los créditos forzados acordados a los Estados Unidos en el marco del Gold Exchange Standard. Por otra parte, el sistema bancario soviético se desarrolla en todo el mundo y se adapta fácilmente al funcionamiento capitalista. Ya existen trusts soviéticos con participación capitalista, tal la sociedad petrolera Nafta, fundada en 1967. En 1970, un banco soviético se asocia a bancos occidentales para hacer inversiones en Brasil.

En fin, sabe perfectamente sacar provecho de las especulaciones monetarias del "mundo libre". Su participación en el sistema de eurodólar es importante y substanciales sus beneficios durante las manipulaciones de 1969.

La enorme acumulación de capital de la URSS, que ha cuadruplicado entre 1950 y 1966, no admite comparación con la expansión y el aumento de productividad de su economía.

Dicha política continúa con la instauración de sociedades mixtas sovieto-europeas, cual la sociedad financiera franco-soviética, en cuyo seno Francia costea las compras soviéticas mediante créditos a largo plazo, que transforman sus ganancias en *haberes soviéticos*: es el propio mecanismo del Gold Exchange Standard. Están previstas semejantes sociedades con otros Estados europeos, en particular los que también deben recibir gas natural soviético. Asistimos así a la diseminación de bancos soviéticos en Europa Occidental —el "Banco de Europa del Norte", las numerosas sucursales del "Moscow Narodny Bank"— cuyo cometido es recoger fondos privados europeos en su fuente misma. En fin, las inversiones en Siberia, —proposición antes reservada a los satélites— son ofrecidas ahora al Japón y a los occidentales.

Conectada con la máquina económica mundial, control de controles, la moneda es el último reflejo —reflejo decisivo— de la cooperación americano-soviética. Cambiando oro —del cual es gran productora— contra dólares en Suiza, dejando esos dólares en el mercado europeo, la Unión Soviética ha participado en gran escala al sistema de eurodólar y contribuye a inflar la masa de capitales puestos a disposición de la economía americana para invertir en Europa Occidental. *Todo ocurre como si los soviéticos pagasen a los americanos para comprar Europa Occidental.*

No han faltado, por otra parte, apoyos soviéticos al dólar: en 1964 y en 1967 los bancos suizos prestan oro soviético a los Estados Unidos para sostener el dólar. Después, la Unión Soviética participa en todas las campañas de especulación contra las monedas europeas, a mayor provecho de la moneda americana. En fin, la Unión Soviética ha aceptado que el dólar, bajo la forma de "clearing dollar", presida los intercambios entre oriente y occidente.

Por su lado, los Estados Unidos hacen que la Unión Soviética saque provecho de las devaluaciones de las monedas europeas, que han rebajado los precios de exportación de sus dos principales coadyuvantes económicos europeos, Francia e Inglaterra. Además, éstos aceptan como moneda internacional el "rublo transferible" instituido por la Unión Soviética en 1970.

De hecho, la cooperación va en delantera de la competencia. ¿Qué factor ha jugado? Ha sido algo espontáneo, algo de vaporoso y profundo, algo directamente vivido sobre el terreno; al contacto de las realidades. *Es un interés de clase.* La larga historia que va de la guerra fría a la cooperación nuclear de Viena es la historia *de una adquisición de consciencia de clase* por las naciones americana y soviética: la clase monopolista, explotadora de otras naciones.

(Fragmentos entresacados de las páginas 111 a 199)

## Comentario de la redacción de Alarma

El libro de Jean Carral cuyos fragmentos hemos traducido arriba, está enteramente destinado a convencer, con cifras y hechos muy abundantes, de que Estados Unidos y Rusia constituyen "una sóla potencia —aunque bicéfala—" en trance de deglutir la totalidad del poder económico mundial. Los datos relativos a la absorción de la riqueza europea por el capital yankee son copiosos y pordemás explícitos. Es supérfluo citar aquí ninguno, porque la naturaleza imperialista del megalítico poderío de Estados Unidos constituye hoy el más común de los lugares comunes. Demasiados son quienes se pretenden revolucionarios sin llevar encima otro bagage que esa rudimentaria y manoseada noción.

Mucho más aprovechables son los datos referentes a Rusia, de los cuales damos una selección. Cada uno de ellos inflige un bochornoso mentís a cuantos pretenden, ¡todavía!, que Rusia no es una potencia imperialista sino un "Estado Obrero degenerado". La incoherencia y la indigencia teórica en que han caído quienes eso afirman es rayana en la imbecilidad. Admiten —aunque no todos— que existe explotación del proletariado ruso por sus gobernantes, pero se escandalizan cuando se les dice que explotan también al proletariado de otros países, que es lo característico de la función imperialista. Parece fuera de sus alcances mentales que la explotación se ríe de las fronteras, y que su existencia, aún limitada a una nación por flaqueza económica de la misma, delata la presencia del capitalismo. Tan enorme y conservador disparate, que se extiende en ellos mucho más allá de ese problema, esteriliza cuanto de revolucionario pudieran tener. A confundirlos dedicamos las citas anteriores.

"La Prise du pouvoir mondial" es un libro muy útil para apoyar el pensamiento revolucionario, pero no es él mismo un libro revolucionario. El autor no se toma la molestia de decir una sóla palabra sobre las relaciones de producción que han engendrado el imperialismo ruso, tampoco sobre el proceso regresivo político-social que va de la revolución a la contrarrevolución. Por graves que sean, tales omisiones podrían ser achacadas a la estrechez visual de un especialista de la economía, si la idea central de su obra, además de falsa, no fuese uno de los estribillos de la murga publicitaria china.

La colaboración entre potencias imperialistas ha existido siempre. En el caso de Rusia y Estados Unidos ha existido incluso durante el período más álgido de la guerra fría, y su peor aspecto es el político, no el económico. Lejos de eliminar la rivalidad entre ellas, cual afirma Carral, va configurándola de conflicto en arreglo y nuevo conflicto. Y no porque hoy se reduzcan a dos los imperialismos de gran fuerza económico-militar queda excluida de su colaboración-rivalidad la amenaza de guerra. Es China la que pretende meter la idea contraria en la cabeza de las multitudes, a fin de capitalizarla para sus finalidades, que no son ni pueden ser sino imperialistas.

Que Carral se abstenga de analizar el proceso contrarrevolucionario que hizo de Rusia la segunda de las potencias imperialistas valiéndose siempre de la vo
cinglería anti-imperialista, hace sospechar que escribe por cuenta de Pekín. A menos que su candidez sea desmesurada. Cae de su peso, en efecto, que la China de Mao Tse-tun, su estructura económica y su superestructura política son engendro y calco de dicho proceso. El mismo origina la rivalidad y la oposición de intereses con Rusia, así como la política exterior china, tendente a cortar el paso a la lucha mundial del proletariado, en pro de un "enfrentamiento entre los pueblos" y el imperialismo americano-ruso. En suma, es la política exterior del último ladrón imperialista llegado.

Por lo demás, repitamos lo ya dicho en *Alarma*: China no subirá muy arriba en el escalafón de las potencias mundiales, sin ayuda y complicidad de uno de los dos gigantes imperialistas. Nuestra apreciación nos ha permitido prever la virada actual de las relaciones chino-yankees hace más de diez años, así como el término de la guerra sub-imperialista de Vietnam por un nuevo reparto de la península indochina en que participase China con porción mayor que antes.

La única tesis política de todos los pro-chinos, hasta "l'Idiot International" y ROUGE, no ha resistido a una partida de Ping-Pong.

El análisis de la contrarrevolución stalinista de que Carral ha prescindido, ha sido hecho en el opúsculo "Los revolucionarios ante Rusia y el stalinismo mundial" (existe edición francesa) y precisado políticamente en "Pro Segundo Manifiesto Comunista" de Fomento Obrero Revolucionario. A ellos remitimos a nuestros camaradas y lectores. Los datos de Carral confirman hasta la saciedad dichos análisis, que comprenden también el régimen Chino.

ALARMA
