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Title: Las huelgas de Barcelona y de la cuenca minera asturiana
Description: La huelga de la SEAT contra los despidos y la de los mineros asturianos por las 40 horas, y las reivindicaciones que deberían orientarlas.
Date: 01/10/1971
Category: Alarma (nueva serie) n.º 19
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1971-10-las-huelgas-de-barcelona-y-de-la-cuenca-minera-asturiana
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*Alarma*, nueva serie, n.º 19, octubre de 1971 (págs. 1-2). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1971%20Alarma%2019.pdf)

La solidaridad con los despedidos de que sin cesar da muestras el proletariado español es uno de los aspectos más prometedores del proceso de lucha en gestación. En ese sentido, los trabajadores de la SEAT barcelonesa han dado un importante paso adelante intentando forzar la vuelta a sus puestos, contra la voluntad de la dirección, de los veintitantos obreros despedidos por ella. Y su resistencia al tiroteo de la policía que asedió la fábrica es muy elocuente sobre el estado de espíritu que reina. No se trata de algo casual, producido por las condiciones particulares del conflicto en SEAT. En todo el país, la clase trabajadora mira con admiración y aprueba unánimemente a sus camaradas de Barcelona, pues sabe que en cualquier sitio y momento pueden producirse choques con la policía. Motivos sobreabundan, aunque los deseos estén retenidos por diversas causas, entre las cuales la represión ya no es siquiera la principal. Antes de seguir adelante en este comentario, transmitamos nuestro fraternal saludo a los huelguistas y en particular a los heridos y a las víctimas de la represión policíaca.

Lo que asombra es que en las condiciones en que actualmente se encuentra el proletariado no estallase en Barcelona, horas después de conocida la agresión armada gubernamental, la huelga general de protesta y solidaridad. Probablemente, los hombres de la SEAT misma habrían conseguido desencadenarla, si se hubiesen presentado, por grupos poco numerosos que escapan a la policía, en fábricas y barrios obreros al grito de: ¡HUELGA GENERAL!

El caso es que no ha habido en cuanto a solidaridad sino paros parciales, sin consecuencias para el poder ni para el capital. Y lo probable es que de eso sean culpables los sindicatos católico-stalinistas dichos Comisiones Obreras. Están entrenándose a producir paros limitados (pseudo-huelgas) a fin de evitar que el proletariado emprenda huelgas generales ilimitadas. Es lo que hacen sus congéneres en Europa.

El problema de los despidos obreros al arbitrio patronal o gubernamental es uno de los más importantes planteados al proletariado. Aunque en ciertos casos se consiga por lucha la reintegración al trabajo, hay que recomenzar de contínuo, y el problema sigue sin solución. No puede tenerla mientras el capital sea *el amo* en cada unidad de producción y en el centro político gubernamental. Pero sí se puede poner proa a la solución reclamando condiciones de trabajo que imposibiliten los despidos, siquiera sea aprobados por la Magistratura. La única Magistratura del Trabajo que los obreros deben reconocer está puertas adentro de cada fábrica y la constituyen los productores mismos. El problema está íntimamente ligado al del ritmo de la producción y al de los reglamentos interiores. Y bien, sobre todo ello, la decisión soberana debe corresponder a quienes ponen en actividad los instrumentos de trabajo. Una huelga que exija eso sentaría un precedente que no tardarían en imitar todos los trabajadores de la Península.

Por su parte, los mineros asturianos de los pozos estatizados, reivindicando 40 horas de trabajo semanales, ponen en juego una lucha que deberá ser llevada hasta el máximo, es decir, hasta un tiempo semanal de labor lo bastante reducido para permitir a cada uno, en particular a los jóvenes, formarse según sus inclinaciones. Las 40 horas fueron conseguidas hace ya unos 35 años, perdidas luego en la práctica debido a derrotas de la clase obrera y *al consentimiento sindical* en Europa, no lo olvidemos. Hoy se puede y se debe reivindicar bastante más, y obtenerlo aún sin salirse del sistema existente. Incluso algunos economistas burgueses (ejemplo, Fourastier en "Les 40.000 heures"), reconocen que consignas como esas son, en general, satisfechas cuando ya están sobrepasadas y se puede alcanzar una reducción mayor. La reclamación de los mineros va apuntada en la buena dirección, pero es todavía muy tímida. La semana no debería sobrepasar en la actualidad 30 horas de trabajo, sin perjuicio de las vacaciones pagadas. Añadamos que, liquidando el capitalismo y organizando la producción con arreglo a criterios socialistas —no estatales—, la disminución sería mayor, por utilización de la técnica al máximo, y por incorporación al trabajo útil de cuantos desempeñan actividades superfluas, parasitarias o perjudiciales a la sociedad, cada día más numerosos.

Pero es también indispensable, urgente, que desaparezca el infame salario base y con él las primas, destajos, bonificaciones, etc., que agravan la explotación. Hay que reclamar pues una paga simple, que comprenda lo que hoy se cobra por estos últimos conceptos. (Para este problema, como para el planteado en Barcelona, véase nuestro "Cómo dar consciencia revolucionaria a las luchas económicas y políticas", en *Alarma* n.º 12, así como "Pro Segundo Manifiesto Comunista").

Las reivindicaciones de la clase obrera están enlazadas unas a otras, y a menos de conformarse con seguir siendo clase explotada, debe formularlas en forma que su desarrollo máximo conduzca a la supresión del capital, y a la instauración de la gestión obrera sobre economía y sociedad. Por ejemplo, el aumento de paga debe llevar a la supresión del trabajo asalariado, o sea, a la utilización de los instrumentos de trabajo y a la distribución de sus productos por los interesados mismos, los obreros y en definitiva la sociedad; la disminución de horas de trabajo debe ser llevada hasta donde lo permita el empleo completo de la técnica, sin explotación, y desembocará en un desarrollo tan alto y universal de la cultura, que desaparecerá la separación forzosa entre trabajo manual e intelectual; la lucha contra la arbitrariedad patronal debe desembocar en la supresión del Derecho mismo del capital, cuyo fundamento principal es la esclavitud del salariato.
