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Title: Mapamundi político: Asia
Description: La intervención indo-rusa en Bengala abre un nuevo foco de guerra mundial en la pugna entre Moscú y Pekín por Asia.
Date: 01/01/1972
Category: Alarma (nueva serie) n.º 20
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1972-01-mapamundi-politico-asia
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*Alarma*, nueva serie, n.º 20, primer trimestre de 1972 (págs. 15-16). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1972%20Alarma%2020.pdf)

La intervención indo-rusa en Bengala ha creado una situación, si no por completo nueva, sí de perfiles lo bastante netos para prever un reñido juego diplomático, próximos desplazamientos de alianzas, y para asegurar que ha aparecido allí un nuevo foco de guerra mundial posible, sin duda el más peligroso de todos. Las Servias y los corredores de Dantzig se encontrarán allí por decenas, llegado el momento.

La nueva sujeción de Bengala "independiente" tiene una importancia capital para la India y para Rusia. No pueden dejar que se les escape, cualquier precio tengan que pagar, incluso la guerra generalizada con todo el arsenal atómico. El papel de la India ha aparecido como el principal y decisivo, sobretodo a causa de su irrupción militar, pero en realidad es secundario, sin dejar de tener importancia. Quien ha movido los hilos del tinglado y dado la señal de avance a las tropas de Nueva Delhi es Moscú. Los Estados Unidos habían costeado gran parte de la campaña electoral de la Liga Awami, actualmente gobierno "soberano" en Daca. Sus intereses en Bengala, crecientes desde la partición e independencia de la antigua colonia británica, les llevaban a favorecer la autonomía del territorio o su independencia, siempre que no debilitase su posición en Pakistán. En ambas zonas, la política americana la inspiraba una estrategia apuntada contra China más que contra Rusia. La súbita maniobra de Moscú firmando alianza con la India cuando ya estaba secretamente decidida la invasión de Bengala, ha hecho pasar la preponderancia diplomática en Daca de Washington a Moscú, y pronto será también la preponderancia económica; en lo militar, aspecto el más importante para todo estado en formación, ya es completa.

Mucho más transcendente que la preponderancia en Bengala o su posesión es para Rusia la alianza con la India. Hay detrás centenares de millones de soldados posibles, en lo inmediato seguridades para su flota de guerra en el Océano Indico, llegado el caso la utilización de bases militares, cual está ocurriendo en Egipto y siempre muy rentables contratos mercantiles.

Lo que Moscú persigue por hoy no es tanto debilitar en Asia a su rival imperialista yankee, cuanto preparar la recuperación, política y si necesario militarmente, de China. Haría concesiones importantes a Estados Unidos, si éstos le dejasen mano libre en tal propósito. Lo que empezó como simple discordancia sobre las "modalidades" de penetración del "socialismo" en Asia se ha transformado en lo que realmente ocultaba: una implacable pugna por la penetración imperialista en todo el subcontinente asiático entre Moscú y Pekín. Más de un millón de hombres con todos sus pertrechos de guerra clásicos y termonucleares hacen frente a China en toda su frontera norte. Desde el pacto con la India y la invasión de Bengala, la frontera sur se ve también bordeada por ejércitos declaradamente enemigos, armados a saciedad por Rusia. La correlación de fuerzas inter-imperialistas ha sufrido una alteración desfavorable para Pekín. Todavía hace seis meses, la OTASE (Organización del Tratado de Asia del Sudeste) contaba con Moscú para "prevenir las tentativas chinas de hegemonía" en la región. Ahora los papeles se invierten: tendrá que contar con China para contener una hegemonía rusa en casi toda Asia, no ya en la región sudeste.

Rusia consentiría más fácilmente con Estados Unidos que con China un reparto de intereses económicos y estratégicos en Asia. En el resto del mundo y a lo largo del tiempo, su enemigo principal no es otro que Estados Unidos. Lo inverso es igualmente verdad. Más en la actualidad domina la preocupación de impedir la expansión china hacia el sur... y hacia el norte. La contigüidad territorial de ambos países, la alucinante densidad demográfica china, transformable en miles de divisiones militares, el hecho de que Pekín ambicione zonas siberianas dominadas por Rusia y en definitiva sustraer a su imperio desde los Urales hasta Kamchatka ("Asia para los asiáticos"), saca de quicio a los hombres del Kremlin, para quienes la herencia zarista es intocable. No menor importancia tiene en tal rivalidad la naturaleza stalinista de ambos regímenes. El de Moscú ya no tiene el monopolio de la falsificación de la verdad tocante a sus métodos policíacos, ni de utilización de la calumnia en escala gigantesca. Calco fiel del suyo, el régimen de Pekín está en condiciones de cantarle la verdad, que conoce por ser también la suya, no menos que de poner en juego la calumnia con recursos también gigantescos. Por todo ello, Moscú tiene prisa en liquidar el rumbo actual de la política exterior china, sea desde dentro, subordinándose otra vez al Partido-Estado chino, sea mediante la guerra.

Sus tentativas en el primer sentido han fracasado hasta ahora. La última ha sido con toda seguridad la que terminó en la desaparición de Lin Piao y en el montón de cadáveres y de chatarra del avión militar chino caído en Mongolia. El recurso al segundo procedimiento gana probabilidades. El movimiento de protección chino no podía ser otro que el acercamiento a Estados Unidos y al mundo occidental en su conjunto. Nuestro análisis de la naturaleza social de Rusia y de China nos permitió preverlo así con años de antelación, cuando todo el mundo consideraba la idea de tal acercamiento como una ocurrencia de lunáticos. Hoy es un hecho, y un hecho mucho más consolidado y amplio de lo que dejan ver de una parte y de otra. De la alta estima en que Washington tiene a Pekín da idea la modificación de la política yankee en el asunto de Bengala. Ha preferido abandonar a otros la nueva nación, cuyas primeras aspiraciones independistas auspició, y por añadidura perder terreno en la India a favor de Rusia, antes que desligar allí su política de la política china. Mientras todos los embajadores americanos en Asia, mal informados, es evidente, apremiaban a su gobierno para que se precipitase en apoyo de Bengala, la flota del Pacífico recibía orden de vigilar estrechamente las idas y venidas de la flota rusa en el Océano Indico. Esbozo claro de lo que ocurrirá caso de conflicto directo ruso-chino.

Un nuevo episodio del mismo y entrecruzado conflicto de intereses está jugándose en torno al Japón. Rusia y China se disputan su "amistad" ofreciéndole respectivamente la explotación en común de las riquezas siberianas y un vasto programa de inversiones en todo el subcontinente asiático. Lo probable en este caso es que China saque ventaja a Rusia, por virtud de los contratos comerciales que puede ofrecerle... y de la trabazón de los capitales japoneses y americanos. Lo contrario desencadenaría la tercera guerra mundial.

Una vez consumada la invasión de Bengala y su separación de Pakistán, Chu En-lai declaró que a partir de entonces el subcontinente asiático no volvería a conocer la paz durante largo tiempo. China se propone, es evidente, intensificar la hostilización militar mediante destacamentos ligeros con base tras frontera segura, las demagógicamente llamadas guerrillas. Pretextos nacionalistas sobreabundan, incluso en la parte oeste de Bengala, donde la India ejerce una represión durísima y constante.

Confiemos en que los revolucionarios no caigan en ningún cepo nacionalista y guerrilleante, quienquiera lo tienda. Todos son substitutos y prolegómenos de una guerra mundial imperialista que los principales interesados no se atreven todavía a desencadenar. La lucha de los explotados no podrá ejercerse y menos progresar, sino oponiéndose sin equívoco a todos los bandos.
