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Title: ¿El petróleo, de quién es?
Description: El embargo petrolero árabe de 1973 muestra el conflicto entre la unidad de la economía mundial y su forma capitalista; el petróleo pertenece al proletariado mundial.
Date: 01/07/1973
Category: Alarma (nueva serie) n.º 26-27
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1973-07-el-petroleo-de-quien-es
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*Alarma*, nueva serie, n.º 26-27, tercer y cuarto trimestre de 1973 (pág. 10, 22). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1973%20Alarma%2026-27.pdf)

La interdependencia de la economía mundial, países débiles y fuertes abarrisco, no es nueva, pero nunca resaltó con tan impresionante fuerza como al reducir los países árabes productores sus suministros al mundo Occidental y al Japón. Para obrero, hambre, penuria de muchos artículos, carestía, serán —empiezan a serlo— consecuencia directa de tal medida. No cierto para las clases y estratos sociales privilegiados, que a lo sumo verán menguados sus enormes beneficios, no la molicie de su vida cotidiana. En los propios países árabes, sufrirán enseguida paro, hambre, etc., los obreros de la industria petrolífera, los otros a continuación, mientras sus gobernantes gastarán en armamento sumas fabulosas y continuarán como si nada su fastuosa dilapidación de sátrapas del tiempo de Artajerjes. Y si la insuficiencia de combustible se prolongase, las consecuencias recaerían en gran escala sobre la totalidad de la clase obrera mundial, sin excluir la de Estados Unidos y Rusia, donde la producción en esa rama basta para sus necesidades internas o las excede. Desde la producción agrícola y de materias primas hasta la de los instrumentos industriales y científicos más perfeccionados, todas las ramas están inextricablemente trabadas entre sí.

Ahora bien, la correspondencia constante, la armonía entre las múltiples ramas es una imposibilidad, no sólo debido a sus numerosos compartimentos nacionales, sino por tratarse, para cada una de ellas y doquiera sea, de viles intereses capitalistas. Cada rama, cada país y grupo de países busca asegurarse el mayor beneficio posible, ciscándose en las consecuencias. La "patriótica" decisión árabe permite a los gobernantes, en lo inmediato, ganar más vendiendo menos, por conjunción de alza de precios y especulación. Su propia mira estratégica frente a Israel, sirve de estribo a ulteriores beneficios económicos y militares, para ellos y aún mayores para sus protectores.

Hay pues conflicto irreductible entre la unidad de la economía mundial y su organización capitalista. La desorganización del propio sistema resultante de la lucha intensificada de intereses contrapuestos la padecen en realidad, únicamente, las clases que no disponen sino de su fuerza de trabajo como medio de vida. Así ocurre y no puede dejar de ocurrir, porque ser asalariado significa no disponer de los instrumentos de trabajo, de qué y cuanto han de producir éstos, ni tampoco de los bienes producidos, que cada trabajador tiene que comprar al capital después de haberle vendido su fuerza de trabajo.

Sin hablar de otros hechos y razones, eso basta para concluir que los intereses de un grupo explotador, siempre presentados como intereses "supremos", "sagrados", de uno o varios países, son incompatibles con los de la abrumadora mayoría social, los trabajadores "nacionales" y "extranjeros" por igual. Y que por ende, nadie tiene derecho a disponer a su albedrío de lo que concierne a la clase trabajadora mundial, es decir, a la humanidad. El petróleo de los yacimientos dichos árabes, no pertenece a la alta canalla de esos países, ni siquiera a sus trabajadores privativamente; es de todo el mundo. La solución está en su expropiación por los trabajadores de los referidos países, pero en nombre del proletariado mundial y poniéndolo a disposición del proletariado mundial. Y déjese la imbécil grita pro árabe (léase pro-rusa) a quienes se colocan al margen del batallar revolucionario por el comunismo, o contra él.

Necesítase sólo añadir que la actitud revolucionaria comporta simetría en cualquier dominio. La industria y todas las posibilidades científicas de Occidente, de Rusia, el Japón, etc., deben ser expropiadas también por los trabajadores y puestas a disposición de la comunidad mundial. Los poderes capitalistas concertarán sin duda un arreglo diplomático, si no lo impone "manu militari" el más fuerte, o bien prepararán otras fuentes de energía. Se manifestará aún de mil modos la contradicción entre la unidad del sistema y su forma capitalista. La engendra la producción mercantil mediante la mercancía trabajo obrero. Precísase suprimir ésta para que se establezca la armonía entre las ramas de producción, y entre ésta y el hombre. La revolución es necesidad mundial urgente.
