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Title: Contra el paro obrero, contra el capitalismo franquista o anti-franquista: poder, armas, economía, al proletariado
Description: Ante la oleada de huelgas y el retroceso del crecimiento capitalista, llamamiento a pasar a la ofensiva y a la expropiación de la riqueza social por los trabajadores.
Author: A. N. y M.
Date: 01/01/1975
Category: Alarma n.º 28
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1975-01-contra-el-paro-obrero-contra-el-capitalismo-franquista-o-anti-franquista
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*Alarma*, n.º 28, 1.er trimestre 1975 (págs. 15-16). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1975%20Alarma%2028.pdf)

Decíamos en uno de nuestros números anteriores, que las huelgas esporádicas habían dado ya de si cuanto podían darle al proletariado, como ejercicio combativo tanto como en adquisiciones inmediatas. También que se hacía indispensable sobrepasarlas simultaneándolas en escala regional y nacional y asignándoles meta política y económica de clase, es decir, revolucionaria. Ahí están, corroborando nuestro punto de vista, la oleada de huelgas de todo el año recien pasado, la más intensa de Europa, y la recentísima de Bilbao, de Zaragoza, de Barcelona (Olivetti, SEAT, etc.), la importancia creciente de las huelgas de solidaridad, y ahí están, reclamando avidamente lo mismo, la retrocesión del crecimiento industrial capitalista y la coincidente crisis del poder político impuesto por la guerra y el terrorismo policíaco incesante.

Lo mejor que los trabajadores españoles han arrancado al capital desde 1960 es la práctica misma de las huelgas, prohibidas por la ley, y sobretodo de las huelgas decididas y discutidas en asamblea de fábrica y obreros agrícolas. Los aumentos de paga no han sido verdaderos aumentos, puesto que procedían del trabajo a destajo, de las horas extra, de las primas, en suma, de mucho más trabajo proporcional que antes. En cambio, y por lo mismo, si han llevado consigo un aumento enorme de los beneficios capitalistas, por consecuencia de la explotación. Todas las empresas nuevas, todos los servicios públicos nuevos, a más de la técnica introducidos desde el Plan de Estabilización, mismos que aparecen como propiedad del Estado o de los burgueses españoles y extranjeros, han sido creados por la clase trabajadora y han sido sustraidos a sus creadores por el mecanismo social capital-salariato.

La expropiación por los trabajadores de toda esa y la demás riqueza social es una exigencia que se presenta por sí sóla y que está latente en toda acción de clase, tanto más cuanto que ya fué realizada en 1936. Hay que hacerla pasar del servicio de los explotadores al servicio de la sociedad. La retrocesión del crecimiento capitalista hace aún más evidente ese imperativo, sin necesidad de que llegue hasta la crisis de sobreproducción. En esta nueva coyuntura, lo que el capital propone como solución tiene bases muy sólidas, bases irrebatibles. Hay que aceptar el paro, la degradación del nivel de vida obrero, a fin de que los beneficios disminuyan lo menos posible, de que aumenten otra vez a continuación y de que se hagan nuevas inversiones para ofrecer "pleno empleo", más horas extra, más destajos, más primas por lo de aquí y por lo de allá. Es rigurosamente verdad. Dentro del capitalismo el círculo es por demás vicioso. A la clase obrera no le queda otra salida que romper el círculo vicioso capitalista y reponer en marcha la economía sobre bases socialistas, terminando con la venta de la fuerza de trabajo que impone un bajo consumo y aún más bajas posibilidades de desarrollo individual, con los gigantescos gastos superfluos del Estado y de las ocupaciones parasitarias, que hacen legión.

Nada de lo que es posible hacer inmediatamente para liberar de la esclavitud, de la penuria o del hambre, de la ignorancia y de la represión a las generaciones actuales y definitivamente a las futuras, es realizable dentro de un sistema que no funciona sino mediante el privilegio, la explotación, el despotismo económico-político de una minoría. En cambio, empezará a serlo en el instante en que el proletariado tome en sus manos la economía, las armas y el poder político.

Reivindiquemos pues aquello que orienta la clase explotada en tal sentido, o que le permite convencerse de tal necesidad. No se trata de devolver al sistema su "buen" funcionamiento, tampoco de mejorarlo, cual pretenden imponernos los falsarios de la reconciliación nacional, sino de derruirlo hasta los cimientos.

En lo político tanto como en lo económico, hay que esforzarse en pasar de la defensiva a la ofensiva. El régimen se tambalea y con él el capitalismo inmundo que vino a defender. Es preciso atacarlos audazmente de frente. Cuando los obreros de la SEAT, pese sus muy criticables reivindicaciones, deciden celebrar una asamblea en pleno Barcelona, rodeados por esbirros del orden, pero con la simpatía general, es indicio claro, entre otros, de que la combatividad proletaria permite ese ataque frontal al sistema. Lo exige, además, el porvenir inmediato, si no queremos caer en el mismo cepo stalino-militar que los trabajadores portugueses.

La revolución comunista está de nuevo a la vista. Pero no se llegará hasta ella por sendas tortuosas.

Sabadell, enero 1975 — A. N. y M.
