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Title: Los payasos de la tele
Description: La aparición televisiva de Redondo y Camacho como ocasión para mostrar el papel de los sindicatos y superar el espíritu sindicalista de la clase obrera.
Date: 01/10/1977
Category: Alarma (tercera serie) n.º 3
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1977-10-los-payasos-de-la-tele
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*Alarma*, tercera serie, n.º 3, [octubre de 1977] (pág. 3). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1978%20Alarma%203.pdf)

Una imagen vale más que cien, mil o un millón de palabras. Es cierto. Nada aleccionador que una imagen para la comprensión perfecta de una idea: es su concreción material. Las palabras pueden aproximarnos a una idea, pueden ayudarnos a comprenderla pero permiten un cierto juego de duda, de interpretación; la imagen no; está ahí, real, univalente.

Hablar del problema sindical, explicar el carácter y función de los sindicatos en nuestra sociedad es una tarea ardua a nada que se pretenda abordar el tema desde un punto de vista de clase y —rara avis hoy en día— con un mínimo de fidelidad al materialismo histórico marxista. Es difícil el tema; no en su parte teórica (papel integrador del sindicalismo, su carácter de mecanismo capitalista etc) ni en su alternativa práctica (organización de la clase como tal en ente revolucionario, sin intermediarios ni domadores) sino en ese algo muy sutil, puente entre ambos términos (teoría y práctica consecuente) que podríamos definir como "credibilidad" o, en palabras más exactas, "toma de conciencia".

Lo realmente difícil es conseguir que la clase obrera que comprende el problema por que lo sufre en su vida cotidiana se despoje de la ideología de delegación que el sistema le ha inculcado y adopte criterios de protagonismo; lo difícil está en conseguir que la clase obrera comprenda la lucha de clases como motor de la historia y no como campo de componendas, arreglos y pactos; lo difícil es —en pocas palabras— que la clase llegue a abandonar posturas gregarias (ovejas y pastores — trabajadores y líderes sindicales) y sea capaz de comprender qué es y que significa ser una clase social y no un rebaño, que crea en sus propias posibilidades como clase.

Esta dificultad tiene un doble origen: por un lado la situación material (explotación, mercantilización de las relaciones, alienación fruto del trabajo asalariado, necesidad vital de la venta de la fuerza de trabajo, etc.) por otro la mentalización (ideología conformista, aprotagonismo social, conciencia productivista), lógica del sistema a la que se ha unido con éxito la deformación de la conciencia de clase aportada por los partidos y sindicatos "revolucionarios" (conciencia reivindicativa, respeto de la legalidad, democratización, autogestión, reformismo, separación de la vida social en aspectos —política, economía, teoría, práctica, etc.).

Si la teoría nace de una práctica y revierte a ella transformándola en otra práctica cualitativamente superior y cuantitativamente mayor (más extensa) no cabe la menor duda de que la toma de consciencia de que hablábamos antes debe ser fruto de un análisis serio de la realidad material (explotación, mercantilización, alienación, trabajo asalariado...) desde la óptica de la lucha de clases (huelga, solidaridad, inconformismo, rechazo del trabajo, manifestaciones...).

Es de esta práctica de donde la clase obrera ha de extraer la teoría revolucionaria que le permita superar la conciencia obrerista que el sistema le impone. El primer e ineludible paso para lograrlo es, en estos momentos sobre todo, la superación del espíritu sindicalista.

Efectivamente: sólo cuando la clase obrera comprenda que todos los sindicatos no son más que elementos del capital; que su única función es la de dominarlos, encuadrarlos y someterlos a los caprichos y necesidades del sistema; que su única pretensión es la de borrarlos del esquema de contradicciones sociales al anularlos como clase; que su máxima aspiración es la de difuminar la lucha de clases en un borroso "entendimiento democrático entre patronal y obreros" (por ejemplo el Pacto de la Moncloa) etc. etc. sólo —repetimos— cuando la clase obrera comprenda este papel real de los sindicatos estará capacitada para emprender su tarea revolucionaria y conseguir la transformación total de la sociedad.

¿Cómo lograr este rechazo total?. Analizando en cada momento de la práctica de lucha de la clase el papel jugado por los sindicatos. Los ejemplos abundan hasta la saciedad: Vitoria, Roca, Huelga del calzado pueden ser los mas destacados pero en realidad todos y cada uno de nosotros, en nuestra vida cotidiana —dentro y fuera del lugar material de trabajo— podemos presentar ejemplos no tan aparatosos pero sí igualmente aleccionados. Hay que hacerlo. Hay que denunciar continuamente las maniobras sindicales, hay que eliminar las diferencias aparentes entre las distintas centrales sindicales y demostrar la irrefutable unidad de sus funciones.

Todo debe sernos válido para lograr eliminar en la clase obrera el espíritu de aborregamiento inherente a la idea sindical. Todo, hasta la aparición en la TVE de los inefables payasos Redondo (UGT) y Camacho (CC.OO.) que demostraron por medio de su cómica actuación a nada menos que 30.000.000 de españoles qué son y qué representan los líderes sindicales.

Superaron con creces y en plan sindicalero la mejor actuación de los astracanarios y cachondos Tip y Coll. Con su imagen televisiva y a pesar suyo apoyaron mas y mejor al asindicalismo propio de la clase obrera que mil discursos y ejemplos. Es el valor de la imagen a que hacíamos referencia. Miles de carnets sindicales rotos y el pitorreo nacional avalan nuestra afirmación: vale más una imagen, aunque esta imagen sea tan a la vez esperpéntica y triste como la de Marcelino y Nicolás (Nicolás y Marcelino) haciendo el payaso gratis en TVE.
