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Title: Ni austeridad ni expansión
Description: Frente a la austeridad y la expansión capitalistas, el proletariado debe exigir trabajar menos y ganar más, y que todo aumento de producción vaya a su consumo.
Author: Alarma
Date: 01/03/1978
Category: Alarma (tercera serie) n.º 4
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1978-03-ni-austeridad-ni-expansion
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*Alarma*, tercera serie, n.º 4, primavera de 1978 (pág. 10). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1978%20Alarma%204.pdf)

Ante el problema que de una manera u otra plantean al proletariado todas las tendencias políticas y sindicales, a saber, austeridad para llegar otra vez a la expansión, el proletariado debe adoptar una actitud y preveer soluciones que le permitan al mismo tiempo desembarazarse de la actual dictadura camuflada, y dar chasco a quienes cavilan imponerle, igual que hizo Franco, una industrialización conseguida a sus expensas y contra él dirigida. Es mentira que el problema económico consista en poner España a nivel de los países más industrializados. El propio Franco utilizó ese camelo para justificar su despotismo e infundir resignación “a los miserables”. No, el problema que tenemos planteado es *idéntico* al de los países altamente industrializados: pasar a un modo de producción y de distribución de los productos que elimine el trabajo explotado. Todas las premisas técnicas, políticas y psicológicas requeridas para tal designio están presentes en España y mundialmente. Alcanzar el nivel del más industrializado de los países no puede ser considerado como un paso progresivo siquiera modesto; se queda en intención redondamente reaccionaria. Porque, cumplida, el resultado sería, para los trabajadores, un ritmo acelerado de productividad con salario relativo decreciente, para el capital poderío económico y político agigantados.

El único progreso real que cabe hoy ha de empezar en una distribución socialista de todos los productos del trabajo; a través de ella hallarán solución revolucionaria todos los demás problemas, pequeños y grandes. Por su parte, el desarrollo industrial, hoy condición y motor de la explotación, transmutado en su contratiro, es decir, en condición y motor de consumo y cultura, no conocería otro límite que las exigencias humanas, garantizando al mismo paso la plena libertad de cada individuo.

Los industrializadores de gobierno y oposición oficial son gente de la patronal, o peor aún, de mente estatalo-patronal. Por más que muchas de éstos hayan estado en la emigración o bien en la cárcel, penan por constituir una patronal más dinámica y unitaria que la legada por Franco. Buena parte de los mismos apuntan ahí a ciencia y consciencia, mas también quienes lo ignoran llegarían, coronado su propósito nacionalizador, a idéntico resultado.

Cualquier obrero sabe por propia experiencia que necesita ganar más trabajando menos, mucho menos, que hoy, y disponer de completa libertad política y de desenvolvimiento de su personalidad. Es esa no sólo una aspiración de la clase trabajadora en general, sino la clave, hoy, de la supresión del capitalismo y del paso a una civilización comunista. Los industrializadores por el contrario, frustran de antemano ese apremio y ponen proa en dirección diametralmente opuesta. Para ellos el consumo de la clase obrera ha de estar subordinado al crecimiento industrial. Lo nuevo en eso no es el hecho en sí, intrínseco e inseparable del capitalismo, sino la estranguladora proporción que adquiere en manos dirigistas, cuyo tipo más acabado, después de los trusts mundiales occidentales y japoneses, es el capitalismo de Estado a la rusa, dependencias comprendidas. Máquinas, ciencia, cultura, información periodística y radiotelevisiva, además de la policía, enderezadas a la finalidad suprema de amarrar firmemente los trabajadores a los instrumentos de producción. Tiempo de trabajo, productividad, salario, empleo y despidos impuestos ora por el Estado, ora por negociación con los sindicatos, lo que también es dictatorial. Y la producción, salvo la indispensable para alimentar el músculo y la procreación del proletariado, consagrada a satisfacer el boato de los privilegiados, más los exorbitantes gastos de guerra, policía y burocracia del sistema. Ninguna política industrializante tiene otro objeto; la del conglomerado actual gobierno-“oposición” moncloista, exactamente igual que ayer la de Franco. Por eso hemos dicho siempre, y reafirmamos en estos momentos, que es reaccionaria de punta a cabo.

Además de por sus métodos de látigo y por su finalidad totalitaria, es también reaccionaria por sus posibilidades estrictamente industriales. En efecto, el monto de industrialización y de modernización técnica que puede alcanzarse manteniendo la clase trabajadora —la inmensa mayoría de la población— sujeta al racionamiento representado por el salario, incluso el mejor, es despreciable comparado al que se obtendría supeditando la creación de industrias exclusivamente a cuanto requiere la plena satisfacción humana de los individuos, en lo material y en lo cultural. Sólo esa actitud es revolucionaria, porque sólo así desaparecerá la explotación y por consecuencia el capitalismo.

La austeridad y la expansión son fases cíclicas de la misma economía capitalista. La fase “expansión” no consiente a los trabajadores consumir un poco más sino a costa de más horas de trabajo y de mayor rendimiento por hora... y aumentando en grando exorbitante los beneficios del capital. La fase austeridad, que prepara siempre la anterior, consiste simplemente en compensar la baja de beneficios de los explotadores disminuyendo de mil modos la ración salarial de los explotados... y vuelta a una progresión de los beneficios. A la fase “expansión” hay que responder, no reivindicando un aumento de salario pequeño o grande, sino exigiendo que todo aumento de la producción pase directa y colectivamente al consumo de los trabajadores. Existen, cierto, muchas industrias, además de las de guerra, supérfluas sino para finalidades reaccionarias. Razón sobrada para reclamar su conversión en industrias de consumo o de máquinas útiles a un consumo acrecentado posterior. A la fase de depresión y paro, o de franca crisis de sobreproducción con paro y hambre en gran escala, se debe responder: ningún despido, ninguna disminución de paga, y número de horas de trabajo proporcionalmente dividido en escala decreciente, solicitantes jóvenes incluidos. Sin hablar ahora de otras medidas complementarias que se encontrarán en nuestro *Pro Segundo Manifiesto Comunista*, luchar por eso y realizarlo es superar definitivamente toda crisis mediante la consecuente supresión del capitalismo, establecer el poder político obrero, y abrir calle a la emancipación de la humanidad.

Por tal modo se reunen de manera contínua táctica y estrategia para la defensa inmediata de nuestra clase y para el derrumbe de la sociedad de explotación. Y la perspectiva de sociedad comunista mundial dejaría de aparecer en lontananza, para ponerse en el Orden del día.

¡ACUDAN LOS REVOLUCIONARIOS A CONCERTARSE CON NOSOTROS!

ALARMA
