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Title: Una página poco conocida de la vida de Gramsci
Description: Artículo tomado de Battaglia Comunista sobre la posición intervencionista de Gramsci en 1914, cercana a la de Mussolini, frente a la de Bordiga.
Author: El archivista
Date: 01/03/1978
Category: Alarma (tercera serie) n.º 4
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1978-03-una-pagina-poco-conocida-de-la-vida-de-gramsci
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*Alarma*, tercera serie, n.º 4, primavera de 1978 (pág. 12). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1978%20Alarma%204.pdf)

*Tomado de* **Battaglia Comunista**, *órgano bimensual del Partido Comunista Internazionalista de Italia, con el cual nuestra tendencia tiene importantes afinidades revolucionarias.* ALARMA.

Recorriendo una Cronología de la vida de Gramsci publicada en el Almanaque del P.C. (el partido stalinista), hemos observado una significativa laguna biográfica y política.

Se trata de la actitud adoptada por Gramsci frente a la Primera Guerra mundial, precisamente en el periodo en que, habiendo adherido al Partido Socialista de Italia, empieza a colaborar en el periódico “El Grito del Pueblo”. Esclarezcamos los hechos.

El 18 de Octubre de 1914, Mussolini, entonces director de Avanti, cuya posición era de completa condenación de la guerra, publicó en ese órgano del partido una “bomba” de artículo: “De la neutralidad absoluta a la neutralidad activa y operante”, en que contemplaba la intervención de Italia junto a la Entente (Francia, Inglaterra, etc.). Al hacer ese salto acrobático, el futuro “duce” fué expulsado de la sección milanesa del partido, y abandonaba la dirección de Avanti, para fundar Il Popolo d'Italia, diario intervencionista (su órgano fascista hasta el final).

Entonces interviene Gramsci, el 31 de octubre de 1914, con un artículo titulado “Neutralidad activa y operante”, defendiendo la posición adoptada por Mussolini. Precisemos enseguida la posición de Bordiga, muy distinta, respondiendo inmediatamente, en “El Socialista” del 22 de Octubre, con un artículo titulado “Por un antimilitarismo activo y operante”, vigorosamente contrapuesto a la fórmula lanzada por Mussolini (Bordiga, digámoslo de paso, estaba ligado por simpatía política con el joven Gramsci desde el congreso de Ancona y a él unido en la fracción intransigente mayoritaria). Gramsci escribía: “la concreción realista de Mussolini servirá para sacudir el torpor de los socialistas y constreñirá la burguesía italiana a romper el equilibrio político creado por Giolitti. En cuanto al compromiso del Partido Socialista Italiano respecto a las resoluciones antibélicas de la II Internacional, quedan relegadas éstas a segundo lugar respecto a la “tarea inmediata del PSI, todavía actual, consistente en conquistar la nación italiana a la Internacional, tarea que le obliga a asumir su función específica, su responsabilidad en la vida italiana. Y en el desenvolvimiento de esa función suya es autónomo... de la Internacional.

Puesto que el proletariado italiano “está por el momento inmaduro para coger el timón del Estado”, decidirse por la mussoliniana “neutralidad activa y operante” “significa volver a dar a la vida de la nación su franco y genuino carácter de lucha de clases”; tanto más cuanto que, respecto al Estado burgués, “sabotear una máquina (pues a un verdadero sabotaje se reduce la neutralidad absoluta, sabotaje por lo demás aceptado entusiásticamente por la clase dirigente) no quiere decir que tal máquina no sea perfecta ni útil para algo”.

Esa posición lo alejó de “Il Grido del Popolo” tanto como de la redacción del “Avanti” en Torino, hasta que, en diciembre de 1915, un año después, volvió como redactor fijo al local del diario socialista para escribir... crónicas teatrales principalmente. Cuando, en febrero de 1917 publica Gramsci el único número de la revista “La Ciudad Futura”, recoge en ella escritos del filósofo A. Carlini, del “socialista” intervencionista y voluntario al frente G. Salvemini, y en fin, de “el pensador más grande de Europa, B. Croce”.

La crisis “intervencionista” de Gramsci, citando aquí “Apuntes y recuerdos” de G. Berti, “no fué simple menudencia, puesto que le impidió unirse al leninismo en Zimmervald y en Kienthal” (Lugares de las dos conferencias internacionales de septiembre 1915 y abril 1916) que denunciaron “la estrepitosa quiebra de la Segunda Internacional, y que constituyeron un paso adelante hacia la lucha real contra el oportunismo, hacia la ruptura y la escisión” (Lenin).

Prosigue Berti: “En eso, Gramsci se quedó atrás, no sólo respecto del blochevismo, sino también respecto de los socialistas internacionalistas italianos: Serrati, Bordiga, Terracini, Tasca y del millar de modestos militantes socialistas que con posición neutralista al principio, y luego de lucha explícita y abierta, tomaron posición contra la guerra desde 1914-15”.

Incluso Togliatti, cuyo “internacionalismo” fue desde luego “más neto y duró más tiempo”, procuró después minimizar el comportamiento de Gramsci y defender la leyenda de la fidelidad de éste al leninismo desde el principio.

Es evidente el hecho que, en el dominio internacional y en el nacional, para toda la izquierda marxista que seguía dentro de la II Internacional, el socialpatriotismo fué el signo inequívoco de la degeneración, y por lo tanto de la traición de los partidos socialdemócratas de dicha Internacional, que renegaron del Manifiesto sobre la guerra del congreso de Basilea (1912), cuyo texto declara abiertamente: “en caso de guerra, los socilistas deben aprovechar la crisis económica y política engendrada por la misma, para precipitar la caída del capitalismo, es decir, aprovechar las dificultades que la guerra crea a los gobiernos y la indignación de las masas en favor de la revolución social”. (Cita de Lenin en “El socialismo y la guerra”).

Por lo tanto, en el apoyo a la guerra, siquiera incierto y aún menos motivado, coincidieron todos los oportunistas y los socialistas chauvinistas, todos los “siervos del imperialismo”, desde Kautsky hasta Plekhanof; en la lucha contra la guerra, por su transformación “en guerra civil contra los gobiernos y la burguesía” cerró filas toda el ala revolucionaria del marxismo, desde Lenin hasta Luxemburgo, desde Trotsky hasta Liebknecht y Bordiga.

No por casualidad, cierto, se encontró Gramsci, a la primera “prueba” importante de su vida política, en la poco ejemplar compañía de todos los marxistas de boca, no en los hechos. En los años sucesivos, después de haber caído en otro grave error de análisis y valoración de la revolución de Octubre, que examinaremos en otro número de Battaglia, Gramsci eludirá reconsiderar siquiera críticamente el socialpatriotismo, y su posición a remolque del intervencionismo de Mussolini.

El archivista.
