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Title: Como los buitres
Description: La tecnoburocracia no es una nueva clase sino gestora del capitalismo decadente; el capitalismo de Estado no supera la explotación asalariada.
Author: J. Costa
Date: 01/06/1978
Category: Alarma (tercera serie) n.º 5
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1978-06-como-los-buitres
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*Alarma*, tercera serie, n.º 5, verano de 1978 (págs. 6-7). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1978%20Alarma%205.pdf)

El burgués “insaciable y cruel” desaparece. El sistema capitalista “insaciable y más cruel aún” continua. Hoy ya no se puede hablar del burgués en tanto que propietario individual de los medios de producción, pues tiende a desaparecer de más en más. La ley de concentración intrínseca al capital impone inevitablemente como condición de continuidad un nuevo tipo de administración. La desmesurada concentración de los instrumentos de trabajo en manos de minorías cada vez más restringidas, el hecho de que las más grandes empresas fusionen, para ser competitivas en el mercado internacional, fundiendo los capitales y que tomen éstos carácter de propiedad colectiva, trastoca el carácter de propiedad convirtiendo directa o indirectamente los patronos en gerentes. En realidad en el presente se les da el título de burgués a los grandes dirigentes de empresa, a los administradores de sociedades industriales y financieras, todo y no siendo propietarios individuales de los medios de producción. Es decir que hoy, sin que necesariamente se haya consumado la máxima concentración del capital (capitalismo de estado) el capital de grupo y los monopolios descalifican al burgués como clase definida del punto de vista jurídico. Además el enorme avance técnico-científico realizado en todos los órdenes, energía atómica, electrónica, cibernética, etc. -avances muy desproporcionados con el progreso social- obligan al sistema a apuntalarse en los cuerpos salidos de la propia burguesía, con todas sus taras, educación y, sobre todo, intereses opuestos a la clase productora: expertos, altos funcionarios, grados del ejército, directores de banca, a los que se suman los burócratas de los partidos políticos y de los sindicatos codo a codo con obispos, arzobispos, comisarios de policía y otras leches paridas y amamantadas por el sistema que además del poder económico dispone del monopolio de la cultura, capas sociales que en todo tiempo han tenido y no dejarán de tener la calificación de casta. De todas formas con el título que cada cual quiera otorgarles, sus intereses estuvieron, están y estarán en el mantenimiento del sistema capitalista puesto que este les da le privilegio de disponer o gozar de la plusvalía, del trabajo no pagado a los productores, de la explotación.

En ese sentido es más que necesario otorgarles a los herederos de la contra-revolución rusa -los mal llamados partidos comunistas- el título de los más interesados representantes de toda esa casta reaccionaria puesto que ellos son, sin duda alguna, los más conscientemente determinados en centralizar toda la economía en manos del estado. Lo que les permite presentarse como los mejores defensores de las nacionalizaciones enfrente de los monopolios, por el desarrollo de la industrialización y producción a ultranzas usando un lenguaje demagógico haciendo creer que luchando contra los monopolios luchan contra el gran capital cuando en realidad defienden un monopolio más fuerte, el de estado, sin perder de vista, claro está, la seguridad del sistema capitalista. Su objetivo es claro, para ellos no se trata de destruir el estado actual sino la de posesionarse pura y simplemente de él.

Si hablando de tecnocracia y burocracia metemos el acento sobre el P“C” y no lo hacemos por igual con el P“S” es por entender que el enemigo de clase más consciente, más experiementado y sin duda el más perverso es precisamente en grado muy superior el P“C”. El P“S” no ha dejado de ser nunca una organización en perfecta armonia con los poderes establecidos, magníficos para la democracia parlamentaria, pero que en el presente y provenir están condenados a no poder jugar papel revolucionario alguno. Solo el P“C” es el que está en consonancia con la evolución nefasta del capital hacia su máxima concentración.

Otras corrientes hay dichas del movimiento obrero revolucionario que hacen objetivamente el “caldo gordo” a la contrarrevolución. Estas son las que en sus escritos, análisis y propaganda asimilan la propiedad de estado al socialismo y en su miopía teórica no ven la función social del capital mas que a través de una clase propietaria de los medios de producción. Otros hay que faltos de ese “burgués insaciable y cruel” se la componen para titular a la técnico-burocracia de “una nueva clase”. Unos y otros ven en el estado propietario un orden superior y consideran dicha estructura como una etapa necesaria al devenir histórico. Consecuente con esa concepción apoyan y dan por positivo todo fortalecimiento del estado. Es decir que prácticamente actúan de acuerdo con la propia dinámica del sistema.

Por nuestra parte afirmamos que la dinámica del sistema no preludia como progreso social mas que la negación del hombre y su destrucción. Hoy, todo movimiento que se reclame de la clase obrera que no haya asimilado la función reaccionaria del capitalismo de estado y que no tenga tendencia a evitar que la propiedad de los medios de producción pasen a sus manos seran, quiéranlo o no, aliados de la contrarrevolución.

Nuestro movimiento, en acuerdo con tal definición -definición que los hechos confirman- fija nuestra táctica y método de lucha partiendo del principio de que la propiedad de estado no niega en sí el carácter capitalista del sistema, y que “el capitalismo de estado no es un modo de producción nuevo sino una forma que toma el capitalismo en su fase decadente”. Es decir que el carácter y naturaleza del capital está determinado no por la existencia o no existencia de una clase propietaria y fija sino por las leyes en que funda su existencia. La única clase que determina la existencia del capitalismo es el proletariado. Es manifiestamente innegable que el capitalismo de estado sigue rigiéndose por las mismas leyes económicas de explotación que en el régimen de propiedad privada. Basando su razón de continuidad sobre la compra de la fuerza de trabajo, sobre la ley del valor, piedra angular de su economía. Con la agravante, para el orden social, de que la producción y reproducción ampliada del capital se realiza con un desprecio aún más absoluto del hombre. Todo está determinado por y para el fortalecimiento del estado-patrón. Interesado éste tan solo en acrecentar las fuerzas productivas, exprimir al máximo el rendimiento de los productores y apropiarse lo más beneficiosamente posible de la plusvalía. Es decir que en contra de los que todo lo supeditan al desarrollo técnico industrial otorgándoles un contenido de progreso, nosotros mantenemos que tal progreso está en completa desarmonía con el desarrollo social y como consecuencia es una traba a la marcha ascendente de la humanidad.

Siempre partiendo del mismo criterio nosotros negamos el título de “nueva clase” a la tecno-burocracia por entender que ésta es el producto de un sistema que ya cumplió su cometido histórico. Son los gestores de un sistema decadente que los emplaza a realizar una actividad en oposición a la marcha progresiva, socialmente hablando, de la humanidad. Su razón de ser reside en evitar que el orden establecido se resuelva en otro superior.

Una nueva clase debe ser portadora de cambios radicales en todos los órdenes, fundamentalmente en las relaciones sociales, transformando totalmente todas las estructuras políticas, económicas y culturales del sistema anterior. La historia está llena de ejemplos. El ultimo más próximo a nosotros es el de la propia burguesía; ésta, nadie lo pone en duda, aportó a la sociedad con la destrucción de la feudalidad mejoras en todos los órdenes. Se consolidó ella como clase fecundando a su contrario, al proletariado. ¿Qué nuevo orden, que nueva sociedad crea la tan nombrada tecno-burocracia?. Unos y otros deben su razón de ser a lo señalado más arriba. Son como los buitres: se nutren de la putrefacción de los cuerpos. Se puede dar tantas vueltas como se quiera a la noria. Se puede disfrazar a la mona pero: “aunque la mona se vista de seda, mona es y mona se queda”. Los “socialistas”, los “anarquistas”, los “trotskistas”, los “marginados”, los eruditos, filósofos de moda y toda clase de intelectuales “progresistas” pueden, cada cual a su manera y forma, desgañitarse intentanto falsificar la realidad, con más o menos elucubraciones teóricas, justificando en nombre de “ir al socialismo” el sistema capitalista. Esfuerzo e intento vano. La última palabra para el proceso progresivo de la historia la tienen los productores y no los charlatanes con intereses creados.

“El capital supone el trabajo asalariado, el trabajo asalariado supone el capital”. Sin más formación teórica que la citada más la experiencia práctica de su lucha por la existencia, los explotados empiezan a saber que el peor y más cruel de los patronos es el Estado. A su destrucción debe de tender la lucha y sobre sus escombros el poder obrero organizará una nueva sociedad que para garantizar su orientación en sentido socialista parta inmediatamente de la abolición del trabajo asalariado, de la ley del valor, única seguridad de que pueda ser la sociedad en su conjunto la que disponga de los instrumentos de producción, organizando ésta con arreglo, prioritariamente a poder subvenir a las necesidades de consumo de todos sus componentes. Sin discriminación ni jerarquías. En el mismo sentido debe organizarse la cultura y conocimientos técnicos en general. Lo que permitirá en brevísimo tiempo confundir trabajo manual e intelectual.

El triunfo de la revolución social sobre el capital no será posible mas que si el cambio va precedido de las medidas más radicales para poder condicionar la marcha social en un dinámico movimiento que asegure el auténtico nuevo orden, la sociedad sin clases, el comunismo. Tarea enorme sí, pero facilmente concebible en un tiempo insospechadamente corto puesto que técnica, ciencia, industria, conocimientos, etc. existen incluso en demasia para su realización. Realización que, puntualizamos, no puede ser confiada a organismo alguno ni político ni sindical, por mucho que pretendan pertenecer a la clase y defender sus intereses, sino que ello será posible sólo por la actividad consciente de los trabajadores mismos.

En tanto que organización revolucionaria ligada y formando parte de la clase, no pretendermos ni queremos jugar más papel que el de fomentar la consciencia revolucionaria de clase a fin de lograr nuestro objetivo, la revolución comunista internacional.

J. COSTA
