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Title: Los gastos más criminales
Description: Los partidos socialistas y comunistas como gestores del capitalismo de Estado y la tarea revolucionaria de combatir su influencia.
Date: 01/06/1978
Category: Alarma (tercera serie) n.º 5
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1978-06-los-gastos-mas-criminales
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*Alarma*, tercera serie, n.º 5, verano de 1978 (pág. 10). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1978%20Alarma%205.pdf)

Por haberse realizado en ellas la sustitución de la clase por el partido como sujeto de la revolución, las dos grandes revoluciones del siglo XX, la rusa y la china, han dado paso a la constitución de nuevos bloques imperialistas opuestos no sólo al imperialismo americano sino, sobre todo, entre sí en su afán desmesurado -pero esencial para el imperialismo- de captación de áreas de influencia política y económica.

A esto debe añadirse la estatalización progresiva e irreversible del capitalismo en los países occidentales. Nadie puede negar que tanto en los mismísimos EE.UU. como en las potencias de la Europa democrático-occidental el Estado ha ido transformando su papel de “defensor” por otro más agresivo aún de “gestor” del capital. El ejemplo de la España pos-franquista es suficientemente claro.

Es en este marco político-económico (división del mundo en bloques y papel gestor del Estado) donde los que se autodenominan “partidos de izquierda y representantes del proletariado y sus intereses”, los partidos socialistas y comunistas, desarrollan hoy su “labor histórica”. La de los primeros, los socialistas, está ya muy clara. Sin necesidad de remontarnos a ejemplos como la revolución espartaquista masacrada por la socialdemocracia alemana, podemos hoy contemplar un amplio espectro de posiciones socialistas en Europa: Soares en Portugal cortando de raíz los claveles rojos de las ilusiones revolucionarias; la socialdemocracia alemana transformando su país en un campo de concentración que poco o nada tiene que envidiar al totalitarismo chileno o argentino; los programas económicos y sociales de un siempre “futurible” Miterrand en Francia; la descarada colaboración y sumisión de los socialistas italianos con la Democracia Cristiana del finalmente cadáver Aldo Moro, etc. etc. (1)

Sin movernos ya de España, los devaneos de poder del partido socialista deseoso de demostrar a quien haga falta que ellos están más capacitados que el artificial centro de Suárez para realizar una perfecta gestión de los intereses capitalistas.

Dentro de esta línea de gestión capitalista “desde la izquierda histórica” los partidos comunistas occidentales han elaborado una nueva estrategia: el eurocomunismo. Colocados en la órbita del imperialismo yankee han debido rechazar el dominio soviético y presentar al “Tío Sam” un programa de gobierno capitalista estatalizado más razonable, convincente y sobre todo eficiente que el sistema oriental de la burocracia de partido.

En unos y otros, socialistas y comunistas, hay un deseo común: la conquista del poder, la gestión del capitalismo; un sistema común: la adecuación del capital a una situación interimperialista de bloques; un momentáneo respaldo común: la sumisión del proletariado a sus intereses gracias a la demagogia de programas conscientemente falsos y la acción embrutecedora de mecanismos de integración como los sindicatos y la burocracia del partido; una panacea común: la democracia.

En definitiva y en pocas palabras: ambos tienen en común una base teórica y práctica aparentemente reformista. Leer hoy a Carrillo, oir alguno de sus discursos o los de Marchais o Berlinguer, hojear uno cualqueira de los programas de los partidos socialistas (aparte el tufillo a podrido que produce el cadáver ya corrupto de la II Internacional) o asistir al mítin de cualquier central sindical es recordar íntegro el programa, los textos y los mítines de todos los Bersteins y Kautskys que ha producido el reformismo.

Pero existe una diferencia esencial: aquel reformismo era el fruto de una situación ascendente del capital y de una interpretación errónea del marxismo. Estas posiciones de hoy, estos programas “democráticos y estabalizadores” de socialistas y comunistas son fruto de una etapa de descomposición total -esencialmente económica- del capital, de la estatalización de la gestión capitalista, de las luchas imperialistas y sobre todo no de una errónea interpretación del marxismo sino de un análisis capitalista cien por cien de las necesidades contrarrevolucionarias del sistema.

Nunca la lucha de clases debe reducirse al simple marco económico. Nuestra labor como comunistas debe atacar directamente no sólo a la base económica del capital (ley de valor-trabajo asalariado) sino también a la acción contrarrevolucionaria de los mal llamados partidos socialistas y comunistas en cuanto gestores presentes o futuros del capitalismo de estado. Por eso hoy la lucha ha de ser eminentemente política. Y esto no como “alternativa de poder” sino como alternativa al poder capitalista: destrucción del estado capitalista, implantación de la dictadura del proletariado y anulación de las clases eliminando la base económica que las sustenta.

Por eso nuestra tarea actual pasa ineludiblemente por combatir en el seno de la clase obrera la influencia negativa de los programas socialdemócratas (contrarrevolucionarios) de los partidos políticos de “izquierda” y la práctica de sus instrumentos de aborregamiento: partidos y sindicatos. Sólo así nuestra tarea irá encaminada hacia el cambio social.

(1) *La elección de Pectini para Presidente de la República es un claro ejemplo.*
