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Title: Clase obrera y sindicatos en Estados Unidos
Description: Las huelgas ferroviaria y minera de 1978 en Estados Unidos, la rebelión de los obreros jóvenes contra el trabajo y el papel policial de los sindicatos.
Author: N.O.
Date: 01/09/1978
Category: Alarma (tercera serie) n.º 6
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1978-09-clase-obrera-y-sindicatos-en-estados-unidos
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*Alarma*, tercera serie, n.º 6, otoño-invierno de 1978 (pág. 5). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1978%20Alarma%206.pdf)

La reciente huelga nacional de ferrocarriles, ha sido tachada por la dirección de ilegal, salvaje y concerniente a toda la industria. La huelga minera (carbón) y la serie de huelgas del verano, culminaron en la huelga nacional de ferrocarriles en septiembre y han planteado, por primera vez desde hace décadas, el problema del TRABAJO Y LA CLASE OBRERA. El trabajo es fastidioso, y por serlo lo odian los obreros jóvenes. Los obreros que lo aceptan sin rebelarse son cada vez más raros. Esa es la causa de que la productividad haya bajado tanto en Estados Unidos, de que el absentismo sea tan frecuente y de que los obreros, insatisfechos, corran de un trabajo a otro.

Sería gran error separarse de esa juventud obrera so pretexto de que todavía no es bastante rebelde. Lejos de desentenderse de ella, los rebeldes debemos profundizar su rebelión. Hay quienes pretenden que apoyar a los obreros en huelga es de hecho ayudar la corrupción sindical. Pero en realidad, hoy, en 1978, los obreros ferroviarios y muchos otros no se declaran en huelga porque el sindicato les de la orden. Se declaran en huelga para hacer frente a los patrones. Durante las huelgas de ferrocarriles, la minera y muchas otras, la dirección sindical ha estado del lado de los patrones; y los obreros lo saben.

La mayor parte de los obreros desprecia toda dirección sindical; saben mejor que nadie lo corrompidos que son sus componentes. Saben que los líderes son agentes de las compañías y por eso la mayoría de los obreros no acuden a las reuniones convocadas por los sindicatos. En cambio, no vacilan en declarar la huelga. Y cuando lo hacen, atacarlos por no haber roto completamente con los sindicatos es cobarde, especialmente ahora, precisamente cuando empiezan un nuevo movimiento de los obreros. Esa ruptura hay que favorecerla por todos los medios.

La huelga nacional ferroviaria terminó el 30 de septiembre, por imposición del jefe sindical F.J.Kroll. Así se planteo otra vez el problema de los sindicatos. Durante la huelga minera, los dirigentes sindicales se esforzaron en romperla; la huelga de ferrocarriles ha sido efectivamente rota por el sindicato. En estos momentos, los obreros almacenadores de la Carolina del Norte luchan desesperadamente contra un sistema de planeamiento y control del trabajo mediante computadores. ¡Quienes no realicen la cantidad de trabajo que la máquina les asigna, quedan despedidos! La lucha contra ese sistema llamado Seguro (Safeway) es una rebelión directa contra el carácter insoportable, totalitario del trabajo. Es la huelga más importante del país en estos momentos. El sindicato está rompiéndola descaradamente.

Actualmente los trabajadores se ven atacados. Los capitalistas restringen los salarios, cierran fábricas, y automatizan. Muchos piensan: la automación es excelente; que trabajen las máquinas. ¿Quién lo negaría? Los hombres podrían quedar exentos del trabajo abrumador y éste recaería en las máquinas. Sinembargo, para que la tecnología libere, tiene que ser liberada ella misma. Pero el objetivo de los capitalistas al implantar automación y computadores consiste en agrandar su dominio sobre la clase trabajadora y sobre la sociedad entera. Las máquinas sirven actualmente para domeñar a los trabajadores y los trabajadores no quieren dejarse domeñar.

El papel de los sindicatos y de sus dirigentes es contener y reprimir la rebelión de la clase obrera. Los sindicatos existen en calidad de policía de las fábricas. Son un brazo del gobierno o bien la toman a su cargo para traicionarla.

Constituye una escapatoria creer que los trabajadores pueden reformar los sindicatos desembarazándose de las direcciones corrompidas. Los sindicatos como institución están por completo integrados en la estructura estatal y por ello no pueden ser reformados. Tanto ellos como el Estado a que sirven deben ser totalmente rechazados. En cuanto al espejismo de un sindicato nuevo e independiente, organizado contra el viejo sindicato y el Estado es algo tan caduco como irrealizable. ¡ Es el sistema entero el que debe ser hecho añicos !

California. Noviembre 1978

N.O.
