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Title: Rutina y revolución IV
Description: Burla de las frases célebres de los políticos de la Transición, en particular de Felipe González.
Date: 01/09/1978
Category: Alarma (tercera serie) n.º 6
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1978-09-rutina-y-revolucion-iv
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*Alarma*, tercera serie, n.º 6, otoño-invierno de 1978 (pág. 11). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1978%20Alarma%206.pdf)

## (O “de cómo Felipe González está a punto de morir de diarrea celebral”)

Entre los líderes de la nación, los llamados “padres de la Patria”, parece que se ha establecido una especie de concurso para ver quién de ellos lanza al público la frase más chocante, el dicho más cachondón, la idea más genial que rizando el rizo del absurdo consiga asombrar al país y al resto del mundo.

Es como un juego de los disparates pero a lo bestia y a plena luz. Ninguno de los honorables políticos de esta España de nuestros pesares (incluído Tarradellas) parece arredrarse ante la aventura de asombrar a propios y extraños.

Todos, de derecha a izquierda, los del poder o los de la oposición rivalizan en genialidades sin cuento. Desde el apocalíptico Blas Piñas que anuncia las nuevas plagas como aquel que se siente responsable de la moralidad del Imperio hasta el eurocomunista Carrillo que admite una monarquía comunista, todos, absolutamente todos, en un momento u otro han soltado al público su frase célebre. Y la mayoría de ellos han hecho bueno el dicho popular: cuando habla, la caga.

En un principio, debemos confesar que estas frases nos llamaron la atención. Dentro del desolado panorama político y social del país; dentro del aburrimiento que iba invadiendo nuestro cotidiano “soportar la democracia” las primeras genialidades de los líderes y prohombres ponían una nota de cachondez mental. Leer la prensa cada día se había transformado en una especie de alienante caza menor: se trataba de buscar entre las numerosas declaraciones de ELLOS la frase genial o alegre que nos hiciera sonreir un poco. Era, en verdad, un aliciente; te divertía y al mismo tiempo, te permitía -de acuerdo con el tamaño de la burrada que habían dicho- calibrar el grado de deficiencia mental de sus autores.

Camacho: “No hay más salida a la crisis que el pacto a cuatro bandas”. (¿De qué “bandas” de forajidos hablaba Camacho?).

Martín Villa (refiriéndose a la ETA): “Es hora de pasar a la acción”.

Suárez: “Esta Constitución rompe el mito de la España diferente y de la España ingobernable”. “Los españoles hemos sido capaces de instaurar de nuevo la esperanza”. “La Constitución no basta para resolver todos los problemas”.

Carrillo (refiriéndose a Martín Villa): “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. “Con esta Constitución será posible realizar transformaciones socialistas”.

Pero, indudablemente, quien se está llevando últimamente la palma en lo de las frasecitas cachondas y asombrosas es Felipe González. Hay quien asegura que es debido a su “gracejo andaluz y especialmente sevillano”.

Unos ejemplos: “Mi partido no caerá en la tentación infantil de nacionalizar las empresas extranjeras”. “Podemos gobernar en breve”.

La que mereció honores de primera página en nuestro número anterior de Alarma: “El 99 por ciento de miembros del partido no ha leído a Marx, ni puñetera falta le hace”.

Y la que, de momento, ha provocado más reacciones en el mundillo político: aquella en que afirma que preferiría morir de una puñalada en el Metro de Nueva York antes que vivir cuarenta años en la URSS.

Ante semejante tontería -el gracejo andaluz es una cosa y el ser un tarado mental es otra diferente- sólo cabe una consideración: ya no se trata de que se prefiera morir a vivir (cosa sólo comprensible en ciertos casos y por causas determinadas), sino de analizar el fondo aparentemente “profundo” que el líder apolíneo y estúpido de los socialistas españoles quiso (dicen) dar a su frase. Oponer la democrática América al mundillo de gulacs de la URSS; oponer la libertad del capitalismo yanqui al capitalismo de estado de los socialistas rusos; preferir la tutela de Carter a la de los nuevos popes de Moscú; defender la “democracia” frente al “autoritarismo”... Estas y otras lindezas por el estilo han sido las que han esgrimido los no menos estúpidos socialistas españoles en defensa de la frasecita de su líder cachondón. Bobadas. Tonterías.

Si Felipe González quiere morir de una puñalada trapera no hace falta que se vaya a Nueva York; allí, además, no lo conseguiría nunca. En primer lugar porque el capitalismo americano le iba a poner un cochazo a su disposición en vez de obligarle a viajar en metro; en segundo lugar que en Nueva York (y en Pekín y en Moscú... y en Tirana...) a la gentuza como él les cuidan mucho y no le iban a permitir ir solo por la calle. Una colección de gorilas le defenderían de cualquier ataque. Buenos son los capitalistas (americanos o rusos, de libre mercado o de capitalismo estatal) para defender a sus “líderes obreros” y conservarlos incólumes...

Por otra parte -y por las mismas razones- Felipe no debe temer a la URSS. Los campos de concentración en ese país y en todos sólo están hechos para obreros, no para burócratas. iTontorrón! lo bien que lo ibas a pasar tú en la URSS. Caviar, vodka, fincas en el Mar Negro, negras en tu finca... Si la URSS es el paraiso de los líderes.

Si de verdad quiere morir de una puñalada trapera, que se acerque solo por la puerta de una fábrica poco después de que el delegado sindical de UGT traicione a los obreros y les venda al patrón. Allí si que corre verdadero peligro; allí y en cualquier mina donde UGT lance manifiestos contra la “irresponsabilidad” de unos obreros que secuestran al gerente hartos de esperar durante varios meses el pago de sus salarios; allí o en cualquier finca de su bella Andalucía cuando los braceros estén sin trabajo y el señorito (quizás socialista) deje la tierra sin cultivar por no pagar unos salarios de hambre.

Felipe: No te vayas a Moscú o a Nueva York. Si quieres morir (que nadie se lo cree) vive los problemas de los trabajadores o sigue hablando; sigue diciendo por esa boquita de señorito andaluz gracioso las chorradas de siempre. Así también corres el peligro de morir de diarrea cerebral.

Todos, Suárez, Blas, Martín, Carrillo, Camacho, Felipe, Redondo, Fraga, Eladio y... un largo etcétera de líderes sois insoportables. Habéis caído en la rutina de las frasecitas ingeniosas y estáis negando la imaginación revolucionaria.

Por eso preparaos a morir; de una puñalada o de diarrea. La revolución os enterrará.

## La frase del día

> «Los socialistas estamos dispuestos a mantener la supremacía del poder civil, junto con la idea de un Ejército jerarquizado, disciplinado y leal a la misión encomendada.» (Felipe González, en «Diario 16».)
