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Title: El tabú de las jerarquías
Description: Las jerarquías y escalafones en el trabajo dividen a la clase obrera, y partidos y sindicatos las defienden como base del futuro capitalismo de Estado.
Date: 01/01/1980
Category: Alarma (tercera serie) n.º 8
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1980-01-el-tabu-de-las-jerarquias
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*Alarma*, tercera serie, n.º 8, primer trimestre de 1980 (págs. 2-4). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1980%20Alarma%208.pdf)

Todo régimen basado en la propiedad de los medios de producción, no importa bajo qué método de dominio, individual o estatal, se apoya necesariamente en la división del trabajo, pero como la sociedad no es un cuerpo estático, sus formas, incluso las de propiedad, cambian determinadas por la lucha de clases y por nuevos y más perfeccionados medios de producción. Lo que supone a su vez que la división del trabajo sufra también las necesarias correcciones para que ejerza su función con arreglo a los nuevos medios de producción y de explotación.

En el presente —que es lo que nos ocupa— podemos constatar que después del triunfo de la burguesía sobre el feudalismo su afianzamiento, como sistema social nuevo, tuvo como consecuencia un enorme progreso en todos los órdenes: técnico cultural y cientifico y con ello el desarrollo y creación de grandes centros industriales. La división en el trabajo, pues, paralelamente como está dicho, toma en su haber la necesidad de ejercer su función de más en más parcelariamente hasta llegar al grueso de los productores tanto en la gran industria como en las demás ramas a través de un sistema de subdivisión en el trabajo basado en la creación de un sinfin de escalafones, categorías y jerarquías elegidas y retribuidas según “responsabilidades” o “capacidades” a criterio de la administración.

Como es de ello que nos ocupamos, haremos, pues, un expuesto sumario de las condiciones obreras en los lugares de trabajo y sobre el porqué las organizaciones dichas obreras, en cabeza el cinicamente titulado P”C” y sindicatos no se oponen en realidad —antes al contrario— al sistema jerárquico, con lo que supone en diferenciaciones económicas y en relaciones humanas. Está claro que el interés del sistema reside en incrementar las jerarquías. Pero es en las grandes industrias que están particularmente interesadas en fomentarlas. Es en los grandes centros productivos que dicha organización de diferenciaciones categoriales toma mayores proporciones a pesar de la reticencia por parte de los trabajadores. Pero ¿cómo oponerse? La tarea, efectivamente es difícil, pero no irrealizable. Es difícil porque para conservar sus medios de subsistencia los trabajadores se ven obligados —los sindicatos juegan su papel en ello— a tener que subordinarse permanentemente a las condiciones que, en acuerdo previo con los sindicatos, les impone la dirección para la buena y más fructuosa realización de la producción. La menor oposición o disconformidad con las normas presupone el despido o, en el mejor de los casos, una seria sanción. Las órdenes son órdenes —igual que en un penal—. Las tareas deben de ser realizadas mecánicamente, como un robot. Esto está naturalmente mucho más acentuado en los países capitalistas de estado falsamente llamados socialistas.

Esa subordinación, esa debilidad, esa aceptación forzada de los obreros a los métodos abusivos de que son objeto no son ignorados por las clases o castas dirigentes. De ahí el intento de crear a través de la paga un espiritu de competencia y de oposición entre la propia clase para impedir que puedan hacer frente en común a la explotación. Con ese objetivo los escalafones están bien e inteligentemente trazados: de obrero a jefecillo, de jefecillo a jefe, de jefe a jefazo, etc... De puesto a puesto retribución y condiciones superiores. Los dirigentes saben bien que cuanto más son elevados los salarios de técnicos jefecillos, jefes y jefazos, más éstos se asimilarán y asociarán al sistema. Ellos son los que hacen marchar a los demás. Esa es la mecánica.

Otro aspecto de la cuestión a denunciar relativo a las jerarquías y castas dirigentes es que, disponiendo de medios económicos sobrados, solo a ellos les está dado la posibilidad de, con facilidad, dar estudios superiores a los suyos. El saber se lo traspasan de unos a otros y con ello, claro está, los cargos técnicos y puestos de dirección. No hay duda, pues, que las diferencias y posibilidades económicas, además de injustas presuponen por principió selección y privilegios. Así, en nombre de capacidad, cultura y conocimientos, el sistema capitalista asegura sus dirigentes, futuros esbirros, dentro de sus propios medios. Así es, pero como no hay regla sin excepción, también es verdad que hay obreros, y los habrá, que han logrado puestos importantes en la administración, incluso en la dirección. Es verdad pero, salvo raros casos, se puede asegurar que cuando un obrero trepa a esos cargos de dirigente, su logro lo debe más que a sus conocimientos a su sumisión y capitulación ante sus superiores. En realidad renegando y desolidarizándose de su clase. Si tratamos y denunciamos en los términos expuestos la ignominia y la inmoralidad que presupone y encierra en si el método jerárquico es porque estamos firmemente convencidos que es partiendo del combate por su destrucción que el proletariado debe de orientar su lucha emancipadora para favorecer y fortalecer la acción colectiva con orientación a la única y verdadera transformación social: Comunismo.

Es evidente que sin la destrucción del sistema capitalista resulta irrisorio el pretender eliminar la ley del valor. No obstante es significativo que en cuanto se trata de reivindicaciones siempre se pone el acento sobre aumentos económicos en general sin poner en causa sistematicamente la enorme desproporción de salarios entre los unos y los otros. De ello no se hace un motivo de lucha seria porque, evidentemente, encierra el peligro de elevar el nivel combativo y consciencia de clase en los explotados. La auténtica realidad es “al pan pan y al vino vino”, que los propietarios de los medios de producción, al igual que los que aspiran a serlo a través del Estado (P “C”) saben y son bien conscientes de que las diferencias de paga, de grado, constituyen el fundamento de la explotación, a su vez garantía esencial de la producción. Así P “S” con sus miras, PC” y sindicatos con miras más precisas, están interesados en no tocar al tabú de la división del trabajo, las jerarquías, porque todos ellos están orientados en conservar para el futuro de su dominio —si llega— todo el aparato técnico burocrático y administrativo con las correspondientes centrales sindicales que tengan en mano el control de los trabajadores para mejor someterlos y disponer así de los medios indispensables a la continuación del capitalismo en su máxima concentración: capitalismo de Estado titulado cinicamente por todos ellos de socialismo, Estado obrero o bien Estado obrero degenerado.

A eso respondemos y decimos que la única garantía real para el triunfo del socialismo reside en que el proletariado y demás capas asalariadas explotadas tome consciencia de la necesidad de prepararse para ir directamente a la toma del poder. Toma del poder que debe de ir acompañado del ataque directo a las principales urbes que alimentan al sistema capitalista: trabajo con todas sus jerarquías y discriminaciones sociales por una verdadera colaboración de los individuos participantes a trabajos determinados sin diferenciación de trato ni prerrogativa alguna. Iniciando así por dificultoso que sea, un nuevo y sano desarrollo social que permita elevar el nivel cultural de cualquiera, única forma real de acabar una vez para todas con privilegios y propietarios del saber estableciendo un orden que, trabajo manual e intelectual se confundan. De la consciencia, por parte de los explotados, de la realización de lo expuesto, depende el porvenir de la humanidad, pues lo expuesto aquí debe de ser realizado en la escala internacional.

Los que pretendan que eso es pura utopía, o tienen intereses creados en la buena marcha del sistema podrido actual o bien están influenciados por toda la propaanda capitalista, en cabeza la de los partidos falsamente llamados obreros.
