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Title: Puntualicemos
Description: No hay crisis de sobreproducción sino crisis total de la civilización capitalista; el catastrofismo económico desarma a los obreros.
Date: 01/06/1981
Category: Alarma (tercera serie) n.º 11
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1981-06-puntualicemos
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*Alarma*, tercera serie, n.º 11, junio de 1981 (págs. 7-8). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1981%20Alarma%2011.pdf)

Existe hoy en el seno de la clase obrera la creencia de que el capitalismo está sufriendo una "aguda crisis". ¿Cómo se ha llegado a esta conclusión ya generalizada?. Indudablemente se parte de una base firme y cierta: la situación general de la clase obrera ha empeorado pero -volvemos sobre este aspecto- esto en modo alguno implica como consecuencia directa la existencia de una crisis. Deducción tal, fruto de arte de birlibirloque, significaría encadenar la suerte del proletariado a la de sus opresores y reducir la explotación a una consecuencia económica sometida al azar de la prosperidad o infortunio de la economía del sistema.

Nunca hasta hoy las grandes multinacionales y los monopolios habían conseguido tan pingües beneficios. ¿Dónde pues está la crisis?. Se podrá argumentar que la tasa de ganancia ha disminuido y se citarán mil y una frases de Carlos Marx pero nunca se podrá rebatir el que esta disminución ha sido descenso relativo y no absoluto.

No; no hay en modo alguno crisis de sobreproducción en el sistema capitalista. Basta constatar que no existe, bien al contrario, su efecto más visible; la baja de coste de artículos.

¿Qué sucede pues?.

Una sola idea central explica la esencia de la situación actual del sistema capitalista: la crisis es *total*. No hay un momento particularmente grave del aspecto económico; hay una crisis de las instituciones, de las relaciones sociales, de las relaciones económicas, de la moral -la falsa moral burguesa o progresista-, de la idea misma del hombre como ser social.... hay una crisis, en una palabra, de civilización. El sistema capitalista ha dejado ya de ser un progreso para la humanidad y se ha convertido en su verdugo, en el guía ciego que arrastra a la humanidad a la barbarie.

La famosa "revolución tecnológica" lo único que hace es agudizar la contradición esencial del sistema: el desarrollo de fuerzas productivas choca con unas relaciones de producción prebarbáricas y todo el edificio social se tambalea.

Y no lo hace a causa de una crisis económica como quieren o pretenden por un lado los exégetas izquierdistas de la "revolución del hambre" (su idea central sería: bendita la crisis económica del capital, bendito el hambre de los obreros que les obligará a ser revolucionarios. Una mala versión, la marxistoide, de las bienaventuranzas católicas.) y por otra los defensores vitales del sistema, los partidos y sindicatos.

Ambos puntos de vista coinciden en imbuir al proletariado de una mentalidad de pánico y desesperación que encuentra el campo abonado de una triste realidad: la situación de la clase obrera ha empeorado ya que su nivel adquisitivo ha disminuido y su nivel de subsistencia ha descendido de golpe varios escalones. El paro se ceba en la clase obrera y como contrapartida las condiciones de trabajo son cada vez más degradadas.

Todo esto es cierto; nadie pretende negarlo pero sí puede afirmarse que esta situación que algunos confunden con la crisis no sólo no crea una clase obrera más rebelde sino más conformista, más resignada. Los partidos y sindicatos remachando una y otra vez con el martillo de la crisis someten a la clase obrera a los caprichos del sistema capitalista que precisa, indudablemente, una clase obrera sumisa para obtener unos beneficios que (a la vista está) son abrumadores...... a pesar de esa "crisis".

Los teóricos de la revolución del hambre atemorizan a la clase obrera con el espectro del caos capitalista y la promesa de un socialismo de miseria, hambre y sufrimientos.

Todos coinciden a su pesar en cercenar una y otra vez las iniciativas proletarias y favorecer los beneficios de un sistema social que en su caída irremediable arrasará la humanidad.

PUNTUALICEMOS

Hoy el sistema capitalista domina el mundo totalmente. Sus más graves problemas son el aprovisionamiento de materias primas y la división mundial del mercado. Esto es lo que le obliga a una reestructuración económica: sectores de la producción anteriormente rentables son abandonados, se produce la robotización de la producción y una nueva división del trabajo.

De ahí y no de una crisis de sobreproducción provienen los efectos que la clase obrera sufre: paro, disminución del nivel de vida, condiciones de trabajo, derechización estatal, medidas anti-obreras, aparición del trabajo negro, congelaciones salariales, etc. etc..

Estos son, en consecuencia, los puntos básicos a analizar y a denunciar.

No se debe incitar a la clase obrera a una lucha ineficaz y pacata contra una crisis inexistente porque es condenarla al fracaso social.

Debe plantearse la cuestión con valentía y nunca a la defensiva.

El sistema capitalista tiene problemas económicos que nosotros mismos ayudamos a resolver con nuestra actitud temerosa y servil; pero estos problemas u otros semejantes siempre los ha tenido. No podemos hablar de un sistema capitalista en perenne crisis económica; ya es hora de que analicemos y ataquemos a un sistema sumido en una crisis no sectorial sino total: la crisis de la civilización capitalista.

No es la crisis nuestro enemigo; es el sistema en pleno, ya corrompido el que arrastrándonos a la barbarie puede hacer tabla rasa de la humanidad.

Sólo la clase obrera en lucha tiene en sus manos el porvenir social de la humanidad. Para ello es imprescindible que sepa liberarse tanto de los gendarmes del capital (partidos y sindicatos falsamente obreros) como de los profetas famélicos de revoluciones imposibles.
