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Title: Ruedo ibérico
Description: El juicio del 23-F, la descomposición de los partidos y la lucha de los mineros contra partidos, sindicatos y gobierno.
Date: 01/05/1982
Category: Alarma (tercera serie) n.º 13
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1982-05-ruedo-iberico
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*Alarma*, tercera serie, n.º 13, mayo de 1982 (págs. 15-17). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1982%20Alarma%2013.pdf)

## Algo huele a podrido...

En la situación actual española algo, casi todo, empieza a oler a podrido.

## Juicio por los "acontecimientos" del 23-F

Lo más anómalo de la sicosis golpista no es la situación pasada o la actual sino el giro inexplicable para la mayoría de españoles que está adquiriendo el juicio contra los "presuntos implicados en los acontecimientos del 23-F".

Mayores eufemismos, más respeto o más temor hacia los militares no puede demostrarse en la denominación de lo que no dejó de ser una simple y fallida intentona de golpe militar.

Desde el enunciado de los hechos a la extraña permisividad que se mantiene respecto a los acusados, todo implica un temor ancestral a los militares fruto ineludible de años y años de dictadura inmediata.

Los acusados en este extraño juicio se permiten el lujo de protestar contra los jueces, de rechazarlos, de retirarse de la sala sin previo permiso (quizás porque no lo necesitan), de rechazar y acusar a los informadores etc. etc.

Más aún tanto por parte de ellos como de sus defensores el juicio se está convirtiendo en una acusación neta de la nación y sus instituciones. Se rechaza el gobierno, la democracia, la constitución, las autonomías... se acusa veladamente al rey y se plantea todo el juicio como una loa histórica de los militares golpistas, herederos fieles y honorabilísimos de la tradición militar de revueltas cuyo último exponente es y sigue siendo Franco. Salvar a la patria del caos y la perdición sigue siendo el lema válido de estos nuevos "Cid campeador".

La falta de energía del gobierno que permite desplantes y acusaciones sin número, que consiente que el presidente del tribunal sea condescendiente con los acusados y rígido, meticuloso y pendenciero con la prensa y el acusador, demuestran como mínimo que la cacareada democracia española no está ni mucho menos consolidada. O, en otras palabras que el gobierno demócrata de Calvo Sotelo no gobierna si no es con permiso de "poderes fácticos" ancestrales.

Para nadie es un misterio que la iglesia y el ejército no están de acuerdo con la constitución actual y constituyen de hecho el ala más reaccionaria y activa de la burguesía cerril española, esa misma que se niega a ceder privilegios y para ello está dispuesta a apoyar siempre la cruz y la espada de los tiempos añorados de la cruzada franquista.

Algo huele a podrido no ya en el juicio de los militares golpistas sino en cómo se está desarrollando, en su eternización y proceso... La trama civil queda escondida en los secretos del sumario. Parecería que el golpe era sólo militar y que ninguna base económica o social lo apoyase. Nada más falso.

El golpismo ha sido una constante en la historia moderna española. Pero no lo ha sido por una voluntad suicida y continuada de los militares sino por imposición de una burguesía que ha alentado los devaneos gloriosos de militares chusqueros con la única intención de mantener sus privilegios. Lo del honor de la patria ha sido, a nivel golpista, un auténtico cuento chino.

El juicio tal como se está desarrollando demuestra que los añorantes patriotas no han perdido la batalla.

De momento el gobierno demuestra su debilidad y su incapacidad. Se aguanta porque se lo consiente no la oposición de izquierda que tampoco pinta nada, sino esos poderes fácticos a quien todo el mundo se ve obligado a referirse.

La prueba estará en las sentencias. Ni los más audaces se atreven a pronosticar qué va a suceder.

Dos datos más: los nuevos jefes militares hacen ahora loas de la constitución y de la democracia pero sin atacar directamente a los militares del golpe de estado fallido.

Y la figura de Juan Carlos que tan turbio papel desempeñó en aquel momento ha sido declarada intangible por unos y otros señal inequívoca de que a unos y otros les es necesaria siquiera como pantalla o justificación.

Lo que es cierto -y los hechos lo demuestran así- es que la democracia española no existe. Todavía no está convencida la burguesía española de que es el medio mejor para mantener sus intereses intactos. Buena prueba de ello es la intervención de la patronal en la campaña previa a las elecciones del parlamento andaluz. Descaradamente ha tomado posición por la derecha atacando a socialistas y comunistas no por enemigos sino por inadecuados e ineptos.

## Los partidos políticos

Repetidas veces hemos aludido al proceso de descomposición que caracteriza a los partidos políticos en este momento.

La UCD, el teórico centro, se desmorona; internamente las luchas por el poder y el prestigio enfrentan a tendencias dispares; externamente los "liberales" y los más "demócratas" se desgajan del nunca común tronco.

Públicamente la imagen del partido-gobierno ha alcanzado las cotas más bajas de credibilidad... El centro demuestra que es una ficción.

En su extremo más cerril -y por consiguiente más coherente- A.P. se mantiene firme en sus principios y mal que pese empieza a recoger los frutos de su posición intransigente. Es el aglutinador seguro de los descontentos patronos y de los fachas añorantes. Desdichadamente, tiene futuro.

En el otro lado del espectro político, el PSOE demuestra -fricciones internas al margen- su incapacidad para camaleonear y no convence a nadie de sus posibilidades como partido-gobierno, sobre todo por su fracaso en el dominio de la clase obrera. Los obreros, no lo olvide nadie, no han sido derrotados ni domeñados por los partidos y sus programas sino por el desencanto.

De nada le vale al PSOE su pretensa democracia ni sus números y cábalas. De nada le vale el destacarse del PCE como de algo condenable entre otras cosas porque el PCE tiene ya hoy tan poca consistencia propia que el referirse a él aunque sea para denostarlo es hacerle propaganda.

Efectivamente, el PCE ha alcanzado el punto más álgido de su descomposición. Las expulsiones carrillistas no han servido para unificar al partido sino para acabar de desmembrarlo.

La escisión última que ha tenido lugar en el PSUC (PCE catalán) demuestra el caos teórico y social de un partido a la deriva.

La nueva -y eterna escisión- catalana nace en un momento favorable para su desarrollo ya que viene a cumplir teóricamente por lo menos el papel de aglutinador de la eterna izquierda. Otra cosa, quede claro, es su incapacidad para desempeñar tal papel siquiera. El desencanto se encargará de que los nuevos militantes abandonen el ya viejo stalinismo.

## La clase obrera

Lo importante al analizar la situación y sobre todo la actuación de la clase obrera en el contexto social español del momento es comprobar cómo junto a la ya comentada indiferencia respecto a sus propios problemas, fruto del desengaño y la apatía, aparece ya una actitud de clase activa, coherente y organizada, apta para luchar no sólo contra el capital en cuanto que opresor sino también contra sus enemigos más próximos, partidos y sindicatos.

La indiferencia de que hablamos es -sólo puede ser- momentánea y responde a una actitud de abstención. Es como si la clase obrera consciente de su impotencia actual contra todo el tinglado social se marginara de la lucha de clases pretendiendo dar así una falsa impresión de docilidad que le sirva para prepararse mejor para futuros ataques.

Durante lo que se ha llamado "transición a la democracia" la clase obrera ha sido inicialmente deslumbrada por las promesas de sus "líderes revolucionarios" y se ha dedicado a una tarea impropia de sus fines como clase.

Posteriormente, cuando los partidos y sindicatos utilizando el papel de la clase obrera como elemento a dominar han logrado su objetivo más importante, el PARTICIPAR DEL PODER BURGUÉS, los intereses reales de la clase obrera han sido despreciados por los mismos que los utilizaron para medrar.

Es entonces cuando la clase obrera desengañada de los elementos que la utilizaron se ha desplazado voluntariamente de la escena social en espera del momento adecuado para combatir a sus enemigos con garantías de triunfo, siquiera fuese parcial.

Y este momento parece haber llegado por lo menos para determinados sectores de la clase los que como en otros tiempos no tienen ya nada más que perder que unas cadenas cada día más pesadas.

De ahí la última explosión de los mineros contra la opinión de partidos y sindicatos y enfrentándose directamente al gobierno.

Cierto que la lucha de los mineros estaba de antemano abocada a una negociación y al pacto (todas las luchas lo están salvo cuando la revolución triunfa) pero lo realmente importante de esta acción no ha sido lo que se ha obtenido -en realidad poco más que promesas- sino la forma en que se ha luchado y el enfrentamiento directo contra los deseos de líderes, partidos y su gobierno.

El fracaso de Felipe González que no logró acabar con la acción obrera es sobretodo un símbolo tangible de que la docilidad de la clase obrera frente a sus jefecillos se ha acabado o, cuando menos está en vías de acabar.

Por ahí va el camino correcto.

No basta, por ejemplo, con lo ocurrido en las últimas elecciones sindicales de la empresa SEAT donde, grescas aparte entre las centrales minoritarias ccoo y ugt, el verdadero triunfador ha sido el abstencionismo. Poco importa que la abstención haya llegado a un 70 % y que el sindicato mayoritario sea paradójicamente el de los "no sindicados", el de los "pasotas".

Actualmente la posición de no apoyar al sindicato es tan irresponsable como hace poco lo era la de afiliarse en masa y con grandes ilusiones.

Hoy es preciso luchar contra el sindicato, contra los partidos, contra sus slogans y hacerlo conscientes de lo que implica este tipo de lucha: ORGANIZACIÓN.

El ejemplo de los mineros debe ser tenido en cuenta por lo que vale y por lo que puede significar de cara a la lucha de clases.

Dentro del panorama actual de la sociedad española donde tantas y tantas cosas empiezan a oler a podrido la lucha de los mineros del suroeste es una bocanada de aire fresco.

De la clase obrera depende que no sea algo aislado sino el inicio de una nueva ofensiva de la clase en toda la regla y en todos los frentes.
