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Title: Cuando la paranoia nostálgica es rentable
Description: La intentona de los coroneles de 1982 sirve a los partidos para alimentar el voto del miedo; el FOR propone la abstención y la lucha.
Date: 01/10/1982
Category: Alarma (tercera serie) n.º 14
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1982-10-cuando-la-paranoia-nostalgica-es-rentable
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*Alarma*, tercera serie, n.º 14, finales de 1982 (pág. 14). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1982%20Alarma%2014.pdf)

Los militares turcos, en concreto los coroneles, dando un golpe de mano militar, abolieron de un plumazo la democracia en su país e instauraron un régimen fascistoide-militaresco.

En España, país chapucero donde los haya, unos cuantos coroneles nostálgicos intentando dar un golpe militar han servido, en vísperas de las nuevas elecciones para reforzar la de por sí anémica democracia española.

La rapidez con que los servicios del ejército han desmontado la trama militaresca sólo tiene parangón con la necedad que han demostrado estos aprendices de conspiradores en la preparación de su golpe.

Algo huele a podrido. Por descontado en algunos sectores del ejército demostrado queda que la nostalgia del régimen anterior es una permanente obsesión. Y algo más: una parte del capital español está dispuesto a apoyar las intentonas militares y establecer un sistema político más duro.

Lo extraño es que en los anteriores intentos militares quién sea el sector civil que los apoya y financia queda siempre oculto. Es un misterio. Igual pasará ahora. Nadie se responsabiliza de la frustrada acción de los coroneles. Roma, como siempre, no paga a traidores.

Pero de algo servirá este intento decapitado antes de su realización: en la presente campaña electoral los hipotéticos votantes -rara avis en la fauna social española desde tiempos ha- sentirán sobre sus cabezas no ya la mitológica espada de Damocles sino la mucho más próxima del o los militares nostálgicos.

Nunca como en vísperas electorales es tan utilizable un fallido golpe militar. Por unos y otros, tirios y troyanos. Sólo la clase obrera debe, en realidad sentirse amenazada por los intentos militares. Sólo ella sufriría las consecuencias. Y eso porque sólo contra ella estará dirigido cuando se consume. Entretanto, todo quedará en fantasmadas tipo Tejero que serán saldadas con saineteras sentencias a reclusión en cárceles de lujo... y con patente de corso para amenazar de nuevo, cuando el capital lo considere necesario, la actividad social de la clase obrera.

EL VOTO DEL MIEDO tiene ahora su oportunidad, como la tiene también el VOTO DEL CAMBIO.

El voto del miedo porque el águila militar planea sobre la futura elección de los votantes. Es la amenaza constante a un triunfo total y aplastante de los mal llamados socialistas.

El voto del "cambio" (inmovilista en realidad como el anterior) porque puede presentarse como ordenador definitivo del caos social y controlador del ejército, capaz de impedirle nuevas aventuras anticonstitucionales.

(NOTA: no deja de ser curioso que la reacción de los partidos electoralistas ante la frustrada rebelión militar ha seguido clarísimamente estas directrices. Parecería que el golpe fallido ha sido preparado por todos ellos en comandita para un doble objetivo:

- anular la abstención presentando la necesidad de votar como la única solución frente a los nostálgicos
- Pedir el voto para sus propias soluciones: los "socialistas" garantizarán el control del ejército; los de centro también pero por el reforzamiento de la democracia; Fraga y los de su ralea asegurando el control de la sociedad que haga innecesario el control del ejército.)

Visto cómo se han saldado las anteriores militaradas, a qué "rigurosísimas" penas han sido condenados sus autores, qué oportunamente aparecen y son desbaratadas nuevas acciones militares, visto el papelón denigrante de los diversos partidos y el provecho que intentan obtener de situaciones que a la clase obrera sólo amenazan, ésta debe adoptar tan sólo una solución:

De momento la abstención. Es decir, negarse a participar en elecciones que nada le importan y que generalmente están casi amañadas sin necesidad o a pesar de su participación democrática.

Con más perspectiva, la lucha directa contra partidos de uno u otro bando (en el fondo el mismo) por una única y poderosa razón: todos ellos forman parte del aparato estatal y tienen por lo tanto una única tarea: garantizar la explotación de la clase obrera.

Contra ellos, pues, no el voto sino la lucha organizada.
