---
Title: Lucha de clases, despidos, paro
Description: Contra el economismo de la «crisis» y el sindicalismo, el paro como ejército de reserva y la necesidad de una lucha común de parados y ocupados por la dictadura del proletariado y la abolición del salariado.
Date: 01/03/1986
Category: Alarma (tercera serie) n.º 22
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1986-03-lucha-de-clases-despidos-paro
---


*Alarma*, tercera serie, n.º 22, marzo de 1986 (págs. 3-6). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1986%20Alarma%2022.pdf)

Todo el mundo habla de la crisis economica; unos para hacernos tragar la modernización, solución de un futuro de felicidad y de pleno empleo, otros para mostrarnos que es irremediable y, por ende, generadora de una alza de las luchas, las cuales añadidas a la vanguardia consciente, permitirán la marejada revolucionaria. Unos piensan que la crisis, a pesar de los malos momentos que procura, ayuda a relanzar el crecimiento (el famoso "viva la crisis" de Yves Montand) los otros, que es una condición necesaria, y por consecuencia, objetiva para que se desencadene la revolución (el famoso pero menos conocido "saludos a la crisis" del grupo "Revolución Internacional".)

De hecho, no existe crisis de sobreproducción generalizada hoy en día, aunque potencialmente sea posible, al igual que la revolución, con o sin crisis.

No se trata en este artículo, de dar una definición de la crisis de sobreproducción (en realidad de subconsumo) puesto que repetiríamos lo ya escrito por Marx. Pero sí queremos tratar el problema de la lucha de clases *hoy en día* y del papel del paro obrero. Para entender mejor nuestro propósito, es menester emplazar la situación actual en su contexto histórico, es decir, que en vez de examinar con lupa las curvas de crecimiento, de productividad, etc., nos parece más pertinente y más justo partir de *las paradojas* que determinan, todavía más hoy que ayer, *la contradicción principal* del capitalismo mundial: el antagonismo entre el capital y el trabajo. Nuestra principal base económica para estimar la situación política mundial no son las dificultades del capitalismo, ni el paro obrero, ni las perspectivas de reajuste técnico, menos aún la pretendida "crisis de sobreproducción". Todo eso sería economismo, es decir, maneras de plegarse a la lógica y a la contaminación cerebral que nos quiere imponer el capitalismo. Nuestra base económica es mucho más amplia, la única compatible con la concepción materialista y dialéctica de la historia. El capitalismo como sistema *social*, independientemente del funcionamiento intrínseco de su economía (crecimiento, reconversión o crisis) ha creado con creces las condiciones necesarias para ser arrasado por la clase pro
letaria sobre la cual se mantiene. El problema principal de hoy es el enorme desajuste entre lo dado como posible objetivamente, y la mísera condición subjetiva general: es la ausencia o la ignorancia de un pensar teórico revolucionario.

> "Cuando se habla de ideas que revolucionan una sociedad entera, se enuncia solamente el hcho que, en el seno de la vieja sociedad, los elementos de una nueva sociedad se han formado y la disolución de las viejas ideas va a la par con la disolución de las antiguas condiciones de existencia."
>
> (manifiesto del partido comunista 1847)

Los elementos de una nueva sociedad han aparecido hace tiempo porque existían ya las condiciones históricas de su aparición, y desde el siglo XIX el proletariado ha mostrado muchas veces que era portador de "la disolución de las antiguas condiciones de existencia" y, por ende, de la transformación radical de la sociedad. La historia moderna de la lucha de clases alterna entre victorias (en el sentido de la afirmación de la independencia de la clase) y derrotas que producen períodos más o menos largos de apatía en la clase *históricamente* revolucionaria. La desorientación actual, por no decir la pasividad de nuestra clase en muchos casos, es debida al inmenso impacto contrarrevolucionario extendido desde Moscú por la fuerza de las armas o de la propaganda falaz positivada por la extracción de plusvalía, la explotación, el sudor y la sangre del proletariado en Rusia. El arranque de un movimiento internacionalista iniciado en Rusia tuvo repercusiones netamente revolucionarias hasta 1937 en España cuando la revolución había sido masacrada ya en Rusia; y es esta última la que destrozó con las armas en las manos el movimiento revolucionario en España entregando el poder a Franco. La famosa crisis económica mundial de 1929-34, a pasar de sus efectos tan adulados por cantidad de revolucionarios hoy, no invirtió la corriente y por lo contrario facilitó el *aplastamiento* del proletariado a escala mundial. En esta situación de crisis económica el obrero buscaba pitanza y trabajo a *cualquier* precio, y muchos por ejemplo, reforzaron los SA nazis en Alemania. El desajuste enorme entre las posibilidades objetivas de una sociedad desembarazada de fronteras y de clases sociales y el estado actual de la conciencia *revolucionaria* de clase no es debido directamente ni a la crisis económica de 1929, ni tampoco en sí al gigantesco crecimiento de las fuerzas productivas tras la segunda guerra mundial, pero sí a lo que hemos escrito de forma sucinta más arriba en el texto.

Terminada la aclaración, y volveremos a insistir sobre este tema en nuestras futuras publicaciones, podemos abordar ahora el problema de la lucha de clases y del paro. En el mismo manifiesto que citábamos al principio se dice: "el resultado verdadero de su lucha (la de los proletarios NDR) es más la unión creciente de los trabajadores que el éxito inmediato." Reafirmamos esta idea emitida en 1948 pero hay que tener en cuenta los cambios que han surgido en el sistema capitalista de dominación. Pues, desde entonces, organismos como son principalmente los sindicatos, se convirtieron por su naturaleza *intrínseca* en órganos de regulación capitalista y en la principal fuerza policíaca en la clase, la cual para consolidar su unión creciente tiene, y tendrá que machacarnos cada día más. La independencia de clase y, por consiguiente, la revolución social se materializará pasando por encima de su cadáver. Pero el sindicalismo no impide la unión creciente únicamente a través de su dirigismo burocrático, cosa que los lacayos del stalinismo llamados trotskistas podrían reconocer. Pues la forma burocrática es en si misma, el resultado de un *contenido* específicamente capitalista. Las reivindicaciones sindicales forman parte de la programación capitalista; una reducción de las horas de trabajo va compaginada con un aumento de la explotación, un alza de salarios con un alza de precios etc. Las "reivindicaciones" sindicales tienen como objetivo esconder o permitir un aumento de la explotación y la continuación de la pauperización relativa (e incluso absoluta" para los sectores caducos para la economía capitalista) del proletariado. Eso no impide que el sindicato, acorralado por la radicalización de la clase pueda recoger algunas de sus consignas para confundirla mejor, al igual que el capitalismo está dispuesto a hacer concesiones para volver a tomar las riendas de la situación y, al fin y al cabo, aplastar al proletariado. De forma general, el sindicalismo como aparato o con la mentalidad que ha inculcado a los obreros, nos impone, en nombre del inmediatismo y de la lucha reivindicativa, su *realismo capitalista*, con todas las luchas ridículas y las negociaciones que ello conlleva. Lo que afecta al
capitalismo desde lo alto de la dictadura que impone a la sociedad, son interlocutores tan responsables como él mismo ante el asalariado que lo alimenta. Lo que no afecta o que tiene a veces que tragarse con miedo, es la lucha del proletariado como clase antagónica que se levanta frente a sus intereses.

Por otro lado, si bien es cierto que para el proletariado en su conjunto la lucha cotidiana es "la escuela de guerra del comunismo" en tanto que revolucionarios producto y factor activo a la vez, no podemos defender acciones que dividen a nuestra clase o/y que fortalecen a nuestro enemigo en nombre del muy célebre adagio "no separarse de la masa", pues de hecho, es el capitalismo quien nos separa de ella ayudado por todos sus partidos dichos "obreros" y por sus sindicatos, y esto con el inmenso ajuar de medios de que dispone; desde la calumnia más cínica hasta los comandos de los bonzos sindicales.

¿Qué pasa hoy concretamente? La reconversión industrial ligada a las necesidades de la acumulación ampliada del capital se desembaraza de sectores caducos al no ser rentables, lo que provoca un aumento del *ejército de reserva* que constituyen los parados. Por otro lado, a pesar de las dificultades de esta tarea, el capital sigue acumulándose. Hay acumulación de riqueza en un polo y acumulación de miseria relativa o absoluta en otro polo, de la misma forma que la existencia de países ricos implica la existencia de países pobres. La tensión social que resulta de esta situación específica (reconversión) del capital, no engendra automáticamente una conciencia revolucionaria de clase, tanto más cuanto que ninguna organización revolucionaria puede tener la pretensión de influenciar al proletariado en estos momentos.

Este hecho tan lamentable, lo debemos, una vez más, a los servicios leales que la contrarrevolución rusa ha prestado al capitalismo mundial. Las fuerzas reaccionarias en el medio obrero cortan toda perspectiva que pueda poner en cuestión la *explotación misma de la fuerza de trabajo* y anulan toda solidaridad de clase que pueda consolidar la única unión proletaria que conmovería el mundo, esta unión que no debe preocuparse más que de sus intereses, negando la parcelación de la lucha, la separación entre trabajadores y parados, entre nacionalidades, sexo etc. A falta de alternativa clara, esta o estas separaciones son facilitadas por el *miedo* de perder el puesto de trabajo para el que lo tiene, y la *obsesión* de encontrar uno para el que no tiene. En el momento delos despidos puede "desencadenarse" así la ira de un proletariado sometido de antemano a las exigencias del capital, de su economía, de sus empresas, de "su" nación. Tiempo hace que no existe una contestación revolucionaria colectiva y solidaria por parte del proletariado contra la existencia misma de este sistema criminal. Las huelgas contra los despidos son, por lo general, sectoriales y corporativistas; cuando despiden de la siderurgia, el sector del automóvil se calla y viceversa.

Todo el mundo teme el paro, y el trabajo asalariado aparece como una liberación cuando es la causa de él; y es a través de su abolición que la humanidad merecerá su nombre. Este sistema basado en el progreso, sigue su camino monstruoso y nuestra clase no contesta todavía correctamente con la fuerza potencial que le otorga su posición social en las relaciones de producción. Para enfrentarse al capital el proletariado necesita su conciencia y su fuerza y en manera alguna caridad o contemplaciones obreristas. En tanto que proletariado revolucionario, vivimos la *misma situación* que nuestros compañeros de clase, y debemos hacernos escuchar y remarcar no por nuestro seguidismo borreguil, sino por lo que nos caracteriza: nuestra voluntad comunista basada, no sobre una genial idea utópica, sino sobre la posibilidad concreta de su realización. Tenemos que partir de la *necesidad urgente del comunismo* para plantear los problemas de hoy y no a la inversa, lo que nos ataría al capitalismo mismo. Si los parados constituyen comités, no lo deben hacer como parados, sino como proletarios que admiten camaradas que trabajan. Deben, ya que tienen mayor movilidad, imponer la solidaridad de clase a los que se hallan en las galeras de la producción, puesto que es de la actitud clasista de estos últimos que depende la constitución de una fuerza social capaz de imponerse. Nuestras reivindicaciones no pueden tener como objetivo el "mejorar" el sistema basado en nuestra explotación, en consecuencia, no pueden tener en cuenta las posibilidades de la economía capitalista, de la empresa, de la nación, de los cartels, trusts, o del Estado, si no están dirigidas co
ntra ellos. Hay que organizarse para mostrar nuestra fuerza y nuestra conciencia con ejes reivindicativos que ataquen la acumulación del capital y que *prefiguren* al mismo tiempo las medidas necesarias para la dictadura del proletariado y la abolición del trabajo asalariado. No queremos repartirnos la miseria, queremos aprovecharnos directamente de la riqueza producida por nuestra clase. En los lugares de trabajo, los proletarios deben, no sólo luchar contra los despidos sino que deben combatir por la reducción masiva de las horas de trabajo y por un aumento de su salario real exigiendo además la incorporación de sus camaradas sin trabajo. Sea o no posible de realizar, lo importante es que después de cada lucha victoriosa o derrotada, el capitalismo y sus agentes sepan que la clase trabajadora es cada vez más consciente de su fuerza, de esta fuerza que el sindicalismo quiere aniquilar. No es puro azar si en Europa aparecen *sindicatos* de parados que organizan acciones y manifestaciones que tienden a quebrar el espíritu de rebeldía y, sobre todo, la más mínima voluntad de lucha activa y conjunta entre parados y trabajadores que tienen un puesto donde ser explotados.

Reivindicar, defenderse, SI, para no tener que hacerlo más; para que el capitalismo y todos sus servidores tiemblen ante el espectro del comunismo, de Washington a Moscú, de Pekin a Estambul, de La Habana a El Salvador.

No somos ni mendigos ni miserables. Somos una clase que debe reafirmar su existencia para mejor destruirse y acabar con los Estados, las fronteras y las clases sociales.

> "Es preciso romper tajantemente con tácticas e ideas muertas, decir a la clase obrera sin reticencias toda la verdad, rectificar sin duelo cuanto obstaculice el renacer de la revolución, proceda de Lenin, Trotsky o Marx mismo, adoptar un programa de reivindicaciones *en consonancia con las máximas posibilidades de la técnica y la cultura moderna puestas al servicio de la humanidad*."
>
> (Pro segundo manifiesto comunista de Fomento Obrero Revolucionario 1961)
