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Title: Mayo del 37: ¡viva el proletariado insurgente!
Description: En el cincuentenario de las jornadas de mayo de 1937 en Barcelona, relato de la insurrección obrera, de la traición de CNT y POUM y reivindicación de los Amigos de Durruti y la Sección Bolchevique-Leninista.
Date: 01/05/1987
Category: Alarma (tercera serie) n.º 24
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1987-05-mayo-del-37-viva-el-proletariado-insurgente
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*Alarma*, tercera serie, n.º 24, mayo de 1987 (págs. 13-15). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1987%20Alarma%2024.pdf)

Mayo del 37 fue un punto altísimo de la lucha emancipadora que hasta el momento ha sabido llevar nuestra clase. Saludamos este hecho histórico de gran trascendencia, no por fetichismo, sino porque representa la lucha que nosotros defendemos y la que llevaremos a cabo cuando el proletariado reanude su combate subversivo.

A fines de Abril, la conserjería de orden público, queriendo poner en práctica el acuerdo de la Generalitat prohibió la circulación y el ejercicio de sus funciones a las Patrullas de Control. Los trabajadores armados que las constituían se apostaron en puntos estratégicos y desarmaron 250 guardias mandados por la Generalitat a sustituirles. Por la misma fecha la Generalitat envió legiones de carabineros a la frontera para reemplazar los Comités Obreros que la controlaban desde Julio. Fueron rechazados y desarmados la mayoría.

En Mayo de 1937 la contra-revolución juzgó llegado el momento de pasar de la ofensiva verbal a la ofensiva armada. Durante las jornadas todo el mundo quedó situado en su verdadero puesto. El poder ya estaba en manos del capitalismo, montado sobre fusiles y ametralladoras hechos en Rusia. El Estado español se iba reconstituyendo tras su desmoronamiento el 19 de Julio de 1936. Pero los elementos de poder dual obrero resistían y no se resignaban a dejarse disolver pacíficamente pese a las presiones ejercidas incluso desde las direcciones de las organizaciones más radicales.

El día 3 de Mayo de 1937 a las 2.45 h. de la tarde, el comisario de Orden Público, Rodriguez Salas, (stalinista) amparado por una orden del consejero de la Generalitat, Aiguadé (Esquerra Republicana), irrumpió con una banda de guardias en el edificio central de teléfonos. Salas invadió la central con mayor despliegue de fuerzas que el necesario para tomar una posición avanzada del enemigo. Los obreros se negaron terminantemente a deponer la autoridad de su comité y contestaron a las armas con las armas desde los pisos superiores donde hubieron de replegarse.

El ruido de los primeros disparos extendió por Barcelona un latigazo eléctrico: "traición, traición". El grito se propagó de esquina a esquina hasta llegar a los barrios obreros y las fábricas, hasta las demás ciudades y pueblos catalanes.

La huelga general se produjo inmediata, espontánea. Barcelona se cubrió de barricadas con rapidez increíble. La ciudad quedó enseguida en poder de los insurrectos salvo un pequeño sector del centro. La provocación stalinista se convirtió en un triunfo más del proletariado igual que la provocación de los militares, en Julio del año anterior, se había convertido en un gran triunfo revolucionario.

En poder del gobierno no quedaba más que un pequeño triángulo teniendo por vértice el edificio de la Telefónica (donde los trabajadores que se hallaban en los pisos superiores resistieron hasta el fin) y por base la línea comprendida entre la línea de seguridad y el palacio de la Generalitat.

No faltó a los trabajadores insurrectos decisión para tomar el triángulo gubernamental ni los detuvo tampoco el fuego del adversario; los detuvo la propia dirección de la CNT. A ella pertenecía la inmensa mayoría de los sublevados y a pesar de serios recelos la base todavía tenía confianza en la CNT. La CNT habló claro está, pero para contener el torrente insurreccional. García Oliver y Federica Montseny, ministros "ácratas" en el gobierno capitalista de Largo Caballero llegaron en avión desde Valencia para colgarse al micrófono y ordenar el alto el fuego y "besos a los guardias de asalto". El mismo día 4 se distribuía en las barricadas este manifiesto:

> CNT- FAI
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> "Deponed las armas; ¡abrazaos como hermanos!. Tendremos la victoria si nos unimos; hallaremos la derrota si luchamos entre nosotros. Pensadlo bien. Pensadlo
> bien; os tendemos los brazos sin armas; haced lo mismo y todo terminará. Que haya concordia entre nosotros."

Por si los servicios de la CNT no bastaban para detener el ataque del proletariado, Largo Caballero envió a Barcelona 5000 guardias de asalto y tres navíos de guerra no para dar besos sino para lanzar sus descargas sobre los obreros. A medida que la columna gubernamental avanzaba, desbarataba comités, suprimía locales obreros, desarmaba, encarcelaba, saqueaba, asesinaba.

No podemos tampoco silenciar la actitud del POUM que fue un reflejo dócil de la CNT. Sus militantes, como los de esta última, empuñaron las armas y se comportaron valientemente. La organización como cuerpo político fue absolutamente inexistente... o existió peligrosamente inclinada hacia el triángulo Telefónica-Dirección de Seguridad-Generalitat.

El tercer día de lucha, al dar la CNT orden de abandonar las barricadas, la dirección poumista repitió la orden. Rectificó enseguida, una vez que habiendo dado contraorden los "amigos de Durruti" y la Sección Bolchevique Leninista de España, los trabajadores desobedecieron las instrucciones de la CNT. Finalmente, al desaparecer las últimas barricadas, Solidaridad Obrera anunciaba la terminación de la lucha como un triunfo para los trabajadores. Eco lúgubre, la Batalla repetía: "habiendo sido aplastada la tentativa (de provocación) por la magnífica reacción de la clase obrera, la retirada se impone". ¿Qué valor político, qué idoneidad para dirigir la revolución pueden atribuir los trabajadores a un partido que pretendió hacer pasar por victoria la derrota que semanas después produciría su propia ilegalidad y el asesinato de su secretario general Andrés Nin?

Únicamente los dos nuevos grupos ya mencionados se colocaron íntegramente al lado del proletariado durante las jornadas de Mayo, al lado de la revolución que pudo ser más fácilmente destruida por falta de un único poder centralizado, el de la clase trabajadora a través de sus comités-gobierno. La provocación stalinista de Mayo del 37 es el intento supremo de arrasar la revolución por completo.

Estas jornadas magníficas en cuanto a la demostración combativa de la clase trabajadora para su emancipación, pasan casi desapercibidas en el momento de cumplir 50 años. En ciertos medios que tienen la desfachatez de hacerse pasar por revolucionarios, se habla de ellas e incluso se celebran al mismo tiempo que se conmemora el asesinato de Andrés Nin. Hablan de ellas pero sin apuntar ni por asomo, cuando no lo deforman, lo que realmente representan. Los trotskistas de toda canalla, más poumistas que el POUM, defienden hoy en día "críticamente" todo frente único (e incluso popular) con los verdugos más declarados y sanguinarios del comunismo en todas las partes del mundo: los stalinistas.

Lo que demostró la *actitud práctica* del proletariado durante las jornadas de Mayo es que partido "socialista" y partido "comunista" son reaccionarios, que este último es el que ha salvado el capitalismo español y mundial y
que el proletariado ha sido capaz de enfrentarse a ellos y de vencerlos.

Con los enemigos de la revolución no se puede llegar a conciliaciones en nombre de la unidad por muy "obrera" que se pretenda, ya que esta última es de hecho capitalista en estas condiciones.

En el momento en que todas las condiciones objetivas materiales están más que sobradamente dadas para el comunismo, la unidad obrera sólo puede existir directamente contra el sistema mundial del salariato, contra todos sus representantes y contra aquellos mismos que pretendiéndose anti-capitalistas representan abiertamente o "críticamente" el capitalismo de Estado de los países dichos socialistas.

No pueden existir tácticas y tactiquillas inmediatistas en la lucha con aquellos que, en caso de guerra mundial, defenderían incondicionalmente a Rusia con aquellos que deforman las actitudes revolucionarias de nuestra clase en general y su actitud magnífica durante las jornadas de Mayo y tampoco con los que pretendiéndose ácratas siguen a una Federica Montseny. Los que luchaban en las barricadas en aquella época no eran una pandilla de locos como pretende la dirigente anarquista; eran la expresión más consciente que adquirió el proletariado en pro de su emancipación. Lástima que en aquellos momentos confiase todavía en la CNT y no realizase en pleno movimiento lo que gritaba en las barricadas con todo sus espíritu de clase: cargarse a los traidores del movimiento social de emancipación.

Por muy reducidas que sean las pocas organizaciones revolucionarias en el mundo, a causa de la tremenda contra-revolución mundial encabezada por Moscú y seguida por todos los que la defendieron "más a su izquierda", ellas representan, nosotros representamos, la continuación y la posibilidad de concreción de los futuros movimientos emancipadores. El proletariado, que supo actuar como clase, escupe a la cara de todos los que pretenden defenderlo hoy en día y que volveran a hacer (o harán) los mismos tipos de provocaciones que los stalinistas en el 37.

Pero esta vez, la revolución aplastará irremediablemente a los falsarios. Por nuestra parte, sabemos de qué lado de las barricadas nos hallaremos y sabemos las que levantaremos.

Nosotros continuamos el combate de nuestra clase. Continuamos el combate de los que supieron ser minoritarios como los "amigos de Durruti" y la "Sección Bolchevique-Leninista". Y el de estos últimos en particular que supieron romper con el trotskismo todo y habiendo sido sus primeros representantes en España, en el momento en que el trotskismo iba transformándose, sobre todo tras su traición al derrotismo revolucionario durante la segunda guerra mundial, en un apéndice del stalinismo.

Las jornadas de Mayo de 1937 pertenecen al movimiento obrero revolucionario. No las mencionéis, los falsarios, pues las desvirtuáis y las traicionáis.

El proletariado emprenderá nuevos combates de tan alto esplendor. Estaremos con él porque formamos parte de él.

Nota: la primera parte de este artículo está basada en el capítulo "Las jornadas de Mayo" del libro de G. Munis *Jalones de derrota, promesa de victoria*, cuya lectura consideramos imprescindible para una comprensión real de los hechos acaecidos durante la revolución española.
