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Title: Reinosa, Puerto Real, Hunosa... Contra la reconversión ¡unidad revolucionaria de clase!
Description: Ante la reconversión industrial del gobierno del PSOE y la represión en Reinosa, llamamiento a unir parados y ocupados contra sindicatos y Estado y a fortalecer las organizaciones comunistas.
Date: 01/05/1987
Category: Alarma (tercera serie) n.º 24
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1987-05-reinosa-puerto-real-hunosa-contra-la-reconversion
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*Alarma*, tercera serie, n.º 24, mayo de 1987 (págs. 1-3). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1958-88%20Alarma/1987%20Alarma%2024.pdf)

Una democracia como la española, permite ver a los trabajadores cómo, ante sus ojos, los programas de los partidos políticos se intercambian y cómo aquellos que critican a otros son los más fanáticos a la hora de aplicar las medidas denostadas. Y es que, en la democrecia puede haber muchos partidos políticos pero sólo una política, la única realizable: aquella que deja intactos los privilegios de clase y fortalece el Estado para la defensa de la explotación, si es necesario de forma sangrienta.

En este momento es el Partido Socialista Obrero Español quien tiene la batuta en la mano y es quien orquesta el ataque a las condiciones de vida de todos los trabajadores. Él es el ejecutor de las órdenes de mando que emanan de estas relaciones sociales que vivimos, las capitalistas. En esta tarea han sucedido simplemente a gobiernos anteriores, llamados de derechas, y anteriormente a los gobiernos franquistas. Cada uno de estos gobiernos (el leit-motiv es el mismo para todos ellos: mantener el capitalismo) se han encontrado con situaciones diferentes que les obligan a actuar de forma determinada. El PSOE está encomendado de "modernizar el sistema productivo español", de hacerlo "más competitivo", de ponerlo en la vía de los países industrializados de Europa. Para ello se requiere, nos dicen, de los trabajadores la parte de sacrificio que les corresponde, soportar estoicamente el paro masivo, aguantar la baja del poder adquisitivo, tolerar las deficiencias en sanidad y educación, producir más cobrando menos; y así, del germen de esta resignación florecerá un futuro "más arraigado en la esperanza". La situación actual provocará en algunos perplejidad, en otros desazón, en la mayoría de nosotros rabia. Son estos últimos quienes reciben de manos de la Guardia Civil o de cualquier otro cuerpo armado del Estado, el necesario correctivo represivo. Esta es la auténtica línea histórica que une a todos los gobiernos capitalistas, sean democráticos o no; la implacable necesidad de defender sus privilegios de siempre es la que motivó el asesinato en Casas Viejas, con el gobierno democrático de la República en 1932, el mismo espíritu de Fraga con el asesinato de trabajadores en Vitoria, o el ataque armado contra Reinosa del gobierno PSOE. Si la violencia se manifiesta en este momento de la lucha de clases, es porque la disyuntiva planteada por los ataques del capital es de vida o muerte. La reconversión industrial en algunos sectores pasa, necesariamente, por arrojar definitivamente al paro y a la miseria a miles de trabajadores, y en ocasiones,
-como fue ayer en Sagunto y hoy en Reinosa- implican la desaparición física de pueblos enteros. Éste es el auténtico significado de la reconversión: asestar los golpes más duros al proletariado, *y mediante ello, posibilitar una mayor y mejor acumulación del capital*. De ello buena cuenta dan los extraordinarios beneficios de la mayoría de empresas y de bancos.

Es en esta mecánica que el Estado (con su contenido de clase bien determinado -capitalista- y como explotador que es) intenta rentabilizar sus negocios; son, fundamentalmente, aquellos sectores que pertenecen al Estado (Aceros, minería, astilleros...) -aún cuando el Estado es capaz de mantener ciertos sectores en situación deficitaria por temor, sobre todo a la respuesta obrera- quienes están implicados en la batalla por aumentar el porcentaje de la extracción de plusvalía global: adecuar su capacidad competitiva significa reducir costes para que el montante de los beneficios aumente. Para ello es necesario liquidar parte de los puestos de trabajo. Es el suma y sigue en la lucha contra los trabajadores. Éste es el marco general en que nos movemos.

En el terreno de la defensa de los puestos de trabajo actualmente en peligro, y en el intento de desbordar el tope del 5% en la subida de los sueldos, los trabajadores han desplegado la mayoría de sus esfuerzos. Entablar la batalla en estos términos, es situarnos en posiciones que difícilmente nos permitirán avanzar. En el mejor de los casos sólo lograremos "parar" momentaneamente la ofensiva del capital.

Para garantizar el encuadramiento de los trabajadores en esta perspectiva, tenemos órganos tutelares dispuestos a desanimar cualquier tentativa de profundizar la lucha. Todos los sindicatos expresaron inmediatamente, como es tradicional en ellos, cuáles eran los objetivos a lograr: conseguir unas migajas más de lo que ofrecía el gobierno. Y aún con esta miserable espectativa, CCOO y UGT se enzarzaron en disputas y acusaciones recíprocas de estar utilizando las necesidades de los trabajadores con fines políticos y electorales. Y la verdad es que ambos tienen razón. La forzada protesta de los trabajadores es instrumentalizada por la canalla sindical como si de piezas de ajedrez se tratara, tomando las mejores posiciones que permitan una negociación de la cual ellos serán los beneficiarios. Y no puede ser de otra forma ya que los sindicatos no tienen otras metas que entrar en el juego de las "mejoras-peoras" dentro de este sistema, atacando ferozmente a aquellos que intentan desligarse de esas ataduras. El campo visual de los sindicatos está acotado por lo que ellos llaman "realismo", lo que no significa otra cosa que el interés de los negocios de la nación, es decir, intereses ajenos al proletariado como clase. Esa es la verdadera raíz de los sindicatos.

Cuando los trabajadores se movilizan, como en este momento, corren un tupido velo que impide ver las auténticas implicaciones de las luchas; y en estas no hay ni una sola que no esté en relación con las leyes económicas y sociales que rigen el sistema capitalista como un todo. No se trata de malas gestiones, no es problema de "insensibilidad social", es el funcionamiento normal del capitalismo, en ocasiones explota en la fábrica, en otras nos tira al cubo de la basura. No es cuestión de arrimar el hombro para crear tiempos mejores, ni siquiera en las perspectivas del mejor funcionamiento del capitalismo es motivo de satisfacción de los trabajadores, más bien al contrario, una pujante situación en los negocios significa una fácil y redoblada acumulación del capital.

Hunosa, RENFE, Reinosa, Puerto Real... todos y cada uno de los conflictos, quieranlo o no, en el fondo están pugnando con las relaciones sociales existentes. Si a la necesidad de vivir, de conseguir un puesto de trabajo, añadimos la voluntad de gestionar nosotros mismos el destino de la riqueza que producimos en ese mismo acto de trabajo, no queda otra solución que asumir la responsabilidad de entablar la batalla contra todas las fuerzas del Estado. Los trabajadores de Reinosa, de Puerto Real, de tantos otros lugares, han tenido que ganar la calle, lo que es suyo, con puños crispados y cuerpo a cuerpo contra las fuerzas armadas del Estado. Eso, compañeros, es un paso adelante. Pero para que el paso sea real y definitivo es necesario que esa fuerza que demostramos en la calle la extendamos ahora a las otras esferas de la vida: a la fábrica, a la escuela, a los cuarteles..., de lo contrario los que tienen todo el peso del Estado lograrán hacernos retroceder. Si no es con un criterio político los enfrentamientos se quedarán en nada. Únicamente quedará el recuerdo del trabajador asesinado.

En Reinosa los trabajadores secuestraron a los dirigentes de la empresa. Compañeros, no es a ellos a quienes debemos secuestrar *sino a la economía nacional en su conjunto*, éste debe ser el verdadero objetivo.

En la prosecución de este objetivo encontraremos todas las trabas que el capital sea capaz de oponernos. Saliendo
de nuestras propias filas, presentándose como nuestros organizadores, tendremos a los sindicatos, auténticos sepultureros de las luchas obreras. Su trabajo de división (situando las luchas a nivel corporativista y de forma aislada) y su mistificación de la realidad (su interés está ligado a los intereses nacionales, sin concebir otro ordenamiento social que no sea el capitalista, del cual ellos son parásitos) estará encaminada a quebrar cualquier intento de toma de conciencia proletaria. Su división comienza por hacer un juego de malabares y dejar fuera de la lucha a los compañeros parados, a ellos, *que en gran parte son el producto de las anteriores negociaciones sindicales*. Nuestros puestos de trabajo están indivisiblemente unidos a los que ya hemos perdido, los que pertenecen a esos tres millones y medio de parados. Dejar al margen de nuestra lucha a estos compañeros, hoy en paro, es aceptar las condiciones de división que nos imponen quienes sólo tienen interés en negociar con nuestra fuerza de trabajo. No podemos olvidar que hay una unidad subterránea en todos los conflictos actuales, poco importa el sector que se movilice, naval, minero, línea blanca, automóvil..., lo que nos jugamos es la riqueza que producimos y ésta tiene el mismo valor en cada una de las ramas aun cuando los patronos no sean los mismos, o estén en competencia entre ellos. Romper el marco del corporativismo, ver al conjunto de los trabajadores -parados o en activo- como parte integrante del mismo movimiento, es una necesidad que nos permitirá formar una gran ola de choque contra el dique del capital. Rompamos el corporativismo y el localismo, no se trata sólo de salvar pueblos (Sagunto, Reinosa u otra ciudad, por lo demás imposible de lograr con fuerzas aisladas, como demuestra la experiencia de Sagunto), es necesario enfrentar las luchas con el conjunto del proletariado. Cada obrero parado es un símbolo de derrota. *No permitamos que haya ni un solo trabajador fuera de las fábricas o de su puesto de trabajo*. Es condición imprescindible imponer nuestra fuerza y mostrar bien a las claras que no es posible echar a nadie de aquello que le pertenece. Habrá quien diga que eso no es posible, lo que no es posible es conciliar intereses opuestos. Cuando cierran la siderurgia de Sagunto, las minas de Hunosa, la naval de Puerto Real, y todas y cada una de las ramas productivas, no es porque ya no pueda cumplir un papel beneficiosa para toda la humanidad. El crierio que siguen es el de la ganancia, el mismo criterio que les induce a despilfarrar la riqueza que producen los trabajadores en una ingente producción de armamento y que se cierne sobre nuestras cabezas con amenazas apocalípticas; el mismo que les conduce a destruir lo que ellos llaman "sobrantes" en la alimentación, llegando a quemar cientos de miles de toneladas de trigo, miles de litros de leche o mantequilla... Esta es la lógica de los intereses de la economía nacional. *El proletariado debe ser ajeno a este tipo de pensamiento*.

Debemos retomar las luchas con más fuerza que nunca, contra la táctica de división y dispersión de los sindicatos, fortalezcamos la unidad de todo el movimiento obrero. Contra el juego de pequeñas mejoras apuntemos nuestras reivindicaciones hacia objetivos que nos permitan un asalto definitivo al poder del Estado capitalista. Impongamos una drástica reducción de horas de trabajo, no como gesto de querer contribuir todos a las arcas nacionales, sino para reivindicar el derecho que tenemos de hacer de nuestras vidas algo más que una herramienta para la producción, reduciendo las horas de trabajo tendremos posibilidades de gestionar nuestra propia riqueza. Impongamos un aumento *real* de los salarios, sólo percibimos una pequeña parte del valor de lo que producimos, exijamos que revierta sobre nosotros mismos la mayoría de la riqueza social.

Es necesario imponer un cambio de rumbo en la orientación del movimiento obrero. En ese camino encontraremos la necesidad práctica de destruir a los sindicatos y a la política que representan. Sin esto, la posibilidad de un cambio revolucionario de la sociedad, se irá convirtiendo en un sueño cada vez más lejano. En nuestras manos está invertir esa espectativa. En esa lucha inflexible, Fomento Obrero Revolucionario llama a todos los trabajadores revolucionarios a fortalecer las organizaciones comunistas; quienes queremos destruir el capitalismo no debemos luchar separados. El proletariado, construyendo organizaciones revolucionarias dará un paso adelante. En este paso Fomento Obrero Revolucionario quiere estar a la cabeza.

¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES UNIOS!\
¡SUPRIMID EJERCITOS, POLICIAS, PRODUCCION DE GUERRA, FRONTERAS, TRABAJO ASALARIADO!\
para ello,\
¡PODER, ARMAS, ECONOMIA AL PROLETARIADO!
