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Title: Sobre el engaño del desarme
Description: Mientras los gobiernos hablan de desarme, la carrera de armamentos moviliza la ciencia contra el hombre; solo el derrotismo revolucionario y la destrucción del capitalismo pueden traer la paz.
Date: 01/04/1979
Category: Alarme n.º 4
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1979-04-sobre-el-engano-del-desarme
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*Alarme*, n.º 4, abril-mayo-junio de 1979 (págs. 5-6). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n04.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1979-04-sur-la-tromperie-du-desarmement)

Mientras se exacerba la competencia entre los países capitalistas, y sobre todo entre los bloques, por conquistar los mejores puestos en el «nuevo orden» económico mundial (nuevo desorden es en realidad el término exacto), no hay año, si no mes, en que no se nos hable de desarme. «¡Desarme!, ¡lucha por el mantenimiento de la paz!», parecen ser los temas preferidos de los jefes de Estado y de sus subalternos. ¡Qué buenos son nuestros dirigentes, que luchan así por que se conserve la paz! Pero ¿qué paz, exactamente?

«Estamos en paz», nos aseguran los jefes de Estado, mientras la guerra hace estragos en algún lugar del mundo, ya en forma de guerra entre países, ya en forma de guerra civil, dos clases de guerra que son dos expresiones de una misma guerra: la que se libra entre las potencias imperialistas que se reparten el mundo. Ayer eran Inglaterra, Italia, Francia, Alemania, Japón, Estados Unidos y Rusia; hoy son Estados Unidos y Rusia, pues las demás potencias citadas ya solo pueden considerarse subimperialismos. En todo caso, lo característico es que la guerra imperialista no ha abandonado en realidad la superficie del planeta desde comienzos de siglo. Pero no importa: ¡hay que «mantener la paz»!

¿Y qué nos proponen esos falsificadores de la realidad? El desarme.

¡El desarme!, cuando las grandes potencias y sus aliados, grandes o pequeños, se arman cada día un poco más utilizando los medios más sofisticados de la ciencia moderna. Por cada científico empleado en el campo de la investigación médica, otros cuatro están empleados para la «Defensa», sin contar con que a menudo, sin saberlo siquiera, muchos investigadores que no están empleados oficialmente por la «Defensa» trabajan de hecho para ella. Cada día se gastan miles de millones al servicio de la destrucción del Hombre. El armamento no deja de «hacer progresos». El láser puede servir hoy no solo para dirigir misiles hacia objetivos precisos, sino también para horadar directamente la carne humana. El obús de bolas, al estallar, libera miles de bolitas minúsculas que penetran en el cuerpo siguiendo una trayectoria en zigzag, y la agonía es larga y espantosa. Hay también variantes de la bomba de bolas: la bomba de dardos o la bomba de bolas de un plástico especial indetectable por los rayos X. (El obús de bolas y sus variantes se utilizaron sobre todo en la guerra entre Vietnam y Estados Unidos.) La bomba con cabeza buscadora que detecta el calor humano se utilizó con éxito, por ejemplo, en el ataque a un campamento palestino por el ejército israelí hace dos años: mató mucho. Pero es inútil seguir describiendo los últimos modelos de armas llamadas «clásicas»: la lista sería demasiado larga. Aparte de las armas clásicas, están las armas bacteriológicas, de las que se nos asegura que no se emplearán en caso de guerra, mientras los laboratorios que se encargan de la investigación en ese campo siguen produciendo por millares nuevos tipos de bacterias, a cuál más peligrosa. Se investiga también muy a fondo en el campo del arma nuclear: últimamente fue el descubrimiento por los Estados Unidos de la famosa bomba de neutrones, que destruye la vida conservando armas y máquinas (¡muy característico de la jerarquía de valores del sistema capitalista!). Por último, quede todo el mundo tranquilo: ¡la potencia del armamento nuclear que poseen todas las potencias juntas no excede del triple de la potencia necesaria para aniquilar toda vida en la Tierra!

La simple descripción de los esfuerzos realizados por la ciencia en el campo del armamento (ciencia que se pretende todavía al servicio del Hombre, pero que hoy solo está al servicio de su destrucción, tanto física como espiritual) y de los esfuerzos financieros de los Estados para reforzar sus medios militares, esa simple descripción basta para probarnos (si no estábamos convencidos antes) que el «desarme» preconizado por los gobiernos no es más que una mentira odiosa y desvergonzada. Y esa mentira tiene su fuente principalmente en la necesidad de contar con una población confiada, llegado el día, en la otra mentira que interviene en toda guerra para justificarla: la mentira según la cual la guerra se debe al otro bando. El culpable es el país con el que se está en guerra, mientras que el gobierno del país en que uno se encuentra lo ha hecho todo por «el mantenimiento de la paz y el desarme». En efecto, nuestros opresores saben bien que las armas más sofisticadas y más terribles no valen un clavo si no las emplean soldados fanatizados por la mentira.

Contra la mentira deliberada del desarme en el seno de este sistema capitalista que no acaba de pudrirse, los revolucionarios deben oponer las consignas del derrotismo revolucionario, es decir, de negativa del proletariado a dejarse encuadrar en una guerra que no concierne en absoluto a sus intereses y de ataque contra su propio capitalismo nacional, consigna destinada a todos los países sin excepción alguna; del armamento de la clase obrera; de la dictadura del proletariado y de la abolición del salariado. Toda sociedad de explotación y de opresión engendra la guerra, pero nunca la guerra había sido tan mortífera, tan generalizada y tan peligrosa para la humanidad como en el sistema capitalista decadente. Toda fábula de «desarme» hoy solo puede tener por objeto desarmar a la clase obrera engañándola. Un verdadero desarme solo puede producirse con la destrucción del sistema capitalista y de las clases sociales, y con la instauración del comunismo, en el que la humanidad, por fin unida, podrá vivir en paz.
