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Title: Traducción de un texto escrito por un camarada norteamericano sobre la huelga de la Norfolk & Western Railway
Description: Balance de la huelga de solidaridad de la Norfolk & Western Railway, rota por el sindicato B.R.A.C., y crítica del papel de los sindicatos como instituciones al servicio del capital.
Date: 01/04/1979
Category: Alarme n.º 4
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1979-04-traduccion-de-un-texto-de-un-camarada-norteamericano-norfolk-western
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*Alarme*, n.º 4, abril-mayo-junio de 1979 (págs. 6-7). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n04.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1979-04-traduction-d-un-texte-d-un-camarade-americain-norfolk-western)

*Traducción de un texto escrito por un camarada norteamericano y fechado el 12 de enero de 1979.*

1. La huelga de la compañía Norfolk & Western Railway ha sido, desde hace mucho tiempo, la primera huelga de solidaridad de envergadura nacional que no se refería ni a los contratos ni a los salarios. La huelga de la N & W fue una victoria en cuanto que el pacto de ayuda mutua de las compañías de ferrocarriles fue puesto a prueba y derrotado. Con la huelga de la N & W, los trabajadores norteamericanos han recuperado como arma la huelga «secundaria», o boicot, tras décadas de prohibición legal. Hasta ahora, los patronos tenían la seguridad de que las huelgas «secundarias» estaban descartadas gracias a las «consignas de moderación». Por eso un directivo anónimo de los ferrocarriles, citado en el *San Francisco Daily Commercial News* del 27 de septiembre, afirmó que aquella acción nacional no era otra cosa que «una huelga irresponsable e ilegal». ¡Una «huelga irresponsable e ilegal» de más de 330.000 huelguistas! Una huelga nacional de solidaridad en la gran industria constituye un paso de gigante para el nuevo movimiento obrero y tiene importantes precedentes en la historia de los trabajadores del ferrocarril: por ejemplo, la huelga de la Pullman en 1894, que fracasó.

Y, por supuesto, la huelga ha sido una experiencia positiva por haber demostrado la capacidad de los trabajadores del ferrocarril para paralizar el país.

2. El aspecto negativo de la huelga puede resumirse en la frase: «F. J. Kroll y la Brotherhood of Railway & Airline Clerks (B.R.A.C.: Sindicato de Empleados de los Ferrocarriles y de las Líneas Aéreas)». La huelga fue rota por el sindicato.

Desde nuestro punto de vista, la traición de los sindicatos no es una cuestión de buenos o malos dirigentes. Lo que debe ponerse en cuestión es el papel de los sindicatos mismos, en cuanto instituciones. Kroll y sus burócratas no son por naturaleza hombres diabólicos, como claman los espartaquistas (tendencia del trotskismo) y otros candidatos a la dirección de los sindicatos. El krollismo es simplemente una expresión del papel histórico de los sindicatos, que es servir de amortiguador entre los patronos y los obreros, particularmente cuando los obreros se rebelan. La mayoría de los obreros de la industria lo saben, y por eso los sindicados boicotean las reuniones de los sindicatos en los ferrocarriles, en las industrias de la costa y en todas las demás industrias, de una costa a otra. ¡Y tienen razón!

Los sindicatos solo defienden a sus cuadros y a sus camarillas, entre ellas esa capa de obreros de gran antigüedad que se benefician de un siglo de «contratación-solo-de-blancos» en la industria ferroviaria y en otras. Además, los obreros de más edad, racistas, sexistas, y sus representativos dirigentes sindicales son casi siempre extremadamente hostiles a los obreros más jóvenes (cuyo trabajo es más exigente y a menudo más peligroso). Los sindicatos sirven complacientemente de policía contra los trabajadores jóvenes.

Además, los dirigentes sindicales se comportan como banqueros por su control de la caja sindical y de los fondos de pensiones. Su papel de banqueros y de inversores no depende de su éxito como hombres de negocios (al contrario que los banqueros e inversores «normales»), sino de su control continuo de la jerarquía sindical. Así, representan una capa de hombres de negocios cuya base en capital es inseparable de su función de «representantes», «delegados», etc. En verdad, ¡la semilla del capitalismo de Estado!

Esta implicación del sindicato del ferrocarril en los negocios bancarios no tiene nada de nuevo. Buena parte del sentimiento antisindical de los obreros del ferrocarril en los años treinta descansaba en esta implicación bancaria. Pero hoy sabemos que los fondos del sindicato de los ferrocarriles son la clave del «enigma» en un asunto de fraude en un Estado del Oeste, donde los sindicatos están inculpados por corrupción.

Hechos relacionados con esto, en la industria naval, nos han sido referidos en cuanto al arraigo de los burócratas sindicales en el capital. Cuando, este año, los sindicatos de marinos negociaron los nuevos contratos con las compañías de navegación de la costa del Pacífico, obtuvieron un aumento de las «ventajas» sin aumento de salarios. En efecto, los dirigentes sindicales marítimos se llenan generosamente los bolsillos, ¡pero desde luego no lo hacen por los sindicados! Solo los fondos de pensiones —el capital de los dirigentes sindicales— se hinchan con un aumento de las ventajas. ¡Así es como los patronos pagan a los dirigentes del sindicato!

En el caso de los sindicatos del ferrocarril, su papel antiobrero es cada vez más odioso, porque lo sostiene la casi fascista Railway Labor Act (ley corporativista promulgada en los años treinta),[^1] y por eso mismo no debe descuidarse, como tampoco la implicación de la B.R.A.C., por medio de las corporaciones, en la doma estatal de los obreros... de obreros dóciles.

3. Intentar cambiar los sindicatos contra los esfuerzos de los dirigentes sindicales, de los patronos y de todos los que los apoyan pasivamente es una acción contra los obreros. Las secciones locales, incluso las «controladas» por grupos disidentes, siempre han experimentado la rápida degeneración de esos rebeldes y la más rápida aún desmoralización de quienes los habían seguido. Es una ley de hierro. El papel de negociador entre el patrón y el obrero cambia y corrompe incluso a los sindicalistas más sinceros, más radicales. Podrían citarse demasiados casos.

Los rebeldes pueden triunfar apartando el movimiento obrero de los ferrocarriles de las derrotas orquestadas por los bonzos sindicales. Los trabajadores del ferrocarril que se oponen a los traidores deben organizar asambleas donde cada individuo tenga derecho a la palabra y donde no haya dirigentes permanentes. Los rebeldes deben colaborar entre sí en comités.

¡NADA DE ASAMBLEAS PARA QUE LOS BURÓCRATAS PUEDAN «EXPLICAR LAS MALAS NOTICIAS A LA TROPA», Y NADA DE COMITÉS DE NUEVOS BURÓCRATAS! ¡SU TIEMPO HA TERMINADO! ¡HACEN FALTA ARMAS NUEVAS!

[^1]: La Railway Labor Act, que regula las relaciones laborales en los ferrocarriles de Estados Unidos, se aprobó en 1926 y se reformó en 1934.
