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Title: EE. UU.: una situación que madura
Description: Extractos de cartas de un compañero americano sobre el rechazo creciente de los sindicatos, la huelga de los camioneros y de los descargadores de acero, la crisis de Three Mile Island y el motín antipolicial de San Francisco del 21 de mayo de 1979.
Date: 01/07/1979
Category: Alarme n.º 5
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1979-07-ee-uu-una-situacion-que-madura
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*Alarme*, n.º 5, julio-agosto-septiembre de 1979 (págs. 13-15). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n05.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1979-07-usa-une-situation-qui-murit)

*Traducción de extractos de cartas de un compañero americano.*

Desde las huelgas de las minas de carbón de 1977-78, lo que caracteriza principalmente a la totalidad de las luchas obreras de la industria es el creciente rechazo de los sindicatos por parte de los mismos sindicados. El cambalache entre los burócratas sindicales y los patronos a fin de manipular y reprimir el descontento de los obreros ha puesto de manifiesto a todos los trabajadores —excepto a los cuadros sindicales corrompidos— que los sindicatos no prometen nada para defender a los obreros, sea en cuanto a la rápida caída del poder adquisitivo de los salarios por la inflación, sea en cuanto al totalitarismo creciente del lugar de trabajo. Lo que es preciso comprender ya hoy es que no existe otra salida para los sindicatos. La participación de los sindicatos en el descenso del nivel de vida de los obreros por medio del paro cada vez mayor y de la inflación es inseparable del papel de los sindicatos como agentes de la venta de la fuerza de trabajo. Es más, hay que comprender que incluso un alza de salarios conseguida por vía sindical tiene como consecuencia inevitable el aumento de la explotación de los obreros —o lo que es lo mismo, mayores beneficios para los patronos—, ya que el aumento de salarios significa inevitablemente una contrapartida a cambio de una mayor subordinación y un mayor control por parte de los patronos.

La huelga minera —la primera escaramuza— fue el único episodio de este período que caracteriza una rebelión patente de los obreros contra los burócratas sindicales. Después de ella, todos los intentos de ruptura radical con el «consenso social» han sido abortados por los sindicatos. Pero este éxito de los sindicalistas se les ha vuelto en contra. El espectáculo de la continua alianza entre patronos y sindicatos ha conducido a que millones de obreros aborrezcan los sindicatos. Ellos mismos, con su actuación, han abierto un camino para que los obreros aceptemos un programa de ataque revolucionario del capitalismo, programa que empieza necesariamente por un rechazo revolucionario de los sindicatos.

La insuficiencia radical de los tradicionales sindicalistas, izquierdistas o políticos empieza a desvelarse en algunos conflictos importantes. Por ejemplo, durante los diez días de huelga nacional de los camioneros (que abarcó a los obreros del ferrocarril y que produjo también despidos considerables en la industria del automóvil), la principal «oposición» dentro del sindicato de camioneros, los Camioneros por un Sindicato Democrático (Teamsters for a Democratic Union, TDU), que llegó a ser controlada por los Socialistas Internacionales de Tony Cliff,[^1] fue capaz de atraerse la atención de gran parte de la clase obrera. Los obreros sindicados, en todo el país, consideraron a la TDU como su guía. Pero la TDU nunca aportó iniciativas, ya que su programa es fielmente sindical, tanto que le llevó a adoptar una actitud «humilde» durante la huelga «a fin de no boicotear la unidad». En cuanto que la TDU no tiene nada nuevo que decir respecto al sindicalismo en sí, su programa solo consiste en una tímida crítica de la evidente corrupción personal de los líderes burocráticos. Un texto de la TDU, distribuido en los principales garajes de camiones de la región de la Bahía de San Francisco, proponía eslóganes como: «La base debe luchar por un convenio decente porque Fitz (Fitzsimmons, líder del sindicato de los camioneros) no lo hará». Toda la estrategia de la TDU se limitaba a llamar a la base para que empujara hacia la izquierda a los burócratas sindicales. No era esto lo que los obreros camioneros querían oír; por eso la TDU malgastó la buena voluntad aportada a la lucha. Las huelgas solo pueden vencer contra los sindicatos, y los «izquierdistas» que intentan ocultar esta verdad no merecen más que el desprecio de los trabajadores. La TDU salió de la lucha con una audiencia reducida, como fruto de su falta de voluntad de luchar contra las ilusiones sindicalistas. La oposición en las filas de los sindicados no se polarizó durante la lucha en torno a los «socialistas» de la TDU, sino en torno a los obreros de la descarga del acero de las industrias de base del Nordeste. Los descargadores hicieron caso omiso de la orden de la dirección internacional del sindicato de los camioneros de volver al trabajo, y su oposición fue lo bastante firme como para que la dirección internacional acordase formalmente una aprobación oficial de la huelga de los descargadores de acero. Dejando que los descargadores se agotaran por sí solos, la dirección internacional reafirmó luego su control. Los descargadores no ganaron nada. Aunque la resistencia de los descargadores a poner fin a la huelga (fin negociado por el sindicato) fue dictada únicamente por sus intereses corporativos (sus condiciones de trabajo se fijan con unas normas diferentes del convenio nacional de los camioneros), los descargadores fueron considerados por el resto de los camioneros como sus representantes frente a la dirección internacional del sindicato. Significativamente, los descargadores, cuya huelga nacional salvaje del año anterior se caracterizó por enfrentamientos armados en diversos puntos del país, han tendido a unirse a un sindicato clandestino que actúa en el interior del sindicato de los camioneros, la Fraternal Association of Steel Haulers (FASH). Los descargadores han vuelto a perder, porque la oposición a los burócratas en el interior de los sindicatos y/o a través de sindicatos dobles no consolida en nada la posición de los obreros. Los obreros deben abandonar los sindicatos y combatirlos. Hasta que no estalle una auténtica revuelta antisindical, que abarque a millones de obreros, continuarán declarándose huelgas fallidas como las que hemos visto desarrollarse después de la huelga del carbón. Los obreros deben superar y superarán su actual asco pasivo hacia el sindicalismo para llegar a una protesta activa.

Aparentemente, las relaciones de clase en los EE. UU. siguen bajo control. En realidad, la crisis general de las relaciones sociales sigue madurando. La credibilidad del gobierno capitalista ha quedado gravemente minada por el accidente nuclear de Three Mile Island. La cólera de las masas contra el poder de las grandes compañías se ha visto reforzada por la rápida inflación y los beneficios récord, particularmente en California, donde la gasolina ha aumentado un dólar cada casi cuatro litros. La combinación de la inquietud frente a la energía nuclear y la rabia contra los monopolios petroleros podría llevar a los EE. UU. a un enfrentamiento de clases muy grave. En estos momentos, por primera vez en la historia de los EE. UU., se está discutiendo ampliamente la nacionalización de la industria más importante, la petrolera... y, consecuentemente, una capa de líderes sindicales «socialistas» está quedando al descubierto. Se presenta a los revolucionarios serios de los EE. UU. una gran oportunidad. Se debe denunciar despiadadamente el papel de los sindicatos como guardianes de la paz social, y frente a las propuestas de nacionalización de las industrias debemos oponer nuestros argumentos por la toma de la industria por los obreros mismos. Lo que hace falta es una amplia intervención en los lugares de trabajo, planteando la revuelta como respuesta a la tiranía de las empresas y del Estado, y las asambleas y comités como alternativa a los sindicatos.

La gran tensión política que existe en la sociedad norteamericana queda patente en el motín antipolicial de San Francisco del 21 de mayo. Escuetamente: el otoño pasado, Dan White, policía y concejal, asesinó al alcalde de San Francisco, George Moscone, y a otro concejal, Harvey Milk. Este último era el primer cargo público abiertamente homosexual elegido en San Francisco, y el acto de White ha sido considerado como un ataque al estilo de los pogromos contra los homosexuales. El 21 de mayo terminó el proceso contra el asesino con un veredicto de homicidio voluntario y una sentencia de unos tres años de cárcel. La reacción de toda la comunidad radical y liberal de San Francisco, incluida la mayoría de los obreros jóvenes, fue a la vez de incredulidad y de sentimiento de injusticia ante el hecho de que un policía pueda cometer una grave atrocidad terrorista y quede prácticamente impune, mientras que si un homosexual, un negro, uno de habla hispana o cualquier obrero o persona pobre hubiese asesinado a Dan White, habría seguido naturalmente una terrible reacción represiva. Cinco mil personas marcharon entonces hasta la alcaldía (City Hall), donde rompieron los cristales, incendiaron el sótano, se armaron con barras de hierro, se enfrentaron a la policía, a la que hicieron retroceder por tres veces, y quemaron al menos veinte coches, en su mayoría de la policía. Un gran contraataque de la policía dio lugar a una explosión de la multitud en Market Street, la calle principal de la ciudad, donde quedaron rotos los escaparates de varios bancos y grandes almacenes. Durante toda la noche se enfrentaron en las calles manifestantes y policías.

Volviendo al tema de los sindicatos, añadamos que el *Wall Street Journal* del 29 de mayo anunció que la mayor empresa de carbón bituminoso de los EE. UU., Consolidation Coal, se ha retirado de la Bituminous Coal Operators Assn., el grupo patronal de negociación, para firmar un convenio particular con el sindicato minero UMW. Consolidation Coal afirma que no puede soportar otra huelga larga y piensa que un acuerdo con el sindicato relanzará la productividad. En otras palabras, demuestran que necesitan realmente a los sindicatos, ¡digan lo que digan contra ellos![^2]

[^1]: Los International Socialists norteamericanos, emparentados con el grupo británico de Tony Cliff (el francés escribe «Clifford»; *Alarma*, «Cliffoid»).
[^2]: Texto español del FOR según [«Noticias de los EE.UU.»](https://marxismo.school/hemeroteca/alarma/1979-06-noticias-de-los-ee-uu), *Alarma*, tercera serie, n.º 7, verano-otoño de 1979, traducción, como la francesa, de un informe del compañero americano. Lo hemos cotejado con la versión francesa, más literal, y corregido donde se apartaba de ella: «motín» (*émeute*) donde *Alarma* dice «mitin»; «a Dan White» donde *Alarma* dice «al alcalde»; «la revuelta», no «la revolución», como respuesta a la tiranía de las empresas; «sigue madurando», «se está discutiendo ampliamente», «una gran oportunidad», «al menos veinte coches», el último párrafo y otros detalles menores, con los que restablecemos los matices del francés. Conservamos de *Alarma* la expresión «para que los obreros aceptemos», que el francés dice «para ganar a los obreros». Seguimos la división en párrafos del francés.
