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Title: Dejemos a la carroña en su terreno
Description: Ante el debate sobre la intervención rusa en Afganistán y las declaraciones de Marchais, rechazo a juzgar en el terreno capitalista de la «no injerencia»: el enemigo está dentro de nuestras propias fronteras.
Date: 01/01/1980
Category: Alarme n.º 7
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1980-01-dejemos-a-la-carrona-en-su-terreno
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*Alarme*, n.º 7, enero-febrero-marzo de 1980 (págs. 1-2). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n07.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1980-01-laissons-les-charognes-sur-leur-terrain)

Como ante cada acontecimiento, gracias a los poderosos medios de información-deformación, se arrastra a la gente, y al proletariado en particular, a un terreno que no puede ser el suyo. Veámoslo a propósito de un hecho concreto: las declaraciones hechas en Francia por unos y otros sobre la intervención rusa en Afganistán.

El señor Marchais, secretario general del partido «comunista» francés, ha ido a Moscú. Aun pronunciándose por la no injerencia en los asuntos interiores de otro país, ha defendido, igual que su partido, la intervención rusa en Afganistán. Motivo: un acuerdo entre los dos países (Rusia, Afganistán) estipulaba que una petición de ayuda de uno de ellos autorizaba al otro a intervenir fuera de sus propias fronteras. Eso es, según el P«C»F, lo que ha ocurrido. Pero poco importa: el resultado es el mismo. Los rusos ocupan militarmente Afganistán.

Ante el hecho mismo y ante las declaraciones hechas por Marchais desde Moscú el viernes 11 de enero del 80, la casi totalidad de los partidos políticos franceses ha clamado, indignada: ¡escándalo!

En esta historia, como en toda historia contada para mantener la necedad, la imbecilidad y la ignorancia, las tres ubres de la moral basada en la explotación del hombre por el hombre, están los buenos y los malos. El gran debate está ahí para sugerirnos una respuesta: ¿quién es bueno y quién es malo? ¿El que apoya la intervención rusa o el que la condena? Los límites de la reflexión nos vienen fijados de todos modos, y no de cualquier manera: a golpe de machaqueo. Pero resulta que esos límites de la reflexión son los deseados e impuestos tanto por un lado como por el otro. Hay que razonar, pronunciarse, juzgar, en el terreno capitalista. El punto de vista de clase, el punto de vista revolucionario, es muy otro. Unos y otros defienden en lo esencial el mismo sistema, unos y otros defienden una «soberanía nacional» que saben ficticia, en la época en que más que nunca hay que acabar con las fronteras y las naciones, que no han existido ni existen sino como unidades de explotación y de matanza.

Principio de no injerencia... ¡PAPARRUCHAS! ¿Quién puede creer todavía en eso? ¿El derecho de los pueblos a la autodeterminación? ¿Qué pueblo? El pueblo dividido en clases, donde evidentemente no se pueden tener los mismos intereses según se sea explotador o explotado. Pueblo, interés nacional, patria: otras tantas palabras mágicas que solo sirven para engañarnos y aniquilarnos mejor.

En cambio, hay cosas mucho más concretas que cada cual puede comprobar si no se deja hechizar por ideas que solo existen para desviar nuestras protestas, nuestra rebeldía, del verdadero objetivo que debe ser el nuestro.

En efecto, en cualquier nación hay tropas de ocupación: ejército nacional, fuerzas de policía. En cualquier nación tienen principalmente la misma función: reprimir todo peligro de subversión total de la sociedad. En cualquier nación el hombre es explotado. Y ahí sí se trata de una injerencia contra la que debemos alzarnos: la injerencia en los asuntos de nuestra propia vida, vida que está determinada, controlada, programada; en una palabra, aniquilada. Y estemos seguros de ello: cualquier poder de este mundo podrido reprimirá de la misma manera y con los mismos medios todo cuestionamiento real de nuestra condición de explotados.

No tenemos por qué participar en toda esta farsa. Lo que se nos presenta como «injerencia en los asuntos interiores de otra nación» no es más que la acentuación y la prueba irrefutable de lo que ya ocurre, sencillamente porque el mundo está repartido entre los dos supergrandes, capitalistas y, por añadidura, imperialistas: Rusia y los EE. UU. La injerencia existe a todas las escalas, porque no puede no existir. Su supresión supone el aniquilamiento del mundo capitalista, y con él de todas las fronteras. Para ello hay que devolver la vida, con nuestro combate de clase explotada, al internacionalismo proletario escarnecido por todos los que, o bien han aplastado directamente revoluciones proletarias, o bien lo han traicionado y lo traicionan (P«C», P«S», «trotskistas»...). Hagamos nuestra la frase de Karl Liebknecht: «nuestro enemigo está dentro de nuestras propias fronteras»[^1]. Es la única manera real de acabar con el capitalismo mundial. Dejemos a la carroña en su terreno, ocupémonos del nuestro, y entonces comprobaremos todavía mejor que no eran sino una sola cosa.

NO AL NACIONALISMO

SÍ AL INTERNACIONALISMO.

[^1]: Alusión a la octavilla de Karl Liebknecht de mayo de 1915 «Der Hauptfeind steht im eigenen Land!» («¡El enemigo principal está en nuestro propio país!»).
