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Title: Esto es el capitalismo
Description: Contra el humanismo del Año del Niño: el trabajo, la prostitución y el hambre de los niños del «Tercer Mundo» son producto del capitalismo mundial, que solo la acción de la clase obrera puede abatir.
Date: 01/01/1980
Category: Alarme n.º 7
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1980-01-esto-es-el-capitalismo
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*Alarme*, n.º 7, enero-febrero-marzo de 1980 (pág. 4). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n07.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1980-01-c-est-ca-le-capitalisme)

Con gran despliegue de cretinismo «humanista», la prensa capitalista habla, «escandalizada», de los niños proletarios en el mundo, y más en particular en el «Tercer Mundo». Pero su denuncia lloriqueante no ataca, porque no quiere atacar, la causa fundamental del fenómeno exhibido muy especialmente al final del santo Año del Niño[^1]. Ha habido el año de la mujer, el año del niño: ¿para cuándo el año de la mercancía?

Sí, hay niños que trabajan en el mundo. Sí, hay niños que revientan en el mundo. Sí, hay niños que prostituyen su sexo en el mundo. Sí, el mundo se consume en una podredumbre que no se atreve a mirar de frente. Y toda la chusma capitalista se escandaliza de lo que pasa en otra parte. Y venga ayuda a los niños camboyanos, vietnamitas, etc. La miseria está en otra parte, ¿no es así? Al fin y al cabo, Francia, Europa, los países avanzados son «el menor de los males»; poco falta para que sean el paraíso. Y todos esos grandes historiadores, que harían mejor en desaparecer, comparan los países del «Tercer Mundo» con el capitalismo en desarrollo del siglo XIX. Capitalismo naciente en el que efectivamente las mujeres y los niños trabajaban por unas migajas, y sobre cuyas espaldas, entre otras, se construyó la bella sociedad democrática y liberal, en la que querrían hacernos creer que, pese a las dificultades, todo va relativamente bien en el mejor de los mundos, y que podría ir mejor si las «fuerzas populares» se encargaran de tomar el relevo.

Comparar el Tercer Mundo con el capitalismo naciente es una superchería, una mistificación más que sirve para sugerir varias cosas totalmente falsas. Hacer creer que el crecimiento económico de esos países puede reducir y hacer desaparecer la explotación desenfrenada y la miseria de los niños en el mundo; en realidad, eso permite estimular la sumisión de quienes no han vivido esa situación en los países que... «ya han pasado por ahí». Hacer creer que el problema es puramente nacional y que, pudiendo cada nación autodeterminarse (¡faltaría más!), podrán remediar por sí mismas sus problemas; algunos reconocen, con todo, que las grandes potencias entorpecen un tanto ese «buen proceso natural». Todo eso no es más que mentira, mentira criminal que, so capa de humanismo, saca provecho de la miseria tanto física y psíquica como moral del mundo actual en plena descomposición.

En efecto, la tierra entera está hoy dominada por el capitalismo. El mecanismo mismo de este sistema consiste en saquear todo lo que lo rodea; los grandes se comen a los pequeños, y ello tanto en el marco nacional como en el internacional y en todos los escalones. Dos grandes potencias imperialistas se reparten el mundo: Rusia y los EE. UU. Por eso mismo toda soberanía nacional no es más que un señuelo, toda solución nacional no es más que engaño. El hambre, el trabajo de los niños, la miseria social, la bomba atómica, etc., no son calamidades naturales: son el capitalismo mundial. Eso es lo que omiten decir todos esos humanistas-asesinos. Además, este sistema salvaje ha creado con creces las condiciones necesarias para que el hombre se emancipe de su yugo y de su bestialidad. En el momento en que el mundo dispone de medios más que suficientes para cubrir todas las necesidades vitales de la humanidad, se revienta de hambre, de miseria, de fatiga, de insatisfacción. Y así será mientras el proletariado no haya aniquilado el sistema que lo explota en todo el planeta. No serán los bonitos discursos de toda la banda de asesinos de la ONU los que cambien nada. No será el espíritu religioso dispensado aquí y allá, que llama a ayudar a los desheredados del mundo entero, el que cambie algo. Solo puede ser la acción decidida de una clase social explotada en todo el mundo la que tiene la posibilidad de acabar con toda la barbarie actual, haciendo morder el polvo a todos los que, con el discurso que sea, defienden el sistema basado en el trabajo asalariado. Solo la unión de los revolucionarios y de la clase en su conjunto puede y debe sustituir el reino de la necesidad por la comunidad humana. Fuera de eso, toda «solución» es reaccionaria.

Los que piensen que no son más que bonitas palabras utópicas, que se revuelquen en su miseria y en su escepticismo.

[^1]: La ONU había proclamado 1979 Año Internacional del Niño, y 1975 Año Internacional de la Mujer.
