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Title: Prud'hommes: ¡con el enemigo no se discute, se le combate!
Description: Las elecciones a los consejos de prud'hommes del 12 de diciembre de 1979 miden la fuerza de encuadramiento de los sindicatos y sirven para aislar y desarmar a los trabajadores, como reconocen Ceyrac y Barre.
Date: 01/01/1980
Category: Alarme n.º 7
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1980-01-prud-hommes-con-el-enemigo-no-se-discute-se-le-combate
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*Alarme*, n.º 7, enero-febrero-marzo de 1980 (págs. 6-7). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n07.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1980-01-prud-hommes-on-ne-discute-pas-avec-son-ennemi-on-le-combat)

¡Ya está! ¡Hecho! El 12 de diciembre, el 60 % de los asalariados que trabajan en Francia fueron a meter su papeleta en la urna[^1]. Pero, antes, ¡cuántos llamamientos desgarradores, alarmistas, tentadores y amenazadores por parte de los sindicatos! En efecto, cuando se suma «defensa de la condición asalariada» y «votad», se obtiene por lo general: «sindicatos». Fueron los dioses de la feria.

Fue verdaderamente arte mayor. Televisión, radio, periódicos, octavillas, carteles, discursos, giras de líderes; ¡sí!, nos han mimado, no se escatimó nada (sobre todo no se escatimaron nuestros oídos) para que hubiera muchas papeletas en la ranura. Fue casi tan bonito como una elección presidencial.

La campaña, por el lado sindical, se articuló en torno a dos temas principales: por una parte, la necesaria participación de los asalariados; por otra, el hecho de que las elecciones de prud'hommes son, por sí mismas, una victoria. La participación de los asalariados es necesaria porque siempre se necesita, se les advierte, un pequeño *prud'homme* en casa. Estos están ahí para conciliar a empleador y empleado cuando uno entra en conflicto con el otro. Los conflictos son de diverso orden, pero tienen por lo general relación directa con el respeto o no respeto de los «convenios colectivos» (escritos o tácitos) por una u otra parte. Como los sindicatos negocian los convenios colectivos, están interesados en hacerlos respetar, como «derecho de los trabajadores», para seguir siendo creíbles ante estos. La garantía que dan de encuadrar a la clase obrera para que no se planteen más que reivindicaciones «razonables», y de ser así interlocutores responsables y válidos, hace que, con toda lógica, sean ellos, y solo ellos, quienes se sientan con los representantes de la patronal en los consejos de prud'hommes.

Así pues, se ve que, después de haber negociado los convenios colectivos (siniestra farsa ya denunciada en ALARME n.º 1: [«La voz de su dueño»](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1978-05-extractos-de-la-pelicula-documental-la-voz-de-su-dueno)), se negocia su respeto. No se trata más que de negociaciones:

1.º) Del marco de la explotación

2.º) Del respeto de ese marco

Nada de lucha, sobre todo cuando se sabe que todo lo que los obreros obtienen cuando luchan (en su terreno, con sus propios medios), y por tanto, como mínimo, desbordan a los sindicatos, es mucho más concreto que las propuestas sindicales «responsables y conciliadoras». En el arsenal del desarme del proletariado, los prud'hommes constituyen una baza para disminuir la combatividad de los trabajadores: «si tenéis problemas, no os preocupéis (léase: no luchéis): nos hacemos cargo de vosotros, os defendemos (léase: os desarmamos) en los prud'hommes». La institución de los prud'hommes es, pues, muy apreciada por las centrales sindicales, cada una de las cuales se jacta de haber «permitido con su acción la extensión a todos los asalariados del derecho de defensa ante los prud'hommes».

Pero esto no basta para explicar la importancia dada a las elecciones que acaban de celebrarse. Además de ser un acontecimiento que permite cristalizar las luchas de influencia entre las centrales y medir el impacto propio de cada una, permiten sobre todo, por su porcentaje de votos emitidos, medir su representatividad entre los asalariados y, por tanto, su fuerza de encuadramiento de la clase obrera.

Ni el Estado ni los patronos se equivocan cuando declaran «que es normal que las cinco centrales sindicales más poderosas obtengan el 95 % de los votos emitidos» (F. Ceyrac[^2], 16/12/79). Para ellos, sin sindicatos poderosos «no habría interlocutor válido, los obreros, mal encuadrados, harían cualquier cosa, sería la anarquía» (ídem). Y Barre[^3] abunda: «Los resultados de las elecciones de prud'hommes del 12 de diciembre han confirmado las esperanzas que yo tenía en este punto. Nadie puede negar la representatividad de los sindicatos ni su papel en las relaciones sociales» (citado por *Les Échos*, 11/01/80). Es decir, que tienen miedo de que, cuando aparece un conflicto individual entre un empleado y un empleador, todos los empleados se unan a su hermano explotado sin respeto de los «convenios sociales». Sería así una ruptura con el aislamiento en que lo sume la «resolución» de su problema por un organismo creado por el Capital. Efectivamente, no se trata para nosotros de dejarnos aislar por las fuerzas del Capital (aislamiento por países, oficios, sexos, razas, antigüedad, etc.); obligados a luchar individualmente, no podríamos sino fracasar.

Muy al contrario, cada ataque personal contra un trabajador concierne a todos los proletarios, y el éxito de aquel en su conflicto depende del nivel de solidaridad de estos. Por eso, frente a esos llamamientos reiterados a la conciliación, al abandono en manos de las direcciones sindicales y patronales de las decisiones que comprometen nuestro porvenir, hay que reafirmar que nos toca a nosotros, proletarios, decidir, actuar y organizarnos para poner fin a nuestra esclavitud.

> «Exigir al proletariado que, en la lucha final contra el capitalismo, en la que se juega la vida o la muerte, siga mansamente como un cordero las exigencias de la democracia burguesa sería como exigir a un hombre que defiende su vida y su existencia contra unos bandidos que observe las reglas artificiales y convencionales de la lucha francesa, fijadas por su enemigo pero que este no respeta.» (I Congreso de la Internacional Comunista)[^4]

[^1]: Los *conseils de prud'hommes* son en Francia los tribunales paritarios, elegidos por asalariados y patronos, que juzgan los conflictos individuales de trabajo. Las del 12 de diciembre de 1979 fueron las primeras celebradas a escala nacional tras la reforma de ese mismo año, que extendió los consejos a todo el territorio y a todos los asalariados.

[^2]: François Ceyrac, presidente de la patronal francesa (CNPF).

[^3]: Raymond Barre, primer ministro.

[^4]: Del «Manifiesto de la Internacional Comunista a los proletarios de todo el mundo», según la traducción del [I Congreso de la Internacional Comunista](https://marxismo.school/archivo/congresos/1919%20I%20Congreso%20de%20la%20Internacional%20Comunista#manifiesto-de-la-internacional-comunista-a-los-proletarios-de-todo-el-mundo) en el archivo de la Escuela. La versión francesa que cita *Alarme* dice «qu'il observe pieusement les principes de la démocratie politique» («que observe piadosamente los principios de la democracia política») y «boxe française» donde nuestro texto dice «lucha francesa».
