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Title: La violencia no es revolucionaria en sí
Description: Contra el terrorismo de los movimientos de «liberación nacional», autonomistas e izquierdistas, defensores de intereses capitalistas: la violencia revolucionaria es la acción subversiva del proletariado contra el trabajo asalariado.
Date: 01/04/1980
Category: Alarme n.º 8
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1980-04-la-violencia-no-es-revolucionaria-en-si
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*Alarme*, n.º 8, abril-mayo-junio de 1980 (págs. 5-6). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n08.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1980-04-la-violence-n-est-pas-revolutionnaire-en-soi)

Desde hace largos años los medios de comunicación de masas nos machacan los oídos, con un estremecimiento de horror hipócrita, con las acciones espectaculares llevadas a cabo por la «Revolución en marcha». No son más que secuestros de aviones, tomas de rehenes, bombas colocadas en lugares públicos, etc. (pregunta complementaria: en su opinión, ¿a quién le va a estallar la bomba en la cara? Respuesta: a usted y a mí, ha ganado), y todo eso por la «Santa Causa». Y cuantos más muertos haya, y más sangre y violencia, más se adornarán cínicamente con el nombre de revolucionarios los autores de esos actos, presos de una especie de confusión mental en su búsqueda de una falsa radicalidad, esos energúmenos, y más se les creerá a su alrededor.

Además de que esos grupos, movimientos o individuos no tienen otro objetivo que tomar el poder para perpetuar por su propia cuenta la explotación capitalista, su misma manera de actuar bastaría para probar que todos esos títeres son enemigos del proletariado y de la revolución comunista. Pueden citarse los diversos movimientos de «liberación nacional» que pululan por toda la superficie del planeta. Para más detalles, consúltese el anuario de la alta sociedad del capitalismo internacional. Las siglas en cuestión son bien conocidas: F.L.N. o F.N.L., a las que se puede añadir o no una o dos «P» de popular o de patriótico, o de ambas cosas, seguidas de la inicial del país que se quiere «liberar»; esos movimientos son fervientes adeptos del capitalismo de Estado, a menudo sostenidos por el modelo del género: Rusia. En el mismo saco capitalista pueden meterse los diversos movimientos autonomistas que, pobres utopistas, quieren hacer de su región un Estado capitalista independiente y ya no soportan su capitalismo nacional (olvidando que el capitalismo domina en todo el planeta). Tampoco hay que olvidar diversos movimientos izquierdistas, aprendices de vaqueros, ayudados por lo demás más o menos abiertamente a la vez por países capitalistas de Estado campeones de las causas nacionalistas (Argelia, Libia, Cuba, etc.) y por los diversos movimientos ya citados que todavía no han «triunfado».

«Dios los cría y ellos se juntan», ¡ya se sabe! Así que titúlense «libertadores» de su país, lancen bombas un poco por todas partes, muevan sus relaciones y, con un poco de suerte y mucha perseverancia, acabarán siendo dirigentes capitalistas de la E.T.A., del I.R.A., de la O.L.P. y compañía; un esfuerzo más y serán jefes de Estado. Si no lo consiguen, tomen lecciones con el «rebelde» secuestrador de rehenes Hissen Habré[^1]: por lo menos les dirá cómo llegar a primer ministro de los jefes de Estado a los que combaten; eso no puede durar más que un tiempo, de acuerdo, pero conocerán la embriaguez del poder, si no la conocen ya.

El colmo de la ignominia y de la mistificación lo alcanzan los nuevos payasos religiosos de Irán o «guardianes de la revolución», que ya no tienen otra palabra en la boca. Es verdad que hablan por boca del Profeta. Hace falta de verdad que las palabras hayan perdido todo su sentido para que se vea en ellas lo que sobre todo no hay que ver; peor aún, a menudo significan exactamente lo contrario. Hay noventa y nueve posibilidades sobre cien de que quienes se dicen revolucionarios sean en realidad contrarrevolucionarios; los actos hablan primero por sí mismos.

La sociedad comunista que queremos es una sociedad en la que los hombres tendrán por fin la posibilidad de desarrollarse plenamente y de llevar una vida apasionante. ¿Vamos, para alcanzar ese objetivo, a empezar por cargarnos a explotados como nosotros en atentados y tomas de rehenes? Con quienes así piensan no queremos tener nada que ver: son tristes peleles. Tales métodos son propios de la barbarie capitalista, y ¿cómo podría ser de otro modo, si quienes utilizan esas armas solo se baten por intereses capitalistas opuestos a otros intereses capitalistas?

La violencia revolucionaria es otra cosa muy distinta. Supone, ciertamente, acciones duras, pero ante todo subversivas, mediante las cuales el proletariado derribará, o en todo caso tenderá a derribar, las relaciones de explotación capitalistas basadas en el trabajo asalariado.

Si un día tomamos las armas, será a plena luz del día, sin escondernos en la sombra de conspiraciones secretas, y contra los defensores del capital de todas las tendencias reunidas: partidos de la extrema derecha a la extrema izquierda, sindicatos, ejército, policía, etc.; no lo haremos ni por sadismo ni por amor al poder, que no es nuestro objetivo, sino porque será la única manera de acabar con la explotación del hombre por el hombre, con las clases y con el salariado.

La barbarie, con su cortejo de matanzas, de hambrunas artificiales, de miserias y demás calamidades, ha sido siempre obra de las sociedades de clases, capitalistas o no. Quienes quieren hacer creer, citando ejemplos recientes, que el comunismo lleva al mismo resultado ven revoluciones donde no hay más que una barbarie capitalista más (en el caso de la Camboya de Pol Pot, ha sido incluso pura y simplemente esclavista; con la invasión vietnamita, el capitalismo de Estado va a recobrar fuerzas). La violencia del capital frente a una revolución proletaria la conocemos bien. Es total, salvaje y sin piedad. La historia nos ha mostrado muchos ejemplos de ello (Comuna de París, revolución española de 1936-37, etc.); solo los proletarios, en su intento de acabar con su explotación y su opresión, se comportan como seres humanos, porque no buscan mantener privilegios sino, muy al contrario, acabar con todos los poderes.

Ejercer la violencia en nombre del proletariado, a ciegas y por cualquier medio, es explotarlo una vez más y, sobre todo, arrebatarle la única esperanza de humanidad que todavía le queda en este mundo que lo niega como ser humano: la de rebelarse.

A los que secuestran patronos y matan polis les decimos: no vamos a llorar por la suerte de los canallas que pasan por vuestras manos, pero vuestras acciones no tienen nada de subversivo. No ponéis en cuestión esta sociedad podrida en la que «vivimos». E incluso cuando se trata efectivamente de actos desesperados de individuos aislados que están hartos (y cómo los comprendemos), no podemos creer que la muerte de un patrono vaya a cambiar en lo más mínimo nuestra obligación de vender nuestra fuerza de trabajo durante toda la vida, ni a remediar la miseria y la barbarie de este mundo. Es el sistema lo que hay que abatir.

[^1]: Hissène Habré (en el original, «Hissen Habré»), jefe de las Fuerzas Armadas del Norte chadianas, retuvo como rehén de 1974 a 1977 a la etnóloga francesa Françoise Claustre; en 1978 llegó a primer ministro del Chad y en 1979 a ministro de Defensa.
