---
Title: Sobre la participación
Description: El reparto gratuito de acciones a los asalariados decidido por Giscard es una reintroducción camuflada del trabajo a destajo y una nueva cadena que ata a los obreros al capital.
Date: 01/10/1980
Category: Alarme n.º 10
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1980-10-sobre-la-participacion
---


*Alarme*, n.º 10, octubre-noviembre-diciembre de 1980 (págs. 9-10). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n10.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1980-10-sur-la-participation)

El Estado francés acaba de permitir, con la firma del presidente de la república, el reparto gratuito de acciones de las empresas a los asalariados[^1]. Giscard declaró: «poco a poco haremos de los franceses los propietarios de Francia». Está dispuesto a sacrificar el 3 % del capital. Pero ¿es realmente un sacrificio? En realidad es un intento, y no es nuevo, de mantener en el seno del proletariado ilusiones sobre el interés en conservar este sistema de explotación. Si el proletariado no ataca al capital, el resultado es, como se ha podido ver en casos semejantes en todo el mundo, un aumento de la productividad en las fábricas donde se implanta este sistema (en la medida en que los obreros de esas fábricas consideran, en su aplastante mayoría, que deben colaborar en la acentuación de su explotación). De ahí el aumento de la plusvalía extraída y, por tanto, el aumento del capital acumulado en manos de los capitalistas.

Los capitalistas introducen esta ley con la siguiente perspectiva: aumentar la productividad para producir, en la empresa en cuestión, una mercancía en un tiempo inferior al tiempo social medio de producción de esa mercancía (intensificación del trabajo), a fin de realizar, en el momento de la venta de la mercancía a su valor, la plusvalía extraída no solo en esa empresa, sino también, en parte, la extraída en las empresas competidoras. El deseado aumento del capital se efectuaría tanto más cuanto que los capitales exteriores se verían atraídos por la competitividad de esa empresa. Los obreros, por su parte, se verán de todos modos cada vez más desposeídos, relativamente, del producto social que han producido. Y la lucha de clases quedará sustituida por su colaboración con el capitalismo que los explota.

Los revolucionarios deben denunciar enérgicamente esta reintroducción camuflada del vil trabajo a destajo, en que el aumento de salario se traduce en una pérdida de salario con respecto al aumento de productividad que trae consigo. Tenemos que luchar contra esta mistificación.

Los partidos de derecha, de izquierda, autogestionarios y los sindicatos están todos, cada uno con sus matices, de acuerdo con la participación. Si los obreros aceptan con cierto agrado nuevas cadenas que los atan al capital, ¡qué victoria para los capitalistas de todas las tendencias!

En el siglo XIX el proletariado atacaba el trabajo a destajo; hoy está dispuesto a aceptar condiciones semejantes, pero más camufladas, gracias a todas las fuerzas falsamente llamadas obreras que no desean más que su docilidad, su embrutecimiento. La revuelta, la voluntad de destruir el capitalismo mediante la revolución social, han dejado su lugar (salvo algunas excepciones) a la docilidad.

El crecimiento económico de este sistema decadente permite la reintroducción camuflada y más sofisticada de formas de dominación cada vez más bárbaras e inhumanas (el trabajo a destajo es un ejemplo). La técnica al servicio de esta sociedad es un medio de embrutecernos, de aplastarnos; hoy no nos beneficiamos de ella más que en esa única medida.

No forjemos, no aceptemos nuevas cadenas de nuestra explotación: destruyamos todas las que nos atan para destruir el capitalismo, que reina hoy como amo absoluto sobre la totalidad de la tierra.

[^1]: Ley del 24 de octubre de 1980 sobre el reparto gratuito de acciones a los asalariados, dentro de la política gaullista de «participación».
