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Title: Panorama internacional: Marruecos
Description: Sobre los motines de Casablanca de junio de 1981, que desbordaron la huelga general del sindicato CDT, y sobre las tareas de los elementos proletarios más avanzados frente a las negociaciones y a la guerra del Sáhara.
Date: 01/04/1981
Category: Alarme n.º 12
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1981-04-panorama-internacional-marruecos
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*Alarme*, n.º 12, abril-mayo-junio de 1981 (págs. 17-18). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n12.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1981-04-tour-d-horizon-international-maroc)

Si la huelga general de 24 horas contra la carestía de la vida, organizada por el sindicato CDT, próximo a la USFP (partido socialista de Marruecos), se siguió localmente en el conjunto del país, en Casablanca[^1] se transformó rápidamente en motín.

El aumento del 20 al 80 % de los productos de primera necesidad no explica por sí solo la violencia obrera y el desbordamiento del sindicato. Desde 1975, la guerra del Sáhara acrecienta sin cesar la miseria social y económica. Además de esta constante, la sequía excepcional de este año empuja cada día a más de un millar de proletarios rurales hacia el enorme gueto social (chabolas) que rodea Casablanca. A causa de ese éxodo rural masivo, del enorme paro y del hermetismo de los barrios de chabolas, al sindicato CDT, pese a su prestigio de sindicato «opositor», le es imposible conquistar la influencia real que necesita para reprimir desde dentro todo movimiento social. Por esa razón, el sindicato CDT ha sido, a su pesar, el espectador impotente de la violencia de clase. Saqueo e incendio de bancos, tiendas y coches particulares, enfrentamientos con la policía y el ejército: con estas acciones respondieron los jóvenes proletarios de Casablanca a la violencia capitalista.

Pero si el movimiento desbordó al sindicato CDT, no lo puso en cuestión como fuerza capitalista; no atacó a esa organización, cuya existencia depende de la supervivencia del trabajo asalariado y que en Marruecos debe su legalidad a su solidaridad con Hassan II en el conflicto del Sáhara.

Los revolucionarios deben afirmar, contra los pacifistas de toda laya, que es mediante este tipo de enfrentamientos como los proletarios podrán superar su pensamiento inmediato. Deben afirmarlo sea cual sea la magnitud de las sangrías que el monstruo capitalista inflige a la clase obrera (balance de los motines: más de seiscientos muertos, miles de heridos, de 2.000 a 3.000 detenciones). Pero, precisamente porque no son insensibles al salvajismo capitalista, los comunistas deben ayudar a los obreros a superar sus objetivos inmediatos. Algunas derrotas tienen un valor educativo inmediato; otras, y en ciertas condiciones, alimentan la resignación y la desesperación. Esas condiciones desfavorables están profundamente ligadas al movimiento y a su meta. ¿Y cuál fue la meta de los insurrectos de Casablanca? ¡La misma que la del sindicato: abrir la puerta de las negociaciones! ¡No! Nunca habrá solución para el proletariado en el ciclo reivindicaciones-negociaciones.

Las únicas reivindicaciones positivas son las que atacan las relaciones de producción capitalistas y, por tanto, el trabajo asalariado; ¡y en ese terreno toda negociación es imposible! Además, no es reclamando la muerte de los lacayos del capital (entrevista con un manifestante en *Le Monde* del 26-6-81), sino organizándose y armándose individualmente, como el proletariado encontrará la confianza que necesita para destruir las condiciones de supervivencia inhumanas a que lo somete el capitalismo. Para infundir cierta esperanza, es decir, para impedir que la violencia obrera sea arrastrada por las fuerzas capitalistas, legales e «ilegales», de la extrema izquierda al terreno pantanoso de la «lucha contra el régimen», los elementos más avanzados (seguro que existen) deben combatir por todos los medios la palabrería democrática capitalista. Como la guerra aumenta considerablemente la miseria social, deben declarar la «guerra a la guerra» contra todos los defensores de «la integridad del territorio nacional» y, con ello, de la economía nacional. Hoy «la oposición» reclama la creación de una comisión parlamentaria de investigación sobre los motines; frente a esa mixtificación de una «justicia por encima de la lucha de clases», los obreros más conscientes de Casablanca deben lanzar llamamientos a la solidaridad internacional proletaria para que la justicia proletaria triunfe sobre la barbarie capitalista.

[^1]: (Nota del original.) Casablanca está considerada la capital de Marruecos; es también la ciudad más poblada, con 3 millones de habitantes, de los cuales 1 millón vive hacinado en uno de los barrios de chabolas más grandes del país.
