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Title: Los nuevos derechos de los explotados
Description: Crítica del informe Auroux y de los «nuevos derechos» de los asalariados, instrumentos de la movilización general del gobierno «socialista» para la guerra económica capitalista.
Date: 01/10/1981
Category: Alarme n.º 14
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1981-10-los-nuevos-derechos-de-los-explotados
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*Alarme*, n.º 14, octubre-noviembre-diciembre de 1981 (págs. 9-10). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n14.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1981-10-les-nouveaux-droits-des-exploites)

Acaban de anunciarnos, con gran despliegue de publicidad, estos nuevos derechos. Junto con las nacionalizaciones, se presentan como una victoria obrera obtenida gracias al gobierno «socialista». El informe Auroux[^1], en el que se basan estos nuevos derechos, consta de cuatro apartados:

- Reconstituir la comunidad de trabajo.
- Desarrollar la negociación colectiva.
- La información en las empresas.
- La expresión de los asalariados.

Como han dicho algunos miembros del gobierno: «se trata de movilizar desde el obrero hasta el patrón»; y ya se sabe con qué fin: ganar, o no perder, la guerra económica internacional que se libran los Estados capitalistas rivales. Se trata de que el aparato productivo francés logre a tiempo su reestructuración.

El P«S» quiere centralizar en manos del Estado todas las palancas económicas importantes; de ahí las nacionalizaciones. Además, el P«S» piensa, con razón, que sin esa movilización general la partida estaría, si no perdida, al menos seriamente comprometida; de ahí los «nuevos derechos del asalariado». La política de las nacionalizaciones ya ha dado sus pruebas como política capitalista. Concentrar los medios de producción en manos del Estado es una necesidad del capitalismo decadente y su tendencia fundamental, puesta en práctica empíricamente por la contrarrevolución rusa.

En Francia, pese a la furia de buen número de capitalistas privados, los intereses del capitalismo francés se imponen a los intereses capitalistas particulares.

La tendencia general del capitalismo es que lo particular se funda en lo general, como la célula desaparece en el órgano.

Se ve, pues, que, pese a los gritos asustados de algunos capitalistas privados, el P«S» no practica una política estúpida, como ellos pretenden; al contrario, tiene en cuenta los principales datos económicos y sociales del capitalismo decadente. Pero lo principal no está ahí; lo principal es que, estúpida o no, la política del P«S» es una política capitalista y, por tanto, antiobrera.

Para la guerra económica que el P«S» quiere llevar a buen término hacen falta soldados disciplinados, es decir, trabajadores productivos.

¿Por qué desarrollar la negociación colectiva? Porque la negociación, como fin que alcanzar en un movimiento social, es una derrota del proletariado. En efecto, este está desposeído de los medios de producción, de las riquezas que produce; para recuperarlos habrá que emplear la violencia, en cierta fase del movimiento, contra la policía, el ejército, etc., que están ahí para defender la propiedad privada de los medios de producción. La paz social es el caldo de cultivo en el que cada Estado nacional realiza lo mejor posible su crecimiento económico.

La paz social, es decir, nuestra pasividad frente a la explotación que padecemos, el robo cotidiano de las riquezas que producimos: eso es lo que quiere lograr el P«S» (como las tendencias que lo precedieron al frente del Estado). Sus intereses son contrarios a los nuestros.

¿Por qué desarrollar la información en la empresa? Porque la información así desarrollada no será, desde luego, revolucionaria. Versará sobre las inversiones que la empresa ha realizado o realizará, sobre las existencias y, eventualmente, sobre la manera de darles salida... Sí, quieren interesarnos en la vida de la empresa como si nuestros intereses y los de los jefes de empresa fueran los mismos. Quieren despertar en nuestras filas el interés por ver mejorar las inversiones, disminuir un poco las existencias, aumentar los beneficios; en una palabra, por ver funcionar bien la empresa. Los trabajadores más «capaces» tendrán los puestos mejor pagados. «Los más capaces», es decir, los más capaces de entrar en el juego en el que la apariencia de democracia oculta la dictadura del capital sobre el trabajo, en el que la apariencia de información oculta la ignorancia en la que se nos quiere mantener.

Nosotros no tratamos de gestionar ni de controlar el sistema capitalista; tratamos de destruirlo. El problema de las existencias quedará entonces resuelto radicalmente: nos las reapropiaremos; en cuanto al beneficio de la empresa, la solución no será menos radical: desaparecerá al mismo tiempo que la empresa capitalista.

El terreno en el que quieren encerrarnos no es el nuestro; un combate entablado con ellos en ese terreno estará siempre perdido para nosotros, porque:

1.º) Para disponer de todos los datos en cuestión (sobre tal o cual empresa) habría que estar en el comité de empresa, es decir, cambiar una eventual rebeldía por un puesto elevado y la información completa sobre la empresa.

2.º) Y esto es lo más importante: no se trata de reclamar que el patrón nos informe y nos consulte sobre los intereses de la empresa; se trata de luchar para imponer nuestros intereses, que son radicalmente opuestos a los de la empresa y a los del capitalismo en general. Se trata, pues, de entablar la lucha en nuestro terreno. Nuestro terreno de lucha no es coyuntural, es decir, no depende en absoluto, principal y fundamentalmente, de la coyuntura, de la situación de tal o cual empresa. No; es mucho más profundo, es radical, depende fundamentalmente de la situación que ocupa nuestra clase en esta sociedad y de las posibilidades y necesidades históricas. Luchamos contra las bases mismas de esta sociedad; lo coyuntural solo puede intervenir, pues, en el mejor de los casos, de forma secundaria.

¿Por qué desarrollar la expresión de los asalariados? Siempre con la misma óptica: si los asalariados dan su opinión sobre la política económica de la empresa, sobre la necesidad de tal o cual inversión, reinará una profunda paz social, para mayor dicha de los capitalistas. Que los explotados den su opinión sobre la manera en que habría que explotarlos para obtener un beneficio mayor: he ahí una situación soñada para los explotadores. Esta «expresión» de los asalariados no será por lo demás, más exactamente (véase el texto de la ley), sino una expresión sindical. Nada más normal: los sindicatos no tienen por función la destrucción del capitalismo; al contrario, son organismos que permiten que las luchas queden aisladas, que solo atacan algunos efectos de este sistema en lugar de atacar las causas (atacar la concentración del capital, entre otras cosas mediante la reapropiación de los productos que fabricamos).

Nuestra conclusión será sencilla: frente a la movilización general que los capitalistas quieren llevar a cabo —movilizarnos para la paz, que no es más que una guerra económica, o más tarde para la guerra entre ejércitos—, opongamos nuestra lucha. Luchemos contra sus guerras, apliquemos en un caso como en el otro el derrotismo revolucionario. Que el Estado francés luche contra los Estados rivales solo con medios económicos o que lo haga también con medios militares, no por ello deja de ser un Estado capitalista y, por tanto, necesita de nosotros como ganado humano, como tropa de maniobra. Los intereses económicos y militares del Estado capitalista no son los nuestros; al contrario, son los de los explotadores. Si en tiempo de guerra se trata de negarse a defender la patria, lo mismo vale en tiempo de paz o de guerra económica. Luchemos, pues, contra la movilización general «del patrón al obrero» que quiere llevar a cabo el P«S».

[^1]: Informe sobre los derechos de los trabajadores presentado en septiembre de 1981 por Jean Auroux, ministro de Trabajo del gobierno Mauroy, base de las leyes Auroux de 1982. (N. del T.)
