---
Title: Sobre el antimilitarismo
Description: Crítica del «antimilitarismo» izquierdista (comités de soldados, supresión del servicio, insumisión individual) y defensa del derrotismo revolucionario contra el ejército de clase.
Date: 01/10/1981
Category: Alarme n.º 14
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1981-10-sobre-el-antimilitarismo
---


*Alarme*, n.º 14, octubre-noviembre-diciembre de 1981 (págs. 7-8). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n14.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1981-10-sur-l-antimilitarisme)

«Se abandona la idea de un servicio nacional de 6 meses...» Declaración de Charles Hernu, ministro de Defensa, el 4 de agosto de 1981. Reacción de las filas capitalistas de extrema izquierda: se indignan, se sulfuran, patalean, dan vueltas en redondo. Hay que rendirse a la evidencia: el «camarada ministro» no ha cumplido su promesa.

El magma izquierdista siempre se ha distinguido de las demás fuerzas capitalistas por cierta antipatía hacia el ejército, que a veces llega incluso a pretensiones antimilitaristas. Con este tema del ejército, entre otros, consiguió adquirir cierta popularidad en la juventud en general (la ley Debré, el Larzac, etc.).[^1] Pero rasquemos el barniz antimilitarista con que gustosamente se adornan la extrema izquierda y el medio complaciente que la rodea.

Es cierto que resulta difícil creer en el antimilitarismo de los grupos maoizantes o trotskistas. Los unos apoyan el capitalismo de Estado chino o albanés y, por tanto, sus ejércitos nacionales; los otros, el capitalismo de Estado ruso y su ejército rojo, al que llamarán a defender incondicionalmente en caso de conflicto mundial. El medio izquierdista en su conjunto, incluidos ciertos anarquistas, apoya a los ejércitos de liberación nacional. Eso debería bastar. Pero no hay que olvidar que todos esos seudocontestatarios dominan el arte y la manera de recuperar la rebeldía de los proletarios combativos; para ello tejen una verdadera tela de araña de estructuras y consignas.

En lo que toca al ejército, van desde los derechos democráticos reclamados por los comités de soldados hasta la supresión del servicio nacional («los del técnico», es decir, LO),[^2] pasando por la objeción de conciencia y la insumisión. No nos detendremos en el pacifismo de los objetores de conciencia (pacifismo generalmente religioso). Mucho más pérfido es el «radicalismo» de los comités de soldados y sus derechos democráticos. Pretenden «que el trabajador de uniforme sigue siendo un trabajador», para que este reivindique un pretendido derecho a... la esclavitud asalariada. En cuanto a la libertad de expresión, de elección de delegados, recuérdense las palabras del partido bolchevique en el *ABC del comunismo*: «la disciplina libremente consentida no puede existir en un ejército imperialista, a causa de su naturaleza misma. Está compuesto de grupos pertenecientes a clases diferentes... Por eso la disciplina en los ejércitos burgueses no puede ser sino la del knut (de la fuerza); por eso los castigos de toda clase, hasta los castigos corporales y las ejecuciones en masa, son la base de todo orden, de toda disciplina y de toda educación militar». Los comités de soldados y su plataforma democrático-capitalista no son otra cosa que el esbozo de un sindicato militar. Si este llegara a tomar cuerpo, sus jefes harían la competencia a la actual jerarquía militar para tomar el mando de un ejército rebautizado «ejército rojo» en el marco de un capitalismo de Estado. En cuanto a quienes en 1973, contra la ley Debré, reclamaban al Estado la supresión del servicio, sin subrayar el carácter de clase del ejército, que miren al otro lado del Atlántico, donde no existe la conscripción. Eso no impide ciertamente a los Estados Unidos ser, con Rusia, la otra mayor potencia militar del globo. Además, en caso de guerra mundial, el Estado capitalista americano restablecería por la fuerza la conscripción. La insumisión aparece entonces como una solución. Por desgracia, la insumisión individual defendida por los libertarios se convierte cada vez más, y precisamente por individual, en un fin en sí. Hay que escapar, cueste lo que cueste, a la peor de las instituciones del Estado capitalista. Defender esa actitud y hacer de ella un fin es establecer una escala de valores entre las diferentes opresiones capitalistas. ¿Valen más 4 o 5 años de cárcel, o bien 40 de esclavitud asalariada, que un año de servicio militar? El acto en sí mismo es valiente, pero con demasiada frecuencia desarma a quien lo comete. Uno se declara insumiso y luego espera la clemencia de la justicia militar: ¡qué victoria para el mundo capitalista y su democracia! NO HAY SOLUCIÓN AL «PROBLEMA DEL EJÉRCITO». No la hay porque este no es otra cosa que un término periodístico para los medios de comunicación de masas y las publicaciones izquierdistas faltas de originalidad «contestataria».

Lo mismo ocurre con todos los «pequeños» males que se descubre la sociedad podrida que padecemos (la juventud, la policía, el hambre en el mundo, etc.).

Todo ese alboroto embrutecedor e hipócrita no tiene más que un objetivo: desviar al proletariado de su combate de clase. Pero volvamos al ejército. Este no es un apéndice del Estado. Tampoco es una gran nube que ensombrecería los buenos días del estado de gracia francés ni los del balance globalmente positivo de los «países socialistas».[^3] El ejército es un ejército de clase, cuyos objetivos son:

- Encuadrar a la juventud obrera y, sobre todo, reprimir todo movimiento proletario interior o exterior. El ejército es, pues, uno de los pilares más seguros del Estado capitalista. Todos los que proponen soluciones en el marco de este sistema perpetúan este sistema y todas sus atrocidades.

¿Militaristas o antimilitaristas? No se trata para nosotros, comunistas, de reapropiarnos una simple palabra: antimilitarista. Esa palabra no existe para nosotros sino como práctica muy precisa del derrotismo revolucionario (volver las armas contra los explotadores y, por tanto, contra el propio ejército nacional, con vistas a la revolución social internacional). Fuera de eso no es más que un fetiche, una fórmula inscrita en el frontispicio de la FARSA DE LA REVOLUCIÓN que animan y frecuentan los burócratas y seudomarginales izquierdistas.

[^1]: La ley Debré de 1973 suprimió las prórrogas del servicio militar por estudios y provocó grandes manifestaciones de estudiantes de bachillerato. En la meseta del Larzac, los campesinos lucharon de 1971 a 1981 contra la ampliación de un campo militar; Mitterrand abandonó el proyecto en junio de 1981.

[^2]: Lutte Ouvrière, organización trotskista.

[^3]: «Estado de gracia» se llamó en Francia al período de popularidad del nuevo gobierno de izquierda en 1981; el «balance globalmente positivo» de los países del Este es la fórmula de Georges Marchais, secretario general del Partido «Comunista» francés, en 1979.
