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Title: Su paz, como su guerra, es nuestra derrota
Description: Contra el pacifismo y la alternativa entre guerra y paz capitalistas: la única alternativa es pasividad o revolución, capitalismo o comunismo; ni OTAN ni Pacto de Varsovia.
Date: 01/10/1981
Category: Alarme n.º 14
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1981-10-su-paz-como-su-guerra-es-nuestra-derrota
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*Alarme*, n.º 14, octubre-noviembre-diciembre de 1981 (págs. 11-12). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n14.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1981-10-leur-paix-comme-leur-guerre-c-est-notre-defaite)

Los términos guerra y paz se emplean con frecuencia en los periódicos y en las ondas. Más aún desde que el gobierno norteamericano se pronunció por una modernización de la OTAN. Esa decisión, en efecto, ha ido seguida de una oleada pacifista que el stalinismo internacional, entre otros, o bien provoca (P«C» occidentales) o bien ayuda (pacifismo en Alemania y en los países nórdicos). Estos términos, guerra y paz, se nos presentan, tanto por los prorrusos como por los pronorteamericanos, como la alternativa fundamental. Nos dicen que solo la paz puede traer el progreso social. Hablan de la gente que vive en Francia empleando el «nosotros», y suponen, pues, que la gente que vive en ella forma una entidad con intereses comunes. Unos y otros se acusan mutuamente de querer provocar la guerra y se declaran partidarios de la paz.

Pero, ante todo, ¿de qué guerra y de qué paz nos hablan? Desde luego, de la guerra y de la paz en el sistema en que vivimos, es decir, el capitalismo. En efecto, el sistema social de Rusia no es comunista, sino capitalista de cabo a rabo; como los obreros del Este, igual que los del Oeste, siguen privados de los medios de producción (y explotados), la propiedad privada de los medios de producción está tan vigente en el Este como en el Oeste. La paz y la guerra que se nos presentan no son, pues, la paz y la guerra entre capitalismo y comunismo, sino la paz capitalista y la guerra capitalista. Pero sigamos: ¿qué es la paz capitalista? El capitalismo es el sistema social en el que una clase posee los medios de producción y otra está desposeída de todo (es decir, fundamentalmente, de los medios de producción y de la producción en general); esta tiene que vender a diario su fuerza de trabajo para poder comprar con qué subsistir, con qué reproducir su fuerza de trabajo (alimentación, vacaciones...). La paz capitalista se obtiene cuando esa explotación cotidiana transcurre «pacíficamente», es decir, sin guerra con un Estado capitalista rival o, mejor para los capitalistas, sin guerra social, es decir, sin revuelta ni revolución hecha por el proletariado.

Su paz, por tanto, solo se sostiene por nuestra pasividad frente a la explotación y la violencia que padecemos.

¿Qué es la guerra capitalista? Se produce, entre otras cosas, cuando la guerra económica que se libran los Estados capitalistas en tiempo de paz pasa a una fase superior y se transforma en guerra a cañonazos.

Su guerra, por tanto, no es más que nuestra pasividad para dejarnos alistar en un ejército y combatir contra otros proletarios, alistados también ellos para la defensa de la patria.

Su paz, como su guerra, es nuestra pasividad, nuestra derrota. Y en ese terreno quieren acantonarnos tanto los prorrusos como los pronorteamericanos. Su alternativa es tan estrecha como lo es este sistema social respecto de las posibilidades y necesidades humanas. No tiene más razón de ser que el sistema social del que es producto. Y por eso debe ser superada, destruida, en favor de la alternativa fundamental: pasividad o revolución, capitalismo o comunismo. En tiempo de paz (guerra económica, competencia) como en tiempo de guerra, quieren alistarnos para defender intereses que no son los nuestros, que se oponen a los nuestros (defender la patria trabajando más y más deprisa, o dando la sangre). Nuestra lucha no es la de una camarilla capitalista contra otra, porque con una o con otra nuestra explotación persiste; seguimos desposeídos de los medios de producción. Nuestra lucha es clase contra clase. Los intereses de los capitalistas franceses son nuestra explotación, para poder realizar la plusvalía. Los nuestros: acabar con esa explotación para construir una sociedad en la que los medios de producción pertenezcan a la comunidad humana y en la que la producción se haga solo en función de las necesidades, y no, como ahora, en función de los beneficios de una clase de explotadores.

Luchar por la paz no solo es propagar una ilusión, sino que es también profundamente reaccionario.

Ilusión, porque, ya sea por una competencia exacerbada o por otras razones, la «paz» se transformará en guerra mundial. Además, desde comienzos de siglo la guerra aparece continuamente en uno u otro lugar del planeta.

Reaccionario, porque el comunismo no se logrará pacíficamente; los poseedores defenderán su posesión de los medios de producción con policía y ejército, y ya se sabe que contra esos cuerpos de guerra habrá que hacer la guerra, la nuestra, la guerra social. Todos los pacifistas, falsos humanistas y verdaderos curas que se declaran antimilitaristas y se niegan en todo momento a tocar un fusil y a matar a otro hombre son, en el mejor de los casos, unos despistados y, en el peor, peligrosos reaccionarios. Pretenden haber alcanzado la cima de la radicalidad antimilitarista rechazando para siempre la violencia. Pretenden que el ejército es un cuerpo aparte que el Estado civil debería eliminar o reducir, según las variantes. Suponen, pues, con ello que las raíces del mal están en la violencia, que habría que extirpar de la sociedad para obtener una sociedad ideal.

Ahora bien, una política radical respecto del ejército no puede hacerse sin comprender la anatomía de la sociedad capitalista: las relaciones de producción. Una vez comprendida esa anatomía, el ejército se entiende como un cuerpo social violento creado para defender esas relaciones de producción y a los propietarios nacionales de los medios de producción. Para ser radical, semejante política debe salir, pues, del marco del ejército para atacar las raíces del problema, la anatomía del cuerpo social. En esa fase pierde el calificativo, local, limitado, de antimilitarista por el de comunista.

Acabamos, pues, de mostrar dónde están las causas del problema: no en la violencia, que no es más que consecuencia, sino en el hecho de que la sociedad está dividida en clases, una de las cuales posee los medios de producción y la otra no posee más que su fuerza de trabajo, que vende...

Su «radicalismo» es, pues, tan falso —una vez estudiado el problema con las herramientas revolucionarias— como carente de razón de ser es esta sociedad: inconsciente o conscientemente, los «pacifistas» defienden el capitalismo.

Escupamos sobre su paz como sobre su guerra.
NI OTAN NI PACTO DE VARSOVIA.

¡Entablemos la lucha en nuestro terreno!
