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Title: Izquierda, derecha; derecha, izquierda: el proletariado encaja
Description: Balance de un año de gobierno de izquierda: las 39 horas, las nacionalizaciones y el refuerzo de los sindicatos y de la policía agravan la explotación, y solo la organización autónoma de los trabajadores, fuera de los sindicatos y contra ellos, puede responder.
Date: 01/04/1982
Category: Alarme n.º 16
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1982-04-izquierda-derecha-derecha-izquierda-el-proletariado-encaja
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*Alarme*, n.º 16, abril-mayo-junio de 1982 (págs. 9-10). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n16.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1982-04-gauche-droite-droite-gauche-le-proletariat-encaisse)

Hace un año que la izquierda está en el poder; las ganancias, la explotación, la venta de nuestra fuerza de trabajo siguen siendo las mismas para nosotros. Las medidas tomadas por el gobierno nos atacan regular y directamente. Con las 39 horas (véase el [editorial](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1982-01-las-39-horas-victoria-obrera-o-enganabobos) de *Alarme*, n.º 15) trabajamos más por un salario menor. Con las nacionalizaciones tenemos un nuevo patrono que critica la mala gestión de los anteriores y que racionaliza la producción, es decir, que contrata menos en relación con los capitales invertidos, que hace trabajar más, en tareas más fragmentadas, en puestos más aislados... Si quienes tienen ahora al Estado por patrono no son despedidos, en conjunto el paro y el trabajo precario se extienden.

El poder de los aparatos sindicales se refuerza en las empresas para hacer posibles concretamente los esfuerzos y sacrificios exigidos por el gobierno, exigencias que no son sino el reflejo de la Exigencia del Capital: acumularse. Los sindicatos tienen un papel primordial: son ellos los que —sin dejar de intentar mantener una apariencia crítica— explican y hacen aceptar medidas como la congelación de los salarios (fácil de realizar para los patronos) con congelación de los precios (célebre por su ineficacia), o el paro parcial, despidos importantes, reducciones de salario, del número de días de vacaciones pagadas, etc. Cuando la «Base» se enfada, fragmentan la lucha en una miríada de reivindicaciones «específicas», de huelgas aisladas en el tiempo y en el espacio; el refuerzo del sindicato se hace mediante el desmenuzamiento de la fuerza de los proletarios. Toda lucha por los propios intereses solo es una lucha obrera por intereses de clase —por tanto, por el conjunto de la clase obrera— si se sitúa fuera de los sindicatos y contra ellos, cuyo objetivo es que toda lucha quede encerrada geográfica y políticamente en un marco restringido. En última instancia, el sindicato defiende siempre la estructura sindical y la economía nacional; por eso mismo, ataca nuestros intereses de clase. En este marco, toda victoria (temporal) en el plano material significa una derrota en el plano de la organización (al reforzar el dominio sindical), una desmoralización y una pérdida de confianza en uno mismo.

El sindicato obra poderosamente contra la autoorganización de la clase con su monopolio de la comunicación en los lugares de trabajo, entre estos y fuera de ellos, con su inercia desmovilizadora y sus calumnias contra quienes intentan organizar la lucha y prepararse para el enfrentamiento con el Estado. No obstante, si la determinación de los trabajadores es profunda (Polonia, Bélgica), no puede, por sí solo, contener el enfrentamiento.

Ese papel lo tienen la policía y el ejército, y hay que decir que en este plano nuestro gobierno sigue estando a la vanguardia del progreso. Valientes defensores del Estado, de la Nación y de la Patria, garantes del Orden y de la Propiedad (privada o de Estado, de ella siempre estamos privados), hoy están colmados. Se los recluta febrilmente; tienen derecho a más pasta, más armas y más consideración. Los izquierdistas quieren incluso una policía (y un ejército) popular y «de proximidad».[^1] Así, los cabezas de huevo de los ministerios filosofan sobre la policía de proximidad, la «inserción» de los inmigrantes y su «encuadramiento» (su situación apenas ha mejorado desde el 10 de mayo, tanto en el plano de la vigilancia policial como en el de las expulsiones) o sobre la sustitución de la prisión preventiva por el «trabajo al servicio de la colectividad». Nuestros enemigos siguen, pues, practicando el «trabajo hace libre»; pero bien sabemos que aquí «la libertad es la esclavitud».

Es por el oído como puede caracterizarse a la izquierda en el poder: ¡Nino-nino! ¡Nino-nino!, los polis están por todas partes y juegan con su material nuevo. Su arrogancia ha crecido todavía más y, no sintiéndose quizá bastante defendidos por el sindicato «autónomo», se vuelven hacia las confederaciones CGT, CFDT, FO, CFTC, etc., que se presentan como los mejores defensores de la policía. Y como esta se encarga —entre otras cosas— de defender el derecho sindical, se cierra el círculo: ¡MUERTE A LOS POLIS Y AL CAMPO DEL HONOR! (B. Péret)[^2]

Empeorando así nuestras condiciones de supervivencia, la izquierda busca mejorar el estado de la economía nacional y hacer frente a la competencia en el plano internacional. Pero esa competencia encarnizada y permanente a que se entregan los capitalistas los empuja invariablemente a empeorar esas condiciones de supervivencia. En efecto, para realizar más ganancias hay que hacernos trabajar más y/o hacer trabajar a menos de nosotros. Y eso, si es posible, pagándonos menos. Que nuestros salarios nominales —la paga— disminuyan de manera absoluta (39 horas pagadas en lugar de 40), o que disminuyan en relación con el aumento de la productividad, o incluso que nuestros salarios reales no «sigan» a la inflación: de todos modos salimos perdiendo y debemos reaccionar.

Más o menos intenso, ese ataque es permanente, y por eso debemos responderle permanentemente con nuestra arma: la organización. Todo lo que emprendamos debe tender a impedir la acumulación del capital y el incremento de la plusvalía extraída a nuestra costa, para atacar la explotación y el mundo mercantil. Pero en ese combate lo que cuenta es lo que arrancamos, no lo que se nos concede: 35 horas sin reducción de salario, concedidas inmediatamente, no constituirían una victoria obrera, sino un éxito de la buena gestión capitalista del gobierno en el poder. En cambio, toda ganancia obtenida en la perspectiva definida más arriba, por mínima que sea, si se obtiene mediante nuestra propia organización, reapropiándonos la comunicación entre trabajadores, el enfrentamiento con el Estado y la preparación de nuevas luchas, constituye un combate librado por los intereses de la clase obrera contra el capitalismo. Como tendencia, es lo que aparece en las luchas más duras, aunque el sindicato todavía domine en ellas, aunque solo sea (a veces) formalmente. Nuestro papel sigue siendo participar (en la medida de nuestros medios) en esas luchas para concretar esas «tendencias», criticar todas sus debilidades, aclarar y agudizar los antagonismos —sobre todo frente a los sindicatos— e impulsar la centralización de todas las iniciativas que vayan en esa dirección.

[^1]: En francés, *ilotage* (de *îlot*, «manzana»): patrullaje de barrio por agentes asignados a un sector fijo.

[^2]: *Mort aux vaches et au champ d'honneur* es el título de una obra de Benjamin Péret (en francés, *vaches*, «vacas», es también insulto para los policías).
