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Title: Chad: otra vez muertos por la patria
Description: Sobre la intervención militar francesa en Chad en 1983 frente a Libia: gobierno, oposición, PCF y trotskistas se sitúan todos en el juego de los dos bloques imperialistas, y solo la lucha revolucionaria del proletariado mundial se opone a él.
Date: 01/07/1983
Category: Alarme n.º 21
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1983-07-chad-otra-vez-muertos-por-la-patria
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*Alarme*, n.º 21, julio-agosto-septiembre de 1983 (págs. 13-15). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n21.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1983-07-tchad-encore-des-morts-pour-la-patrie)

Como cada vez que hay conflictos graves, los especialistas de la información, tanto de la prensa escrita como de la hablada, nos asestan sin pestañear sus nobles y no menos estúpidas explicaciones, rivalizando entre sí en la más inmanente y reaccionaria visión del mundo. Los comentarios y los análisis que nos proponen los «eruditos» del mundo contemporáneo —cuyo único título de gloria es pertenecer a la «intelligentsia» de esta sociedad decadente— son dignos de la sociedad que defienden: huelen a los miles de cadáveres que mencionan en sus editoriales y gracias a los cuales suben cada día un peldaño en la jerarquía del periodismo rastrero. El porqué y el cómo les importan poco, por lo demás; es mucho más sencillo acomodarse a los eternos debates que nunca atacan la raíz del problema: el mundo en que viven y en el que detentan un poder y la satisfacción de saber decir necedades vomitivas. Esta diatriba contra la fauna del periodismo va dirigida también al círculo, no menos despreciado, de los políticos de izquierda y de derecha (extremos incluidos), que ayudan a llenar las demasiado numerosas páginas que escribe y despacha la prensa escrita y hablada.

Uno de los últimos conflictos que han tenido el privilegio de la primera plana ha sido el de Chad, aunque allí dura una guerra civil desde hace siete años y habría podido gozar de los favores de la prensa mucho antes, con bombo y platillo. Los tiene hoy porque Francia, a fin de cuentas, se ha visto obligada —con la prueba de la intervención libia en la mano— a enviar a sus queridos paracaidistas a ese país, comarca lejana que sus predecesores (ex patriotas de la derecha) conocían muy de cerca. Al fin y al cabo, la geografía también puede aprenderse sobre el terreno, sobrevolando desiertos y relieves a los mandos de esos irresistibles aviones militares franceses, americanos, rusos o libios, cuando el azar de la vida le ha hecho a uno ciudadano de esos países. ¡Acaso la cultura no es universal!

Aparte de la descripción solemne de gentes que se matan entre sí sin saber muy bien por qué, por cierto, ¿qué análisis tuvimos que ingerir? La mayoría de los periodistuchos y politicastros divergen en realidad, pese a algunas invectivas de buen tono para uso del ambiente, sobre el momento de la intervención francesa y la manera de intervenir. Por lo demás, los más extremistas de la izquierda (trotskistas de toda laya, pacifistas de buena ley, etc.) se pronunciaron por la no intervención francesa fuera de sus fronteras; hay que reconocer que esta vez, ayudando la izquierda en el poder, fueron los primeros mencionados quienes acapararon el protagonismo en este concierto de canallería. Lo cual incitó sin duda a los más críticos a recordar la época tan reciente del giscardismo interviniendo en Zaire, cuando era de buen tono oponerse a ello como «hombre de izquierda».

Mitterrand, ante las críticas de la oposición, declaró: si hubiera intervenido desde el principio, habría sido la guerra. Si no hubiera intervenido después, habría sido ocupado el Chad entero. Para Mitterrand, «las dos coartadas invocadas por los dos supergrandes para justificar sus intervenciones en el tercer mundo son, o bien la petición de asistencia de un gobierno local (caso de Afganistán), o bien la defensa de Occidente (caso de América Latina)». Además, en México, en Cancún, en Argel, Mitterrand se proclamó aliado del tercer mundo, de las naciones proletarias, comprometiéndose a luchar para que no se ahoguen las aspiraciones de los pueblos en nombre del conflicto Este-Oeste. Era, pues, esencial para el presidente demagogo francés aportar las pruebas —a los ojos del mundo, del tercer mundo, del mundo árabe— de que los libios eran en este asunto los únicos agresores, antes de intervenir él mismo.

No lo entendía así la derecha. Lipkowski, antiguo ministro de cooperación en el gobierno de Chirac en 1976 y redactor de los acuerdos franco-chadianos, declaraba que habría habido que actuar más deprisa y de manera más belicosa, como hizo el gobierno giscardiano contra el frente Polisario, que agredía a Mauritania. Sobre estas diferencias de apreciación, principalmente, ha podido cavilar el pueblo de Francia, si tenía ganas y fuerzas. Sin embargo, una sola y modesta frase habría podido simplificar las cosas: gobierno y oposición —aunque la táctica sea distinta— coinciden estratégicamente en el fondo, al pronunciarse contra las fuerzas prorrusas de Gadafi. Decir esto no es ninguna brujería, y muestra claramente la realidad de un bloque imperialista sometido a un cabecilla, los EE. UU., que no admite que el bloque opuesto, el de Rusia, haga militarmente lo que le venga en gana, a falta de poder hacerlo económicamente o más democráticamente que él.

Examinemos ahora la posición de quienes, fieles a sí mismos, se indignaron por la intervención francesa en Afganistán, o mejor dicho, perdón por el lapsus, en Chad. Son las tendencias menos progubernamentales dentro del P«C», así como la extrema izquierda (ecologistas, pacifistas y sobre todo los trotskistas).

Aunque ligado al gobierno, el partido stalinista (P«C»F) no ha sido unánime en aceptar como si nada la intervención del ejército francés en Chad, pues está mucho más dispuesto a aceptar las proezas de sus amigos rusos cuando estos se imponen con su soldadesca en territorio extranjero. ¡Acaso el balance del socialismo en Rusia y los países hermanos no es globalmente positivo! ¡Y acaso el P«C»F no aspira a ese mismo balance positivo, a la francesa, por supuesto, para no asustar demasiado al populacho! Que el P«C» acepte sin rechistar o que critique la intervención no cambia nada en su naturaleza profundamente anticomunista y contrarrevolucionaria. Solo su interés en dominar el capital nacional guía al partido del «¡arremangaos, los que hacen huelga son agentes del imperialismo yanqui!». Y si, tras su creación en el congreso de Tours, en la época revolucionaria de los Souvarine, Rosmer y demás, se ha convertido en lo que es, es porque se sometió al partido que llevaba a tambor batiente la contrarrevolución en Rusia, y porque persiguió también a quienes lo crearon; hace muchísimo tiempo que el P«C» dejó de ser lo que lo había hecho nacer. Con abnegación y obstinación ha aplastado todo lo que se alzaba contra el Capital. Dicho esto, no nos extenderemos aquí más sobre él; que en este asunto esté sentado entre dos sillas es problema suyo, consecuencia de la táctica que eligió al participar en el gobierno. La táctica contraria, la que no eligió, habría ido igualmente dirigida, por supuesto, contra los intereses del proletariado mundial.

Más importante es detenerse en la actitud de quienes sacan cierto prestigio revolucionario de la oposición que sus predecesores manifestaron en el pasado al stalinismo: los trotskistas de toda laya. Su posición sobre el asunto de Chad es tanto más clara y tajante cuanto que son las fuerzas armadas francesas las que intervienen en el extranjero. Para la ocasión pueden sacar de su maletín de eslóganes las consignas antiimperialistas apropiadas: «No al imperialismo francés, tropas francesas fuera de Chad, etc.». Algunos de ellos (LO, por ejemplo) dudan incluso de la presencia libia en Chad...

Detrás de esos eslóganes aparentemente radicales se ocultan posiciones tan reaccionarias como las que avalan la actitud de Francia en Chad. En efecto, bajo el vocablo antiimperialismo se oculta la defensa incondicional de Rusia, del bloque que los trotskistas se empeñan en no considerar imperialista y, por tanto, capitalista. La presencia libia en Chad, peón ruso con toda evidencia, no les incita al mismo mordiente «internacionalista» en favor de los pueblos oprimidos desde el exterior. Que Goukouni (apoyado hoy por Rusia a través de Libia) e Hissène Habré (apoyado por los EE. UU.) sean dos peones canallescos del capitalismo mundial no es su principal preocupación, obnubilados como están en ciertos casos por la «autodeterminación» de los pueblos. ¿A qué corresponde en este caso semejante posición?

«Tropas francesas fuera de Chad», sea, pero habría que añadir también las tropas libias, en la perspectiva de la autodeterminación. Supongamos que las dos partes retiren sus tropas. ¿Se autodeterminará por ello el pueblo chadiano? Muy ingenuo será quien quiera creerlo, y muy cínico quien quiera hacerlo creer. ¡No cambiaría nada de nada! Tanto más cuanto que la venta de armas no se considera una injerencia en los asuntos de un país. El proletariado chadiano, como el proletariado mundial, seguirá siendo explotado, sufriendo y sirviendo una guerra civil en la que no tiene nada que ganar y en la que sirve de carne de cañón a dos clanes rivales.

De todos modos, en la realidad, esos dos clanes rivales son los juguetes de las dos superpotencias que se reparten el mundo. Contra eso hay que luchar sin tregua para transformar revolucionariamente la sociedad. Todo lo demás no es más que una tontería reaccionaria. Por otra parte, si Goukouni y Habré son dictadores que oprimen al pueblo, como tan bien los denuncian las prensas trotskistas, no se entiende muy bien, dejando aparte la excusa de la autodeterminación, por qué actúan agitándose de ese modo. En efecto, el ejército francés es el ejército de un país democrático cuyo gobierno de izquierda fue elegido no sin la colaboración de la inmensa mayoría de los trotskistas. Desde su punto de vista, en el que el mecanicismo y el materialismo vulgar se conjugan tan bien, habrían podido igualmente apoyar a la democracia, y por tanto a Francia, contra la dictadura de los dos ejércitos rivales en Chad, puesto que Francia no se desplaza en este caso para detener un movimiento subversivo. ¡Pero sin duda prefieren para el pueblo chadiano las ventajas de un «Estado obrero degenerado» importado con el benéfico concurso de los soldados libios! ¡Al fin y al cabo, las conquistas de la clase obrera en el Este no deberían hacer daño a nadie!

En todo caso, las posiciones trotskistas se revelan antirrevolucionarias, y estamos más que en condiciones de preguntarnos con qué derecho se atreven a presentarse como una fuerza revolucionaria, cuando no son más que un subproducto del stalinismo, al que reivindican de manera crítica bajo el término de movimiento obrero. Que tengan su lugar en ese movimiento antiobrero, no lo dudamos.

En cuanto a los pacifistas, esas buenas gentes creen todavía en la posibilidad de un mundo sin ejército, mientras que nunca atacan la base misma de su existencia. Esto vale para los pacifistas que no tienen vínculos con el P«C»F. Para los demás, véase lo escrito más arriba sobre el stalinismo.

Para quienes la tienen tomada de verdad con el sistema capitalista mundial, las cosas son mucho más sencillas, y no por ello simplistas. Hoy, más que nunca, el proletariado no puede sacar ventaja alguna de este sistema moribundo. Ni las «autodeterminaciones», ni las «liberaciones nacionales», ni las «revoluciones democrático-burguesas» pueden representar progreso alguno para la sociedad, sencillamente porque ni siquiera existen. Son ficciones que sirven para desviar a la clase históricamente revolucionaria de la única tarea hoy progresista: la revolución comunista mundial. En Chad como en otras partes, hay que luchar contra el opresor, sea autóctono o extranjero, blanco o negro, demócrata u otra cosa...

NI GOUKOUNI NI HABRÉ

NI EJÉRCITO FRANCÉS NI EJÉRCITO LIBIO

NI OTAN NI PACTO DE VARSOVIA

VIVA LA LUCHA REVOLUCIONARIA DEL PROLETARIADO MUNDIAL POR LA EMANCIPACIÓN DE LA HUMANIDAD

ABAJO LAS FRONTERAS, ABAJO EL CAPITAL, POR LA SOCIEDAD HUMANA Y SU LIBRE DESARROLLO.
