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Title: El sindicato, garante de la explotación
Description: A partir de la rebaja de salarios de los no sindicados en la TWA: todos los sindicatos, mafiosos o «de clase», aseguran la continuidad y el agravamiento de la explotación, y los proletarios deben organizarse y actuar por sí mismos.
Date: 01/07/1983
Category: Alarme n.º 21
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1983-07-el-sindicato-garante-de-la-explotacion
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*Alarme*, n.º 21, julio-agosto-septiembre de 1983 (págs. 7-8). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n21.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1983-07-le-syndicat-garant-de-l-exploitation)

¡Otro palo más! La T.W.A. rebaja los salarios... de los no sindicados. Una bonita jugada del sindicato, que obliga así a los proletarios a sindicarse (y a cotizar...) bajo amenaza. La empresa gana en todos los frentes: la dirección prefiere tratar con sindicatos poderosos (en las naciones más poderosas, todos los gobiernos y grandes patronos declaran preferir tratar con sindicatos poderosos antes que con obreros inorganizados que podrían entregarse a desbordamientos «incontrolados y lamentables»); en cuanto a los intratables, se ahorrará en sus salarios. El sindicato, por su parte, refuerza a la vez su tesorería y su posición de chulo del salariado a costa de los libres trabajadores de la T.W.A. Evidentemente, como cada vez que un hecho estorba la visión dominante del mundo maravilloso y de la época formidable que vivimos, se nos presenta (medios, patronos, Estado, sindicatos y demás curas-polis y polis-curas) el caso como «muy particular» y ligado a las condiciones «muy particulares», incluso «culturales», del continente, del país o de las letrinas en cuestión. En este caso se trata de un sindicato americano, y todos ellos están afiliados a la Mafia; la «prueba» es que hay un Sindicato del crimen, verdadera bolsa de Trabajo que reparte la mano de obra por el territorio, distribuye el trabajo según la cualificación de cada cual, fija la tarifa... sindical, ¡y sabe, como protector de los trabajadores, oponerse a los poderes públicos o negociar con ellos! Conviene (vieja tarea) volver a poner sobre sus pies esta visión invertida.

Ante todo, es calumniar a los sindicatos decir que están afiliados a la Mafia. Muy al contrario, es esa desdichada Mafia la que ha obtenido (¡tras cuántos años de lucha!) el derecho a sindicarse. Además, el asunto de la T.W.A. no es un caso «típicamente americano». En efecto, si ya ha habido precedentes en los EE. UU. (Chrysler, por ejemplo), se han presentado situaciones análogas en otras partes, en Gran Bretaña, en la RFA o en Canadá, pero allí los sindicatos no sacaban tanto provecho, porque hacían «aceptar» las rebajas de salario a todos los trabajadores. Viene a ser casi lo mismo, porque allí casi todos están sindicados de oficio. El caso es, pues, menos «particular» de lo que parecía, pero también pueden incluirse los «sindicatos de clase» franceses, que dejan que el gobierno rebaje los salarios poniendo caras de Bernadette Soubirous[^1] asustada y obrando con todas sus fuerzas por la calma, y también Solidarność, el último sonajero sindical para proletarios en lucha, que busca «reconstruir el país», tonadilla conocida que ya dio sus frutos aquí con Thorez[^2] y que significa: «sacrificaos por la Nación». Evidentemente, resulta menos exótico que el sindicato-mafia-a-lo-Al-Capone-enfrentado-a-las-gacetas-intocables, pero de eso se trata. Antiguos o nuevos, combativos o comodones, stalinistas o cristianos, lampiños o barbudos, los sindicatos tienen todos un mismo papel que desempeñar en este sistema: asegurar la continuidad de nuestra explotación y, si es posible, agravarla. Es decir, hacer aumentar la cantidad de tiempo de trabajo que excede del que produce nuestro salario, y ello en el mismo tiempo (la jornada de trabajo), por tanto mediante un aumento de la productividad. Esto implica que, cuanto más crece la productividad, más crece la diferencia entre lo que el trabajador produce y lo que le corresponde. Los trabajadores más explotados no son, pues, forzosamente los peor pagados, sino aquellos para los que esa diferencia es mayor y que son, por tanto, los más productivos, como en los EE. UU. o en Japón. Cuando la productividad crece, la explotación crece también: el salario nominal puede mantenerse constante, y lo que realmente le corresponde al trabajador disminuye en relación con la riqueza producida. El sindicato puede incluso negociar una subida del salario nominal inferior al aumento de la productividad, y el salario real (relativo a la riqueza producida...) baja. Uno puede, pues —y es lo que ocurre más generalmente—, «ver» aumentar su salario... al mismo tiempo que su explotación.

Por supuesto, hay que rechazar toda rebaja de salario, sea absoluta (nominal) o relativa. Frente a los sindicatos (y, por supuesto, a los patronos y al Estado), organismos encargados de representarnos, es decir, de representar la comedia de la protesta, no tenemos otra posibilidad que organizarnos nosotros mismos y actuar por nosotros mismos y para nosotros mismos, oponernos a los aumentos de rendimiento e incluso hacerlo bajar, oponernos a los despidos e incluso imponer, llegado el caso, la contratación sin tener en cuenta las necesidades de la Economía, para reducir el ejército de reserva que permite al capital dictar su ley, para organizar la expropiación colectiva del capital según la necesidad social que defina nuestra clase, etc.

Solo si damos esta orientación a nuestras luchas podrá «la organización creciente de los proletarios» significar algo y amenazar realmente los fundamentos de nuestra servidumbre.

[^1]: La vidente de Lourdes (1844-1879), canonizada en 1933.

[^2]: Maurice Thorez, secretario general del P«C»F, que en 1945-1946, como ministro, llamaba a los mineros a «ganar la batalla de la producción».
