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Title: Fiesta de la paz y trotskismo
Description: Sobre la «fiesta de la paz» organizada por el PCF en junio de 1983 al servicio del capitalismo de Estado ruso, y sobre la LCR, cuyo líder estrecha la mano de Marchais: el trotskismo oficial se ha convertido en una vía muerta a remolque del stalinismo.
Date: 01/07/1983
Category: Alarme n.º 21
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1983-07-fiesta-de-la-paz-y-trotskismo
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*Alarme*, n.º 21, julio-agosto-septiembre de 1983 (págs. 9-11). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n21.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1983-07-fete-de-la-paix-et-trotskisme)

Fiesta de la paz: con este nombre organizó el P«C» en junio una concentración de cierta amplitud. Se trataba, pacifismo mediante, de defender el capitalismo de Estado ruso, en rivalidad con su compadre y rival: los Estados Unidos. El P«C» organizó el bombo y el ojeo para esa «fiesta»; se trataba de reunir a todos los militantes, a todos los simpatizantes, a miembros de la oposición, a pacifistas, a «izquierdistas» e incluso a anarquistas. También los moribundos tomaron parte: ¿no contribuyó Aragon, en efecto, una vez muerto y enterrado, a hacer publicidad de esa fiesta por medio del «llamamiento de los Cien»[^1]?

El P«C» intenta utilizar todos los reflejos de horror que puede suscitar la guerra atómica, queriendo hacerse pasar por un partido humano. ¡Qué cinismo, cuando el stalinismo internacional es directamente responsable de la muerte y la tortura de miles de proletarios; es directa y conscientemente responsable del asesinato de todos los movimientos revolucionarios a partir de 1926-27 (Gran Bretaña, luego China, luego, en los años treinta, la guerra civil en España...) y, por tanto, de todos los movimientos que, más o menos conscientemente, se proponían como objetivo, mediante la revolución, la construcción de una sociedad sin clases, sin explotación del hombre por el hombre y, por tanto, sin guerra!

Este mundo tiene la posibilidad de destruirse, mediante una guerra Este-Oeste, un gran número de veces. En los albores del siglo XXI, el mundo bajo la dominación del capital puede hundirse en la barbarie completa de un momento a otro, prueba, si aún hiciera falta, de la decadencia de este sistema. El proletariado está, de Este a Oeste, de Norte a Sur, descuartizado por intereses nacionales reaccionarios, embrutecido y explotado cada vez más, encadenado a mecanismos que le son cada vez más ajenos. ¡Y se le pide, pese a todo eso, que vaya a manifestarse por la paz social, que vaya a la fiesta de la paz! Los partidarios del capitalismo se burlan de lo lindo de nosotros, proletarios... Pueden permitírselo hoy, porque, encuadrados por los sindicatos y el stalinismo, nunca hemos sido tan pasivos.

En cuanto al trotskismo, hoy va a remolque del stalinismo. Su representante más perfecto en la materia es la L«C»R, cuyo líder, Krivine, ilustrando esto, ha estrechado la mano de Marchais, el secretario general del P«C». La L«C»R se reclama de Trotski; en realidad debería reclamarse de Stalin. Basta con conocer un poco el combate que mantuvo, que libró Trotski, para comprender que la L«C»R y el trotskismo en general son un producto, hoy completamente degenerado, del movimiento revolucionario, al que hoy se oponen. El propio Trotski afirmaba que si, al día siguiente de la segunda guerra mundial, no se producían acontecimientos como una derrota rusa o una revolución, habría que revisar completamente sus posiciones sobre la defensa incondicional de la llamada URSS y, de manera general, sus posiciones fundamentales sobre esa llamada URSS. Lejos de revisar las posiciones de Trotski, el movimiento supuestamente trotskista las ha petrificado para hacer de ellas dogmas que seguir *ad aeternum*. Con el pretexto de las conquistas obreras y de las bases económicas progresistas en Rusia, la revolución social no estaría al orden del día en ese país. Según el trotskismo oficial, se trataría únicamente de derribar a la casta burocrática, de hacer una revolución política. La realidad es muy otra: las conquistas obreras no existen más que en su imaginación (la de los trotskistas); en el Este como en el Oeste, el proletariado no tiene nada que perder más que sus cadenas. La base económica progresista no es, como en el Oeste, más que un capitalismo decadente, con la especificidad de ser un capitalismo de Estado.

Las posiciones que adopta el trotskismo oficial llevan, pues, en realidad a que ese movimiento sea una vía muerta para todos los militantes que se dicen revolucionarios y que son un poco honrados. Desvía sus revueltas iniciales hacia la defensa de la barbarie rusa y, por tanto, de la barbarie capitalista. Les presenta los P«C» como partidos obreros con direcciones burocráticas. Presenta, pues, a esos militantes potencialmente revolucionarios como obreros a unos partidos que son los más profunda y conscientemente anticomunistas. Estrecha la mano a los partidarios y a los pilares de este sistema podrido, a los asesinos mismos de aquel de quien pretende ser el continuador: Trotski. Este simple hecho debería llevar a los militantes trotskistas honrados a romper con el trotskismo. A romper antes de que ellos mismos queden completamente rotos, antes de quedar completamente deformados y sometidos a una lógica hoy opuesta a sus supuestas aspiraciones revolucionarias.

Un movimiento revolucionario de la amplitud del movimiento trotskista en Francia tendría grandes facilidades, ya para impulsar luchas, ya para imprimir el sello revolucionario a las luchas existentes. Imaginemos, por ejemplo, lo que habrían podido dar las recientes huelgas de la industria del automóvil si algunos miles de militantes revolucionarios hubieran intervenido masivamente en esos centros.

Militantes trotskistas, no concedamos ningún apoyo, condicional o incondicional, ni a las iniciativas del P«C» ni a las de Rusia. Sin voluntad y actividad revolucionarias, no se puede sino pasar de la órbita de Washington a la de Moscú. Vuestra actividad actual no hace más que alimentar el cáncer social.

[^1]: Llamamiento pacifista lanzado en 1982 por cien personalidades próximas al P«C»F, entre ellas el poeta Louis Aragon, fallecido en diciembre de 1982.
