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Title: ¡Abajo la guerra del capital y su paz social! Basta de sacrificios, rompamos la paz social
Description: Editorial sobre los despidos en Peugeot-Talbot y la huelga de los centros de clasificación postal de 1983: los sindicatos aíslan a los huelguistas, y hay que organizar uno mismo la lucha, extenderla y alzarla contra la economía nacional.
Date: 01/10/1983
Category: Alarme n.º 22
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1983-10-abajo-la-guerra-del-capital-basta-de-sacrificios-rompamos-la-paz-social
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*Alarme*, n.º 22, octubre-noviembre-diciembre de 1983 (págs. 1-3). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n22.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1983-10-a-bas-la-guerre-du-capital-assez-de-sacrifices-brisons-la-paix-sociale)

**¡Abajo la guerra del capital y su paz social!**

## Basta de sacrificios, rompamos la paz social

Tras la siderurgia en el 79, bajo la derecha, ahora es la izquierda la que hace despedir en el automóvil, apuntando, claro está, primero a los inmigrantes y sobre todo a los menos dóciles. La izquierda ha vuelto a enseñar sus cartas: siempre dispuesta a entenderse con los patronos de derechas para despedir trabajadores y darles hasta en el carné de identidad (Seguridad Social, precios, alquileres, vigilancia policial...) para mayor beneficio de la Economía Nacional.

La dirección de Peugeot-Talbot no se ha equivocado: echa primero a los inmigrantes, en la más pura línea de la política tanto de izquierda como de derecha: producir francés, comprar francés, reventar francés...

Pero quienes se llevan la palma son los sindicatos:

La CFDT quiere redorar un blasón de lucha bastante deslucido. Hasta ahora lo ha aceptado todo del gobierno y pretende oponerse hoy, después de unas decisiones que todos los sindicatos conocían, puesto que estaban previstas desde julio.

La CGT, que declaró francamente (por una vez y sin que sirva de precedente) que apoyaba las medidas de despido y que ahora se cambia de chaqueta —para controlar mejor el movimiento— bajo la presión de la base, a la que todavía le quedan ilusiones que perder sobre ella.

La CSL,[^1] fiel a sí misma, también acepta, por supuesto.

Todos se han pronunciado por la negociación, es decir, por el eventual reajuste de decisiones ya tomadas. Como el resultado de esas negociaciones no se conocerá hasta que la fábrica esté cerrada, será entonces más fácil desmovilizar a los huelguistas. En efecto, por un lado la fábrica, centro de reagrupamiento de los huelguistas, estará cerrada: es el cierre patronal; por otro, el sindicato hará todo lo posible para que los obreros se queden en la fábrica, se encierren en ella, la ocupen (y jueguen allí a las cartas...) para prevenir toda extensión hacia sectores que en este momento son sensibles a los despidos. Ahora bien, esa es precisamente la tarea de los proletarios: ir a buscar la solidaridad de los demás proletarios y, aquí, en primer lugar, la solidaridad de los demás sectores amenazados: automóvil, siderurgia, construcción naval, minas de carbón, etc. Todo particularismo, lo mismo que el aislamiento en el lugar de trabajo, impide que un movimiento amenace de verdad el orden establecido.

Así ocurrió en la reciente huelga de los centros de clasificación y de cheques postales: los empleados de Correos reaccionaron vigorosamente ante las medidas de su Estado-Patrón, que tenían por consecuencia intensificar el trabajo y reducir el número de días de vacaciones. La combatividad desbordó ampliamente el marco sindical, pero no por ello se concretó en consignas más unitarias que las referentes a los turnos de noche. Esto no solo hipotecaba ya gravemente la extensión y la radicalización (contra la austeridad y los sacrificios en general) del movimiento dentro de los propios PTT,[^2] sino que además los empleados de Correos tuvieron algo de confianza en las negociaciones sindicales y no bastante en sí mismos. Aislados política y físicamente, pese a su voluntad de pelear y porque dejaron que los sindicatos reorganizaran la huelga, perdieron la lucha y lo que habían ganado en 1974.

La huelga de Talbot tiene un carácter menos «particular», en el sentido de que el rechazo de los despidos es un objetivo general en el que los demás proletarios se reconocen de manera más inmediata. Por eso el esfuerzo de la dirección, de los sindicatos y del Estado se centró enseguida en el aislamiento dentro de la fábrica, y por eso también esa es la principal barrera que hay que romper en Talbot, y es necesario no dejar que los sindicatos organicen el movimiento. En cada conflicto, sea local o general, no debemos contar más que con nosotros mismos para organizar la lucha, por mínima que sea al principio. Organizarla quiere decir formularla de manera general, radicalmente contra la economía nacional y contra todo sacrificio en su nombre; tratar de extenderla tomando contacto, sobre esa base mínima, con todos los sectores capaces de reconocerse inmediatamente en ese combate; y, por último, prepararse para hacer frente a la violencia del capital en sus formas policiales (sindicatos, polis, esquiroles, milicias...) después de haberla afrontado en una forma más «económica» (si por ventura los proletarios se pusieran a separar lo político de lo económico, el capital se encargaría muy pronto de recordarles que entre ambos no hay separación). Solo así, organizando nosotros mismos esas actividades mínimas de la lucha, podemos esperar romper la paz social y abrir una perspectiva comunista.

[^1]: Confédération des syndicats libres, central sindical de derechas, muy implantada en la industria del automóvil (Talbot, Citroën).

[^2]: Administración francesa de Correos, Telégrafos y Teléfonos.
