---
Title: Túnez-Marruecos
Description: Los motines del hambre en Túnez y Marruecos muestran la fuerza del proletariado, pero también sus debilidades: vuelta a la calma en cuanto el gobierno retrocede, falta de armamento y de ofensiva.
Date: 01/01/1984
Category: Alarme n.º 23
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1984-01-tunez-marruecos
---


*Alarme*, n.º 23, enero-febrero-marzo de 1984 (págs. 12-13). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n23.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1984-01-tunisie-maroc)

¿Conoce usted un país donde la amistad es reina, donde el Mediterráneo es más azul y más mediterráneo que en otras partes, donde el sol pasa el invierno, donde los tomates y las naranjas son innumerables y perfumados? Esas maravillas, donde la leche y la miel corren a raudales, están muy cerca. La leche corre de los fusiles y la miel brota de los cañones. En cuanto al pan..., sin duda por humildad ante tanta abundancia se esconde y juega a la gallinita ciega con la sémola: ¡será un nuevo juego de playa! Por lo demás, ya se sabe: bajo los adoquines, la playa.

Nuestros hermanos tunecinos sacaron los adoquines para no comer solo arena, y se llevaron la torta:[^1] ante su violencia y su prontitud, el Estado cedió. Los proletarios recordaron brutalmente su existencia a los Tartufos que nos gobiernan y que no consideran a «la masa» más que como lo que es generalmente (un rebaño), sin comprender que pueda ser otra cosa que capital variable sumiso en su condición inhumana.

Cuando una clase habla el lenguaje de la fuerza, el Estado no puede sino ceder, al menos temporalmente. Es la única lengua que entiende, en todas las latitudes, y la que le hace cederlo todo. ¿Todo? No; irreductiblemente, no quiere ceder su existencia ni la de la sociedad que defiende. Su fuerza reside más en su capacidad de mantenerse con concesiones que en su sola fuerza militar. Y su fuerza es la del Capital, inmediatamente internacional. Sin esa dimensión, el gobierno tunecino no habría podido aplazar concretamente la subida de los precios.

Ahora bien, esa fuerza contiene a la vez su propia debilidad y nuestra propia debilidad. Su debilidad es lo que la relación de producción capitalista revela de su fundamento: la coacción y la violencia, la indiferencia hacia el hombre, el cinismo de los gobernantes y su incapacidad en general. Nuestra debilidad es que la reacción frente al ESTADO tunecino no es un ataque a ese mismo Estado y al Capital. Por una parte, los otros miembros del Estado que son las fuerzas «de oposición» no se revelaron en esta ocasión como lo que son —unos carcamales contrarrevolucionarios—, sino que su peso incluso aumentó después de los enfrentamientos. Por otra, el enfrentamiento mismo, por violento que fuera, se apaciguó en cuanto se anunció el retroceso del gobierno. Pese a la publicidad desenfrenada de los medios de comunicación, es probable que no todos los proletarios tunecinos hayan sentido «el agradecimiento del estómago» hacia Burguiba y que sabrán no dejarse atrapar en la reconciliación nacional la próxima vez.

Así, si el movimiento se hundió sobre sí mismo por falta de perspectivas, no por ello dejó de mostrar que solo la determinación y la fuerza pueden oponerse a las medidas gubernamentales y que toda negociación es una renuncia.

La demostración fue muy pertinente en Marruecos, donde los enfrentamientos de los proletarios con «su» Estado no pueden disociarse del ejemplo tunecino, apenas un mes anterior. Pese a las mismas debilidades (falta de armamento de los proletarios, reanudación casi inmediata del trabajo, vuelta a la calma en cuanto se anunció el retroceso del gobierno...), el proletariado marroquí mostró una voluntad de combate que ya había aparecido en 1981. Privado del apoyo de Casablanca, inundada poco antes de policías y militares, se batió en todas las grandes ciudades del país y se mostró allí más peligroso que en Túnez, sobre todo por las fraternizaciones que se produjeron entre soldados y amotinados. La represión fue tanto más feroz cuanto que el régimen en el poder tiene que imponer a toda costa su política, desastrosa para los proletarios, a fin de proseguir su esfuerzo de guerra en el Sáhara.

La oposición religiosa intenta recuperar en su provecho el descontento general, y ese temible enemigo —que ya ha dado sus pruebas—, del que los proletarios todavía no se han librado, hace y hará todo lo que pueda para que el proletariado no luche más que contra los abusos del régimen o solo contra la monarquía.

Hasta ahora, la decantación entre la orientación subversiva del proletariado y las fuerzas de oposición no se ha producido con nitidez, pero sobre todo las luchas no se han orientado hacia la ofensiva (ni hacia el armamento correlativo que esta necesita) ni hacia el ataque a los sectores clave de la producción «nacional». El saqueo sistemático como medio de reapropiación acaba marginándose y deja de pesar como medio de lucha frente al Capital.

Sin embargo, pese a todas sus debilidades, los combates de los proletarios marroquíes y tunecinos reafirman la fuerza del proletariado, su capacidad para reaccionar ante los ataques del Capital y la fuerza de ejemplo internacionalista que tiene en cuanto actúa. Eso es lo que hay que contribuir a desarrollar, para que fructifiquen las próximas luchas.

[^1]: En francés, «ils ont récolté la galette», juego de palabras: «la galette» es la torta de pan y, en lenguaje familiar, el dinero. Los motines de Túnez estallaron a finales de diciembre de 1983 contra la subida del precio del pan y de la sémola; Burguiba anuló la subida el 6 de enero de 1984. Los de Marruecos, en enero de 1984.
