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Title: La Europa de la felicidad
Description: Contra las elecciones europeas de 1984: la Europa unida es un barniz sobre las luchas económicas entre Estados, y solo la unión internacionalista de los proletarios puede acabar con el sistema.
Date: 01/04/1984
Category: Alarme n.º 24
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1984-04-la-europa-de-la-felicidad
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*Alarme*, n.º 24, abril-mayo-junio de 1984 (pág. 7). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n24.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1984-04-l-europe-du-bonheur)

Desde 1980,[^1] el Parlamento Europeo se elige por sufragio universal. Hubo entonces una gran campaña para hacer, según parece, plebiscitar a Europa. ¡Hay que decir que bien lo necesitaba! Un año después de la creación del SME (79), los Estados Unidos lanzaban una nueva ofensiva económica contra Europa, provocando una crisis de los suministros de energía e iniciando, con el éxito que ya se sabe, su política de altos tipos de interés para importar capitales.

En resumen, cuanto más se desgarra Europa en luchas económicas internas, más aparece recubierta de un barniz unificador muy brillante, sin subestimar su unión policial, de la que poco se habla en los programas electorales. Es una pena, porque es el único éxito serio de los «Diez».

La Europa que nos tiende sus urnas funciona con una comisión europea, soberbio chollo para los cuatro o cinco mil funcionarios que viven de ella. Concede subvenciones a regiones y hace todos los estudios e informes para las decisiones que toma el consejo de los diez. Ese consejo es la rebatiña entre ministros, jefes de Estado, etc., donde finalmente no se toman las decisiones y donde cada cual juega al sálvese quien pueda nacional según sus medios.

Por último, el Parlamento «sugiere», «propone» y... ratifica. Toda esa caterva de incapaces en busca de sinecura procede generalmente de los medios políticos y de los parlamentos nacionales, lo que da una buena idea de su eficiencia y de su interés.

Así pues, como todas las demás elecciones, esta no sirve para nada. Y, sin embargo, se celebra, moviliza a todos los aparatos políticos, de la extrema izquierda a la extrema derecha, y sobre todo moviliza mucha pasta (a costa nuestra, por cierto). Algún fin tendrá, ¿no?

Amigo lector, camarada, ¡intenta hacerte el idiota! Ya que nos lees, te costará, pero insistiendo (¿poco?) redescubrirás esa alegría sencilla.

- ¿No ves que tu país es, por desgracia, presa de disensiones internas, sectarias, corporativistas y, por decirlo todo, mezquinas?
- ¿No sientes la necesidad de ensanchar tu horizonte hacia hombres nuevos?
- Con tu voto, ¿no quieres *dejar* que se instalen nuevos principios? ¿El Trabajo para el progreso europeo, la Familia para los valores europeos, la Patria para la Defensa europea?
- Si quieres todo eso, has hecho un mal negocio comprando este periódico. ¡Te está bien empleado!

Hagamos callar al idiota.

Europa es la felicidad, nos dicen a coro los políticos, patronos, sindicalistas, etc. Ya sean partidarios de los Estados Unidos socialistas de Europa (como esos miserables trotskistas), de los Estados socialistas unidos de Europa (P«S»), de la Europa de los Estados Unidos (RPR), de los Estados de Europa unidos al Este (¡adivinen!) o de los Unidos de Europa en todos sus estados (PFN),[^2] están por Europa.

Por lo demás, cuando ya no saben qué decir, dicen que todo es bonito. Casi todos los eslóganes son intercambiables, desde el P«C», que no se atreve a pedir el voto para sí en los carteles, pasando por los carteles, idénticos en su principio, del P«S» y del RPR, hasta el inefable Le Pen, que es tan tonto que está dispuesto a tomar prestada una idea al primero que pase («mis ideas son las vuestras», *sic*).

¡Sobre todo, están de acuerdo en que los proletarios europeos los recompensen con su voto y con su sudor (la economía, pero también las sinecuras, hay que mantenerlas) por la honorable manera en que los explotan! ¡Si la cosa no va bien en la Nación, votad Europa! Si Europa cojea, resolvedlo con vuestro alcalde y, de todos modos, vuestros elegidos siempre *sabrán* lo que hay que hacer, vosotros no.

¡Pues no, precisamente! Solo nosotros, los proletarios, podemos saber cómo acabar con este sistema de zanahorias electorales y palos policiales, de existencias que oscilan entre el paro y el trabajo, la angustia y el embrutecimiento. Para ello sabemos que, sea cual sea la amplitud de nuestra *unión*, si es de clase, contra la trinidad capitalista Patrono-Estado-Sindicato, por la producción en función de las necesidades humanas y no de las del capital, contra el encierro en la fábrica, la región, la profesión, en una palabra, contra todas las separaciones, entonces esa unión es *internacionalista*, porque concierne a todos los proletarios del mundo y los llama a hacer lo mismo.

Una unión así criticará, con las armas y con el desprecio, las pompas electorales de toda clase del capital.

[^1]: Las primeras elecciones al Parlamento Europeo por sufragio universal directo se celebraron en junio de 1979.

[^2]: Parti des forces nouvelles, pequeño partido de extrema derecha. El juego de palabras se pierde en parte: en francés, «être dans tous ses états» significa también «estar fuera de sí».
