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Title: La larga marcha
Description: Crítica de la marcha de los siderúrgicos de Lorena sobre París del 13 de abril de 1984, demostración de unanimidad interclasista y chovinista orquestada por los sindicatos.
Date: 01/04/1984
Category: Alarme n.º 24
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1984-04-la-larga-marcha
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*Alarme*, n.º 24, abril-mayo-junio de 1984 (págs. 4-5). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n24.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1984-04-la-longue-marche)

A la llamada de la intersindical CGT, CFDT, FO, FEN, CFTC y CGC, y gracias a la financiación y a las facilidades ofrecidas, entre otros, por la Banque Populaire de Lorraine y la SNCF, los loreneses fueron a ponderar los méritos de su acero en el corazón de los barrios elegantes de la capital francesa. El formidable despliegue publicitario empezó en la plaza de la Nation, y hacía mucho que no veíamos en la calle semejante unanimidad sindical y política.

Unanimidad: esa es la palabra que describe a aquella multitud, y la exclusión demagógica de cargos electos de derechas por el servicio de orden o por algunos izquierdistas no cambia nada. Con la consigna stalinista «Lorena vivirá», todas las fuerzas «vivas» de la región estaban implicadas. Prueba de ello es la financiación misma de la manifestación, así como la presencia en el cortejo de todas las capas intermedias de la sociedad (cuadros, comerciantes, etc.). Ante esa unidad interclasista, que relega a un segundo plano el enfrentamiento entre las distintas capillas políticas del capitalismo, fingíamos preguntarnos adónde habían ido a parar los siderúrgicos rabiosos de la víspera. Hay que señalar, no obstante, que algunos siderúrgicos combativos no pudieron o no quisieron participar en la manifestación a causa de su propia organización (prohibición de armas de todo tipo, barras de hierro, hondas, tornillos; registro de los manifestantes por el sindicato a la salida de Lorena, inscripción de los participantes en la bolsa del trabajo, etc.). Pese a ello, los siderúrgicos estaban presentes y, al menos al principio, igual de rabiosos para... berrear con la CGT los peores eslóganes chovinistas y capitalistas, desde el «produzcamos francés, consumamos francés» hasta el trasnochado «allez les verts» (nota falsa ofrecida por los cientos de litros de cerveza de maese Krasucki), pasando por los agradecimientos al Crédit Lyonnais y a diversos bancos. En suma, ¡una etapa lorenesa del Tour de Francia! La presencia de la extranjera FGTB belga, ¿era una broma francesa de la mejor cosecha, destinada a alegrar un cortejo que se cansaba, o era un testimonio vivo de solidaridad antiobrera, a imagen de la impúdica CGT de Talbot, también presente? La LCR, que desdeñaba la procesión nacionalista, conoce seguramente la clave de esta triste adivinanza, ella que fue, gracias a sus militantes cedetistas de Talbot, el segundo componente del sabotaje de un movimiento.

En fin, bajo la mirada discreta y compasiva de la policía francesa, toda esa linda gente, algo maltrecha por los kilómetros a pie, pudo llegar al Campo de Marte, donde la esperaban autocares y refrigerios. Bebamos una última vez.

Dicho esto, una ínfima minoría, ni siquiera una decena de individuos, parecía no reconocer en los CRS a unos camaradas de siempre. ¿No habría sido una lástima separarse sin el ritual vuelo ligero de latas vacías y privarse con ello del remate de unos suntuosos fuegos artificiales? Es indiscutible, pero la iluminación debió de ser un poco demasiado potente para aquel siderúrgico de Neuves-Maisons que increpaba atinadamente a uno de sus compañeros cegetistas: «Si a ti te despiden, al sindicato no lo despedirán».\* Esta frase sencilla y justa muestra sin ambigüedad el carácter contrarrevolucionario de todas las manifestaciones orquestadas por los sindicatos, y de la del 13 de abril en particular (el primero de mayo de este año resulta incluso de lo más lamentable en el género). En efecto, del rechazo a ser despedidos, es decir, a ser los eternos desheredados de un sistema que solo nos concibe como productores de beneficios, los siderúrgicos de Lorena han pasado a la defensa de su industria. A partir de ahí, es lógico que defiendan la unidad de explotación más amplia que engloba su industria, la región y, por último, la NACIÓN. Desde el mismo punto de vista capitalista, como los imperativos de la Nación prevalecen sobre todos los demás (Mitterrand: «No se tolerará ninguna reivindicación sectorial»), está en el orden de las cosas que los siderúrgicos vayan a engrosar las listas de la ANPE[^1]. En resumidas cuentas, eso y nada más es lo que significa el 13 de abril. *En cuanto a los sindicatos, la nación no corre el riesgo de dejarlos en paro.* Son demasiado valiosos, no solo como defensores de la economía nacional, sino también como divisores del proletariado. «La defensa del acero lorenés», clamaban: o cómo atizar la competencia entre proletarios. Así, el 13 de abril los siderúrgicos de Lorena escupían a la cara de los de Fos y de Alemania, igual que no hace tanto los obreros de los astilleros franceses arrancaban el pan de cada día a los obreros de los astilleros yugoslavos exigiendo una producción nacional. En fin, de manera más general, los obreros de industrias distintas acaban ignorándose por completo (véase el aislamiento de los conflictos del automóvil).

En una situación así, si el rechazo del despido no es un medio de aumentar la solidaridad de clase, como debería ser, acaban imponiéndose sus interpretaciones y sus finalidades más reaccionarias (defensa de la industria, derecho al trabajo, defensa de la región, etc.), que terminan por envilecer todavía más a los obreros. Actualmente los obreros cavan frenéticamente el hoyo donde el capitalismo intenta enterrarlos, peleándose entre sí por agarrar el mango de la pala. La «desindicalización», por desgracia, no invierte por ahora el movimiento ni disminuye la influencia de los aparatos. Por lo demás, E. Maire, ardiente partidario de la austeridad y segundo economista de Francia después de R. Barre, bien puede perorar sobre «la crisis del sindicalismo»: no por ello deja de afirmar los objetivos contrarrevolucionarios, generalmente alcanzados, del sindicalismo: «ya no hay una clase obrera unificada... si se va hacia corporaciones cada vez más fuertes donde los asalariados con garantías se encierran por su lado, tendrán ustedes enfrente a los asalariados que se sienten abandonados, que entrarán en conflicto con los asalariados con garantías».

No es participando en manifestaciones como la del 13 de abril como los obreros afirmarán sus intereses comunes: acabar con esta sociedad de explotación que nos despoja de todas las satisfacciones y de todos los goces (ni siquiera el de encontrarnos juntos de otro modo que aparcados en un taller, un estadio o una manifestación autorizada por los polis y controlada por los sindicatos). Esta necesidad implica que no puede subsistir paralelamente a nuestro combate fuerza capitalista alguna. Esto va dirigido en particular contra los sindicatos, que debemos aniquilar desde hoy.

\* O también este siderúrgico de Réhon, citado por *Libération* del 13/4/84, que declaraba: «No voy a París a cantar la Marsellesa, ni a manifestarme con calma y dignidad. Estoy harto de que me tomen por gilipollas. Montamos la de Dios en Longwy y no sirvió de nada. En París no será la misma historia. De todas formas ya no tenemos nada que perder, estamos jodidos de antemano».

[^1]: Agence nationale pour l'emploi, la oficina pública de empleo francesa. (N. del T.)
