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Title: Intervención: el F.O.R. persiste y firma
Description: Respuesta del FOR a un artículo de «Révolution Internationale» (CCI): intervención a contracorriente, oportunismo de RI en Longwy, rechazo de la teoría de la crisis económica y estado de la consciencia revolucionaria del proletariado.
Date: 01/04/1985
Category: Alarme n.º 28
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1985-04-intervencion-el-f-o-r-persiste-y-firma
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*Alarme*, n.º 28, abril-mayo-junio de 1985 (págs. 8-11). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n28.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1985-04-intervention-le-f-o-r-persiste-et-signe)

*Révolution Internationale*, órgano en Francia de la Corriente Comunista Internacional, acaba de parir un artículo sobre el FOR en su número 132. Tomándose cada vez más por la cuna de la consciencia de clase, RI envía aquí y allá algunas advertencias a las organizaciones que se apartan del largo camino que, según él, retoma el proletariado internacional hacia su emancipación.

Si respondemos con este artículo a la prosa de RI no es con el fin de satisfacer a algunos espíritus ávidos de encuentros polémicos entre grupos que, ¡ay!, todavía no influyen, ni siquiera embrionariamente, en el curso de la lucha de clases. Si lo hacemos, es para reafirmar una vez más la visión del mundo que es la nuestra, y porque no podemos dejar pasar cierto tipo de críticas. Sin embargo, como no queremos imitar las riñas de niños caprichosos, nos detendremos muy poco en ciertas acusaciones relativas a nuestra ausencia de actividad revolucionaria. Además, si esa inactividad fuera real, no comprenderíamos que un grupo tan serio como RI cometiera la tontería de dedicar una página entera a un grupo tan inexistente como el nuestro, cuando los años decisivos (los años ochenta) terminan dentro de cinco años y las huelgas obreras, según él, hacen estragos en los cuatro rincones del mundo.

Desde que existe, el FOR, teniendo en cuenta las fuerzas reales que son las suyas, ha intervenido a contracorriente y, por tanto, contra el capital que domina y aplasta toda voluntad de aniquilarlo, principalmente en el seno de la única clase históricamente revolucionaria, el proletariado. La responsabilidad primera del fracaso del movimiento obrero desde el periodo de entreguerras hasta hoy incumbe principalmente a la contrarrevolución capitalista de Estado (o stalinista), pero eso no puede impedirnos tener una opinión precisa sobre el estado actual de la consciencia revolucionaria en el seno del proletariado. Ahora bien, y lo mantenemos, esa consciencia está muy por debajo no solo de las posibilidades históricas del comunismo, sino también de las reivindicaciones inmediatas capaces de elevar la lucha hacia la unidad de clase y la revolución social proletaria. Eso es lo que proclamamos en nuestra prensa y en nuestras octavillas, y eso es lo que trastorna el optimismo «científico» de RI, que quiere probar que interviene puesto que en adelante, según él, el curso histórico va hacia la revolución. Si interviene un poco más hoy que ayer, tanto mejor para él; no es eso lo que criticaremos, sino el contenido de su actividad, si ha lugar a hacerlo desde nuestro punto de vista, y ello en el seno del movimiento de conjunto contra la sociedad de clases.

Porque en sus intervenciones el FOR se atreve a hacer hincapié en las debilidades de la clase a la que pertenece, he aquí que su majestad RI, con mirada reprobadora, le tacha de juez árbitro de las luchas obreras y, lo que es peor, le acusa de participar objetivamente en la empresa de desmoralización del proletariado por la burguesía. El FOR, comprenda o no comprenda la situación presente de la lucha de clases, sería, según RI, incapaz «de poner de relieve ciertas enseñanzas para el proletariado internacional: la necesidad de no quedarse aislados en un sector, el verdadero rostro de la democracia, obligada por la lucha a hacer uso a la luz del día de la represión contra los mineros...».

Arrastrado por su pluma, RI expresa con sus simples afirmaciones apresuradas su necesidad crónica de hacerse valer, aunque pueda negarlo con una frase, como representante supremo de la consciencia del proletariado. En efecto, camaradas de RI, el FOR no ha esperado a las recientes luchas (ultralimitadas, a nuestro juicio) del proletariado para formarse una opinión sobre la naturaleza de los sindicatos, sobre la necesidad de la extensión de las luchas y de la autoorganización proletaria. No solo el FOR lo ha afirmado siempre desde que existe, sino que además no se contenta con ese tipo de banalidades. Pero, puesto que el tono de lo que no consideramos más que un trapo sucio es vindicativo, queremos recordar a RI su actitud oportunista durante las luchas obreras de Longwy en el 79. No lo hacemos por recordar acontecimientos pasados, aunque recientes, sino porque ese mismo oportunismo está latente cuando el optimismo de RI se impone a la razón[^1].

En 1979, en Lorena, la lucha, aunque limitada desde un punto de vista revolucionario, hacía estragos. Los propios obreros habían pensado en enero en una marcha sobre París. No fue hasta el 23 de marzo cuando los obreros recibieron el apoyo sindical para una marcha que ya no podía ser sino funesta. RI, en una octavilla fechada el 23/3/79, llama con entusiasmo a esa manifestación: «Vuestra venida en masa es UNA ETAPA IMPORTANTE DE LA LUCHA», «La idea ha surgido en las filas obreras». Al día siguiente de la marcha, RI saca una octavilla titulada «Después de la marcha saboteada, ¿qué perspectivas?», que empieza así: «Con la rabia en el cuerpo han tenido que abandonar París miles de trabajadores el viernes 23 de marzo, huyendo de las cargas policiales... De esta marcha cuidadosamente preparada por la CGT hay que sacar un balance. ¡La clase obrera no puede luchar encuadrada, desarmada por los sindicatos!»[^2].

RI, como todo grupo revolucionario digno de ese nombre, es consciente desde hace muchísimo tiempo del papel ultrarreaccionario del sindicalismo y, por consiguiente, no necesita las luchas de clases actuales, inherentes a todo sistema de explotación, para demostrárselo cada día. Como revolucionarios, no tenemos que aprender poco a poco, día a día, junto con el conjunto de la clase, lo que la experiencia del movimiento obrero ha probado mil veces a las minorías más conscientes y decididas. Si no, o las minorías no sirven para nada, o la revolución habría triunfado hace mucho tiempo, puesto que el conjunto del proletariado habría asimilado la experiencia de sus luchas anteriores. Se esté de acuerdo o en desacuerdo con ellas, nadie puede negar que el FOR propone perspectivas de acción y reivindicaciones destinadas a romper la dinámica del capital, es decir, su acumulación mediante la extracción de la plusvalía creada por la fuerza de trabajo de una clase social. ¿Qué pinta, pues, en la argumentación de RI una frase como esta: «Así, prisionero de sus esquemas idealistas, el FOR no puede sino despreciar las reivindicaciones inmediatas, ignorar la unidad entre lucha económica y lucha política»?

Que RI relea, o lea, en [*Pro segundo manifiesto comunista*](https://marxismo.school/archivo/1961%20Pro%20Segundo%20Manifiesto%20Comunista) el capítulo titulado «Tareas de nuestra época», tachado demasiado a menudo de programa mínimo de transición por no pocos imbéciles que creen todavía que el advenimiento de una sociedad sin clases emanará de una voluntad divina.

No, RI: lo que el FOR desprecia y combate son las no-luchas sindicales, las huelgas de pega, las manifestaciones-procesión; en una palabra, todo lo que los defensores del capital inculcan cada día a millones de proletarios: el respeto de la economía nacional, la simple defensa individual o colectiva del puesto de trabajo circunscrita a las necesidades del propio capital, la compartimentación jerárquica entre trabajadores, por una parte, y entre trabajadores y parados, por otra; en fin, todo lo que traba la unidad consciente contra el viejo mundo.

Si es cierto que, tras la derrota desastrosa del movimiento comunista, masacrado por el verdugo stalinista no sin la ayuda que acabó recibiendo de la capitulación trotskista, convertida en su perro guardián, la expresión del movimiento obrero quedó reducida prácticamente a la nada, los revolucionarios no pueden cantar victoria en cada escaramuza, ni teorizar exageradamente su alcance histórico. Actualmente, las huelgas, incluso y sobre todo cuando son masivas, no sacuden la base sobre la que descansa el sistema, porque en un momento u otro las encuadra el sindicato. Sin desprecio alguno por nuestros hermanos de clase, no somos de los que balan a coro, y menos aún de los que exultan en cuanto unos obreros gritan un poco más fuerte y enarbolan algunas pancartas. No escupimos sobre las movilizaciones obreras en sí; escupimos sobre quienes las orientan hacia la aceptación más chata del orden existente, en Citroën como en Le Creusot, en Longwy como en Alemania, en los Estados Unidos como en España.

Si no hemos hablado de todas las luchas en *Alarme*, hemos mencionado las principales, contrariamente a lo que se dice en vuestro artículo mentiroso. Y si es el número de huelgas comentadas lo que determina el valor revolucionario de una organización, el P«C» y Lutte Ouvrière no tienen nada que envidiaros. Dicho esto, en este mismo número RI podrá morderse de nuevo los dedos al leer nuestra apreciación de las luchas [de España](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1985-04-espana-huelga-en-los-astilleros) y [de Dinamarca](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1985-04-huelga-de-masas-en-dinamarca).

RI no podía pisotear rabiosamente al FOR sin ampliar su crítica a la visión global que tendríamos del mundo y de las posibilidades de su transformación. El FOR tendría un planteamiento idealista y, lo que es más, anarquista. ¿Por qué? Porque niega la crisis económica y porque, además, esta no sería un factor objetivo necesario para la revolución. Idealistas lo somos en cierto sentido, pero únicamente en el de la defensa de las ideas comunistas. Anarquistas no lo somos en absoluto, pero reivindicamos el temple revolucionario y el combate incansable que muchos de ellos supieron librar en una época en que espíritu subversivo y dignidad humana tenían todavía un significado y una importancia entre los revolucionarios y en el conjunto de la clase. Pero en su acepción filosófica no somos ni anarquistas ni idealistas, ni en nuestra concepción del mundo ni en nuestro planteamiento.

Pero para poder lanzar sus dardos contra la presa que busca, RI se ve obligado a deformar en pocas líneas las posiciones esenciales de su víctima, para no considerar materialista más que su economicismo barato.

En efecto, el FOR siempre ha considerado el modo de producción capitalista como progresivo respecto a todos los sistemas que lo precedieron. Pero siempre ha subrayado que, porque ese modo de producción perpetuaba la explotación del hombre por el hombre, debía ser combatido como sistema antihumano. Pero eso muchos obreros lo hicieron desde el principio, sin encontrarse, por desgracia, en las mejores condiciones históricas para barrer el reino milenario de la explotación. Pero el combate social de un movimiento obrero cada vez más consciente y más fuerte, que se movía en el marco de un capitalismo que se extendía hasta dominar la totalidad del mundo, encontró su concreción práctica en la primera oleada revolucionaria internacional iniciada por la revolución proletaria en Rusia. Ese hecho prueba por sí mismo la caducidad del modo de producción capitalista. A partir de ahí, solo la revolución comunista está a la orden del día, pese al crecimiento de las fuerzas productivas. ¿Y quién puede negar el crecimiento de las fuerzas productivas desde el fracaso de la revolución proletaria internacional? ¿Era por ello el capitalismo todavía un sistema progresivo? Ahí es donde los razonamientos a la salsa RI se vuelven materialismo vulgar, y su dialéctica una masa inerte que necesita la crisis económica como justificación de una lucha anticapitalista cuando la hay. No vamos a extendernos ahora sobre este tema. Que RI y todos los demás relean lo que hemos escrito, mostrando de ahora en adelante un poco más de seso. Y si no, que no aparten con un revés de la mano lo que no se han tomado la molestia de comprender. Por otra parte, contrariamente a lo que afirma RI en su artículo, no solo negamos la crisis económica durante los años setenta, sino que también la negamos para hoy. A menos de considerar el paro y la miseria proletaria como factores de crisis económica por sí solos. En cuyo caso el capital estaría en crisis desde que existe. Por tanto, no habría sido ni progresivo ni decadente. RI sería, pues, idealista a su vez según su propio razonamiento.

RI, una cosa más y terminaremos esta fastidiosa pero necesaria respuesta. No comprenderíamos, según vosotros, cómo se desarrolla la consciencia en la clase y, por consiguiente, cómo puede retroceder, en particular a consecuencia de una contrarrevolución. ¡Y nos lo decís a nosotros! Ya andábamos algo perdidos con el latín, pero con esto vais a hacérnoslo perder del todo. Nosotros, que explicamos la falta de perspectiva revolucionaria en el seno de la clase esencialmente por la contrarrevolución rusa y por la transformación de Rusia en un imperialismo policial que ha sabido garantizar en todas partes el orden capitalista mundial. Lo que precisamente puede abrir ciertas perspectivas hoy no es la supuesta crisis económica o una posible crisis futura de superproducción, sino el peso cada vez menor que ejerce la mistificación de la «patria del socialismo». Aunque, a través de sus diversos tentáculos, los aparatos capitalistas en el seno de la clase obrera pesan todavía demasiado, es a partir del rechazo de lo que pasa en los países falsamente llamados socialistas como puede afirmarse una clase todavía dominada por el sindicalismo y por quienes defienden condicional o incondicionalmente la más bella estafa criminal de la historia de la humanidad. También sobre este tema deberíais leer o releer lo que siempre hemos afirmado antes de lanzar en paracaídas sobre una hoja de papel vuestras numerosas sandeces.

Pero RI, con desprecio de los hechos mismos, se aventura a decir, tras haber subrayado nuestra incomprensión de lo que es el desarrollo de la consciencia de clase: «... y así es como viene a hablarnos de revolución en España a finales de los años treinta, cuando los proletarios se hacen masacrar allí en el altar de la democracia o del fascismo».

¡Dos cosas, «bilanistas»[^3] de RI! Nunca hemos negado que el proletariado fue vencido en España, y ello gracias al esfuerzo gigantesco realizado por el poder contrarrevolucionario de Moscú. El verdadero problema es que, para RI, el proletariado mundial está definitivamente vencido a partir de 1923 y que el curso que se abre entonces es el de la guerra imperialista. Las huelgas innumerables e incesantes de 1931 a 1936 (entre ellas una insurrección en Asturias en el 34): bagatelas para RI (y no hablamos de las huelgas en otros países). Los curas y los patronos perseguidos y aniquilados por los proletarios: aventurerismo anarquizante, sin duda. Las expropiaciones, las colectivizaciones, los comités-gobiernos, las milicias obreras: un arsenal de medidas antifascistas que contribuían «a la masacre de la clase obrera en el altar de la democracia o del fascismo». Y aún habría que olvidar que el P«C» proclamaba metralleta en mano: «LOS QUE HABLAN DE REVOLUCIÓN SON AGENTES DE FRANCO».

En cambio, los años ochenta son los años decisivos. El curso va hacia la revolución. Cualquier movilización obrera es aplaudida frenéticamente por RI. Toda derrota se convierte en promesa de victoria, aun cuando los proyectos de despidos del capitalismo triunfan uno tras otro. No, RI: aunque solo movilizándose puede el proletariado llegar a ser una clase revolucionaria, no hay que sobrestimar el nivel de consciencia revolucionaria del proletariado de hoy.

Por eso decimos que sin consciencia revolucionaria no hay victoria obrera, incluyéndonos evidentemente como factor activo en el seno del proletariado, cuyo movimiento podrá hacernos modificar algunas de nuestras posiciones. No somos de los que no creen en el potencial revolucionario de la clase. No abdicamos ante el capital: reconocemos su enorme fuerza de dominación cuando comprobamos los enormes límites actuales del movimiento obrero.

Mientras el proletariado no esté en un movimiento ascendente, consciente y, por tanto, revolucionario, nos situaremos a contracorriente. Es lo que sigue pasando hoy, porque todavía no nos encontramos en una situación prerrevolucionaria. Decir esto no es como para rasgarse las vestiduras. Pero tenemos la pretensión de ser uno de los factores que contribuirán a la aparición de una situación en la que toda vuelta atrás será imposible. Por eso, entre otras cosas, y que RI se tranquilice, no podemos transformarnos en círculo de estudios ni en nada parecido. Y si alguna vez el FOR resultara ser un freno para el movimiento de subversión, o tendrá que rectificar sus posiciones, o tendrá que desaparecer so pena de ser destruido por un movimiento que lo habrá rebasado. La organización no es nuestro fin, sino un medio para alcanzarlo.

*Révolution Internationale*: RI, BP 581, 75027 París Cedex 01.

[^1]: (Nota del FOR.) Hablamos de oportunismo latente, pero en el momento de entrar en prensa ha caído en nuestras manos una octavilla de RI que llama a la manifestación organizada por la CGT en París. La palabra latente ya no tiene cabida en nuestro artículo. Esa octavilla está a disposición de quien quiera leerla.

[^2]: (Nota del FOR.) Estas octavillas están disponibles en nuestra dirección.

[^3]: (Nota del FOR.) De la tendencia de *Bilan*, grupo que mantuvo posiciones de clase en los años treinta, pero que se negó a ver un movimiento revolucionario en España.
